‘-Con Cristopher Nairobi Olivas, por favor.

–Soy yo, él habla.

Responde al otro lado del teléfono, con voz segura, el líder estudiantil que no ha parado de recibir llamadas desde que fue liberado por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la madrugada del reciente martes, tras 9 meses y 16 días en la cárcel.

Cristopher Nairobi Olivas es uno de los presos políticos más jévenes del país, con 19 años para ser exacto, y que cumplió en las celdas del Centro Penitenciario Nacional La Modelo (Tipitapa, Managua) el pasado 19 de abril. Las primeras horas de libertad, cuenta, han sido emocionantes, pero a la vez cansadas.

Desde que llegó a León no han cesado las visitas y las llamadas de amigos, periodistas y desconocidos que le contactan para entrevistarle o expresarle respaldo y solidaridad. A pesar de estar libre, este joven estudiante de Derecho, sigue preocupado por los más de 80 presos políticos que siguen encerrados en La Modelo y por la justicia que aún no encuentran las madres de los asesinados por el régimen, en el contexto de la crisis.

El líder estudiantil hace hincapié en la necesidad de que los nicaragüenses vuelvan a salir a las calles para presionar la salida del dictador Daniel Ortega y solo así garantizar la justicia y democracia que urge el país. Lo dice con firmeza y sin miedo a volver a la cárcel, y a sabiendas de las amenazas que han vertido dirigentes del régimen como Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional, quién advirtió a los opositores liberados que si vuelven a las protestas perderán el beneficio de la Ley de Amnistía.

“Los del gobierno son unos rufianes que siguen jugando con el pueblo. Nosotros hemos perdido el miedo desde hace mucho tiempo, estábamos dispuestos a sacrificar la libertad, nuestra familia, nuestros estudios, nuestras vidas… Sabemos a lo que nos enfrentamos si volvemos a salir a las calles”, señala.

La fiscalía orteguista acusó a este joven, a Byron José Estrada, y otros cinco líderes estudiantiles de León, de terrorismo y asesinato de Cristiam Emilio Cadena, encontrado calcinado el 20 de abril de 2018 en el Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN). Al grupo de estudiantes universitario lo detuvo el 25 de agosto pasado, al término de una marcha. Posteriormente, la Policía los presentó en conferencia de prensa como los responsables de esos delitos.

 

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De Nairobi, el joven moreno y delgado, hay dos vídeos que han quedado en la memoria del país. El primero, grabado en los patios de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León) y en el que invita al simpatizante del régimen Walter Malta, a debatir sobre la autonomía universitaria. Y el segundo, en los juzgados de la capital Managua, es un clic en el que manda el mensaje “fuerza, Nicaragua”. Dice que hay tres razones por las que pronunció esa frase, una de ellas es para que los nicaragüenses continuaran marchando.

Y en ese último punto han coincidido la mayoría, por no decir todos, los exreos. Incluso, Nairobi habla en plural cuando se refiere a los pasos a seguir ahora que ha recuperado la libertad. “Nosotros”, repite. Según él, antes de las liberaciones, los compañeros de galerías carcelarias acordaron recuperar la decencia de la lucha cívica. “Hay que volver a ganar el entusiasmo del pueblo”.

En esta entrevista, realizada la tarde del miércoles a 24 horas de su liberación, Nairobi habla sobre los minutos previos a dejar el penal, del asesinato de su “amigo” Eddy Montes, de la autonomía universitaria, de Ortega y cómo lograr su salida.

¿Cómo han sido estas primeras horas en libertad? 

Han sido emocionantes por estar de nuevo con la familia, pero a la vez cansado porque todo el pueblo que nos respalda o nos quiere se ha tratado de comunicar con nosotros, de darnos un abrazo, de tener una foto, de preguntarnos qué vamos a continuar haciendo, de cuándo vamos a marchar… ha sido emocionante, muy agitado, y seguimos preocupados porque en La Modelo aún hay más de 80 presos políticos. Nosotros vivimos lo que ellos están viviendo y sabemos cuánto anhelan salir y cuántas madres sufren por su libertad.

¿Hay compañeros tuyos en La Modelo aún?

Está en la celda 16-16-2, al menos hasta cuando nosotros fuimos liberados, Pedro Gutiérrez. Él compartía celda en el perímetro en que me encontraba, quedó de los compañeros que estábamos encarcelados en esos módulos. El resto de personas no las conozco.

¿Qué te dijeron  en la madrugada del martes, antes de liberarte?

Estábamos esperando con cotidianidad la madrugada porque pensamos que era imposible que a esa hora nos liberaran. Llegó uno de los alguaciles y nos dijo que nos acercáramos para escuchar la lista de los liberados. Estábamos 19 en ese momento y solo llamaron 18, el que faltó fue Pedro Gutiérrez.

 

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¿Y qué esperás de Nicaragua a partir de este martes, tras la liberación de casi todos los presos políticos?

Este tipo de análisis los hacíamos meses atrás de que fuéramos liberados una gran cantidad de presos políticos, entre ellos grandes personalidades que surgieron a partir de la crisis. Nosotros hablábamos de que las calles estaban vacías, que el pueblo se estaba volviendo apático, que el miedo había regresado, que la euforia se estaba debilitando, por eso la expectativa que tenemos con nuestras libertades es que podemos recuperar la decencia de esta lucha, el enfoque y volver a ganar el entusiasmo del pueblo para recuperar las calles y realizar presión a lo interno.

Hay que apoyar a las madres que aún siguen exigiendo justicia para sus hijos, ellas continúan con el dolor de que los crímenes siguen impunes. Queremos recuperar la fuerza en las calles que necesita Nicaragua para luchar en contra del dictador Daniel Ortega.

Eso implica que vos te involucrés en manifestaciones cívicas, ¿no temés por tu libertad, lo pregunto porque está comprometida si tomamos en cuenta Ley de Amnistía del dictador?

Nosotros hemos analizado la Ley, textualmente no aparece ahí que uno no pueda manifestarse, pero comprendemos la ambigüedad del tercer artículo que dice que cualquier persona que repita los actos de terroristas, asesinatos, etcétera, iba  a perder su beneficio a la amnistía, entonces, sabemos que cualquier persona que levante una bandera azul y blanco posiblemente sea arrestado.

Los del gobierno son unos rufianes que siguen jugando con el pueblo. Nosotros hemos perdido el miedo desde hace mucho tiempo, estábamos dispuestos a sacrificar la libertad, nuestra familia, nuestros estudios, nuestras vidas… Sabemos a lo que nos enfrentamos si volvemos a salir a las calles.

Uno de los mensajes que mandaste desde los juzgados de la capital fue “fuerza Nicaragua”, ¿de dónde sacaste fuerzas vos para soportar el encarcelamiento cruel e injusto al que te sometió el régimen?

Cuando se dijo fuerza Nicaragua fue por tres razones: Uno, no podía demostrarle a mi mamá que me sentía mal; dos, jamás podría demostrarle al enemigo que podrían vencernos de alguna forma; y tres, necesitábamos que el pueblo siguiera encendido, siguiera marchando. Si los muchachos que estaban encarcelados, sufriendo  torturas, por qué no lo iba a hacer el pueblo que estaba libre físicamente. Las fuerzas las sacábamos cuando recordábamos el llanto de las madres, cuando recordábamos mensajes de acompañamiento de distintas personas, cuando nos regalaban un bolsa de arroz los compañeros de la cárcel, cuando nos mandaban saludos con nuestras madres, y cuando recordábamos que Nicaragua aún  necesita ser liberada para que las futuras generaciones gocen de una verdadera democracia, de ahí sacábamos fuerzas.

¿Qué fue lo peor que viviste en La Modelo?

Además de las torturas sicológicas y físicas, que muchos vivimos, como lo fue el 16 de mayo cuando resultamos lesionados con golpes en las espaldas, rodillas; rociados con gas pimienta, y golpeados con batazos, bombas lacrimógenas, a pesar de que todo eso fue muy difícil y ansiábamos la libertad, y nos moríamos de ganar de salir, lo más difícil nos tocó, y hablo por muchos, fue la muerte de mi amigo, hermano y guía Eddy Montes.

¿Lo viste morir?

Estábamos todos dentro del perímetro, cuando todas las personas observamos que don Eddy caía, y uno de nuestros hermanos escuchó que le decía: “Hijo, me pegaron”. Fue así que nos dimos cuenta que le habían impactado una bala de Ak porque eran las armas que tenían los custodios. Cuando trataron de llevarlo a un lugar seguro para darle atención médica, siguieron disparando, y hasta los 10 minutos llegó un médico, pero ya don Eddy había muerto.

¿Y cómo era tu relación con Eddy Montes?

Desde que llegó, conversábamos con las personas de varios aspectos, y yo particularmente hablaba sobre Derecho porque él estudió eso y yo igual, cuando no comprendía algo, él me explicaba, compartíamos el amor por Nicaragua. Era una persona bastante sabia. Don Eddy Montes fue mi amigo y yo su amigo. Fue muy doloroso su partida, pero estoy seguro que está orgulloso de ser el héroe en el que se ha convertido para nosotros.

Vos eras un defensor de la autonomía universitaria, ¿por qué esto debe ser fundamental en la nueva Nicaragua?

La educación es lo que le permite a las personas ver el mundo de una forma más amplia y cuando una universidad pierde su autonomía es porque perdió su primera característica que es la cero partidización,  por ende la universidades van a responder a acciones de un partido político y su estrategia educativa será una especie de adoctrinamiento donde las personas no pueden ser autocríticas. Cuando se pierde la autonomía universitaria se pierde la verdadera educación y el verdadero criterio de las personas para saber si las cosas son o no correctas.

Y ese anhelo lo ves lejano o cerca…

Para conseguir la autonomía y la justicia, incluso, tenemos que conseguir eliminar el obstáculo que tenemos para lograr estas metas, y ese obstáculo se llama Daniel Ortega. Solo consiguiendo una transición, expulsando a Ortega de Nicaragua, podremos conseguir que se respeten todos los derechos de los nicaragüenses.

Posterior a Ortega vamos a conseguir  autonomía universitaria. La liberación de los presos políticos es el cierre de la primera etapa, y tendremos que tomar decisiones más contundentes, ese es el pensar de los presos políticos que estábamos en la cárcel.

 

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¿Cómo creés que se va a lograr una salida de Ortega?

Se va a lograr cuando exista una visión general, una verdadera oposición que escuche las necesidades de su pueblo, una empresa privada que sea firme, que llame a paro indefinido, acompañado de desobediencia civil, fiscal, estudiantil, que se paralice al país, es decir una oposición que no flaquee ante Ortega. Cuando se estructure esta fuerza, cuando todos los sectores busquen la unidad, y tengan la visión de Nicaragua y no beneficios individuales, vamos a conseguir el final de Ortega, mientras no lograremos nada y por eso invito a todos los nicaragüenses a que recuperen el entusiasmo por liberar a Nicaragua y que procuremos una verdadera unidad.

La Ley de Amnistía para Ortega es perdonar y olvidar los crímenes que él cometió, no es para perdonar  a los presos políticos.

Los crímenes de lesa humanidad no prescriben, y hablando de eso no pueden ser perdonados jamás. Ahora, si hablamos con las madres y les preguntamos, nunca van a olvidar que fueron asesinados sus hijos, entonces los crímenes de lesa humanidad de Ortega no pueden ser perdonados y no merecen ser olvidados. Tenemos que seguir exigiendo justicia.

De estos nueve meses y 16 días de cárcel, cuál ha sido la lección de vida.

Que los principios, la convicción y la lucha que es justa jamás se deben vender. Que el pueblo debe ser escuchado y que solo unidos, con amor a la patria y compromiso, vamos a conseguir la democracia.

¿Has recibido asedio de parte de simpatizantes del régimen en estas horas de libertad?

No he sido asediado, pero sí mi hermano Byron José Correa lo está, hay un contingente policial rodeando la manzana de su casa.

¿Por qué creés que ocurre?

Porque es visto como un líder para la población leonesa con la capacidad de llamar a marchar y exigir justicia, por eso lo asedian, para infringir miedo y que se rinda, pero yo sé que no dará un paso atrás.

¿No hay miedo?

No, no hay miedo, estamos dispuestos a lo que sea.