Trump confirma contactos con Cuba: ¿un giro estratégico que también podría alcanzar a Nicaragua?

. El movimiento en La Habana reconfigura el enfoque de Washington en América Latina y abre interrogantes sobre si Nicaragua será parte del mismo enfoque estratégico estadounidense.

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DaríoMedios Internacional

2/2/20263 min read

Diálogo en tiempos de presión

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que su gobierno ha comenzado a mantener contactos con altos representantes del gobierno de Cuba, en un momento de creciente tensión entre ambos países tras semanas de sanciones económicas y medidas de presión de Washington hacia La Habana.

“Estamos hablando con personas de más alto nivel en Cuba… ya veremos qué pasa… creo que vamos a llegar a un acuerdo”, afirmó Trump desde su residencia en Florida, expresando optimismo pese a la falta de detalles sobre el alcance o los términos de estas conversaciones.

Este anuncio coincide con una política de máxima presión que Washington ha aplicado en la región, particularmente contra gobiernos considerados adversarios o aliados de estructuras que Estados Unidos percibe como peligrosas para su seguridad y sus intereses geopolíticos.

Presión económica y diplomática: una estrategia combinada

El acercamiento estadounidense se da en paralelo a una serie de acciones económicas diseñadas para forzar a La Habana a negociar desde una posición debilitada. Entre ellas, la administración Trump ha impuesto aranceles a bienes de países que suministren petróleo a Cuba, una medida que busca cortar la energía que la isla necesita, especialmente tras la interrupción de suministros clave desde Venezuela.

Trump ha calificado a Cuba como una nación en dificultad y ha sugerido que la crisis energética y económica de la isla podría obligarla a reconsiderar su postura, con la perspectiva de un acuerdo que altere la dinámica bilateral.

La reacción cubana ha sido variada: el gobierno de La Habana ha rechazado las sanciones y acusado a Washington de intentar asfixiar al país, mientras que diplomáticos cubanos han señalado que no existen negociaciones formales, aunque están abiertos a diálogos respetuosos bajo condiciones propias.

Una ruta hemisférica: ¿y Nicaragua?

Este movimiento no ocurre en el vacío. La administración Trump ha venido moldeando una política regional donde la presión se combina con la oferta de diálogo como herramienta de influencia estratégica. Venezuela fue el primer foco de esta dinámica, con sanciones, aislamiento internacional y acciones diplomáticas dirigidas a debilitar al régimen de Nicolás Maduro.

Ahora, Cuba aparece en el centro de esta táctica: se combina asfixia económica con contactos diplomáticos abiertos, a la espera de un posible acuerdo que pueda redefinir la relación bilateral.

En ese contexto, analistas señalan que otras naciones con gobiernos considerados autoritarios como Nicaragua, bajo el liderazgo de Daniel Ortega y Rosario Murillo observan con atención el giro estadounidense, preguntándose si Washington podría aplicar una estrategia similar o incluso extender el diálogo condicionado por presión hacia Managua. Aunque no hay señales públicas de conversaciones dirigidas a Nicaragua, el patrón de acción sugiere que la Casa Blanca podría articular instrumentos de presión y negociación más amplios en el futuro.

Tensión y reconfiguración estratégica

El anuncio de Trump se produce en un momento en que Estados Unidos también ha intensificado otras formas de presión en la región, incluyendo sanciones, restricciones financieras y declaraciones públicas contra gobiernos señalados como contrarios a los intereses democráticos y de seguridad regional.

Que Trump confirmara contactos con La Habana no solo refleja un intento por cambiar dinámicas bilaterales históricas, sino también una reconfiguración estratégica en la percepción estadounidense de temas geopolíticos en América Latina. El diálogo con Cuba, aunque todavía en fase preliminar, es interpretado por algunos expertos como un movimiento táctico que combina presión con apertura diplomática.

Si bien todavía no hay certeza sobre el alcance o los resultados de este diálogo entre Estados Unidos y Cuba, la confirmación pública de Trump marca un importante giro en la política exterior estadounidense en el Caribe. La posibilidad de negociación, aunque acompañada de medidas coercitivas como aranceles podría ser un modelo que Washington estudie aplicar también en otros escenarios complejos de la región.

La atención ahora gira hacia La Habana, pero muchos observadores políticos siguen de cerca si este enfoque estratégico será también extendido a otros gobiernos con tensiones profundas con Estados Unidos, como el caso de Nicaragua.