Traición en el núcleo del poder: Ortega y el Ejército convierten a Rosario Murillo en moneda de cambio ante EE. UU.
Rosario Murillo emerge como el principal obstáculo político y el chivo expiatorio que el régimen estaría dispuesto a sacrificar para intentar salvarse.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
1/31/20263 min read


La negociación que fracturó al régimen
Una negociación secreta entre el dictador Daniel Ortega, la cúpula del Ejército y el Departamento de Estado de Estados Unidos habría abierto una grieta de alto voltaje en el corazón del poder sandinista. En el centro de ese quiebre se encuentra Rosario Murillo, señalada internamente como el principal impedimento para cualquier intento de acercamiento con Washington.
Información exclusiva obtenida por DaríoMedios de una fuente vinculada al Departamento de Estado de Estados Unidos revela que, lejos de actuar como un simple emisario diplomático, el excanciller Denis Moncada habría sido utilizado como pieza clave de una operación política ejecutada a espaldas de Murillo.
Murillo, el obstáculo a remover
Durante su reciente viaje a Washington, Moncada no se limitó a abordar el tema comercial ni a intentar frenar eventuales sanciones o presiones económicas. Según la fuente, abrió un canal político directo en el que Rosario Murillo fue presentada como el principal bloqueo para cualquier salida negociada del sandinismo del poder.
El mensaje transmitido a Washington fue crudo y pragmático: el control real del régimen ha sido absorbido por Murillo y su permanencia imposibilita cualquier proceso de transición, incluso uno controlado. Para Ortega y su entorno más cercano, Murillo habría dejado de ser un activo político y pasado a convertirse en un lastre que amenaza la supervivencia del clan, la protección de sus hijos y la preservación de su fortuna ante un escenario inevitable: el deterioro físico y eventual desaparición de Ortega.
El Ejército entra en la ecuación
La maniobra no habría sido solo política, sino también militar. De acuerdo con la fuente, el jefe del Ejército, el general Julio César Avilés, habría avalado el movimiento y enviado señales de disposición a Estados Unidos para respaldar una salida presentada como “democrática y pacífica”.
En esa lógica, Moncada habría transmitido la voluntad conjunta del dictador y de las Fuerzas Armadas de entregar a Rosario Murillo, junto con sectores de la Policía y operadores del anillo político que la sostiene. El precio exigido fue explícito: garantías de seguridad para la familia Ortega, protección patrimonial y una transición controlada que permitiera a la cúpula abandonar el poder sin rendir cuentas.
Washington mueve el foco hacia Murillo
Según la fuente, Washington recibió la propuesta con interés, aunque con condiciones claras. La prueba de ese giro sería el cambio reciente en los mensajes públicos de Estados Unidos, que ahora colocan a Murillo como la pieza central del sostén represivo del régimen y la responsabilizan directamente del endurecimiento autoritario.
En particular, el secretario de Estado Marco Rubio sería quien muestra el mayor interés en una caída del régimen sandinista, al considerar que Nicaragua se ha convertido en una amenaza directa para los intereses estadounidenses en Centroamérica, tanto por razones de seguridad regional como por su alineamiento con Rusia y China.
La respuesta fue tajante
Tras cumplir su misión, Denis Moncada regresó a Managua con un mensaje inequívoco: no habrá negociación, alivio ni salida pactada mientras Rosario Murillo continúe en el poder. Para el Departamento de Estado, su permanencia es incompatible con cualquier transición y constituye el principal obstáculo político.
La advertencia habría sido directa y sin ambigüedades. Murillo no es vista como una figura negociable, sino como el símbolo del cierre total del sistema, la represión sin filtros y la imposibilidad de reformas mínimas.
Una lealtad que nunca fue de Murillo
Moncada ha sido históricamente una ficha leal a Daniel Ortega, pero nunca a Rosario Murillo. Su trayectoria y su margen de maniobra han estado alineados con los intereses directos del dictador, no con el proyecto personalista de la vicepresidenta. Esa distancia explica por qué fue utilizado como emisario de una operación política de alto riesgo, ejecutada deliberadamente fuera del control de Murillo.
Vendida por los suyos
La conclusión que emerge de esta purga silenciosa es inequívoca: Rosario Murillo fue vendida por los suyos. Para Daniel Ortega y el Ejército sandinista, dejó de ser aliada y pasó a ser un estorbo.
La negociación con Estados Unidos se estaría construyendo sobre una traición interna que la reduce a moneda de cambio: señalada, aislada, expuesta y colocada en la antesala de una purga política, mientras el régimen intenta salvarse sacrificando a quien hoy consideran el principal impedimento para pactar una salida con Washington.



