Sin Ortega, Murillo no toma las riendas: cancelan acto de Sandino y aflora la fragilidad del régimen
La suspensión del evento central en homenaje a Sandino, sin presencia de Ortega ni comparecencia pública de Murillo, expone fisuras en la narrativa de poder absoluto del oficialismo.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
2/23/20262 min read


La cancelación del acto central en homenaje a Augusto C. Sandino, una de las fechas más simbólicas del calendario político del sandinismo, dejó más preguntas que respuestas. Lo que históricamente ha sido una demostración de fuerza y cohesión partidaria terminó reducido a actividades territoriales dispersas, sin tarima principal, sin discurso multitudinario y sin la presencia visible de Daniel Ortega.
Pero la ausencia no fue solo la del mandatario. Tampoco Rosario Murillo asumió el escenario en solitario.
El evento, que según reportes convocaba a miles de asistentes, incluidos atletas movilizados para respaldar la actividad, fue suspendido sin mayores explicaciones públicas. No hubo concentración masiva ni despliegue escenográfico. La maquinaria simbólica del régimen optó por el bajo perfil.
Una copresidencia que no logra proyectarse sola
En los últimos años, Murillo promovió reformas constitucionales que formalizaron el modelo de copresidencia junto a Ortega, concentrando amplias atribuciones en el Ejecutivo. Bajo ese esquema, ambos quedaron investidos como jefes supremos de las fuerzas armadas, la Policía y el Ministerio del Interior, reforzando un control institucional sin contrapesos reales.
Sobre el papel, la estructura estaba diseñada para garantizar continuidad: si uno falta, el otro asume sin sobresaltos. Sin embargo, la política no se sostiene únicamente en reformas legales.
La cancelación del acto en una fecha emblemática sugiere que la legitimidad no puede decretarse por norma. La capacidad de movilización y de presencia ante la militancia sigue siendo un termómetro clave del poder real.
El silencio también comunica
Murillo mantiene presencia constante a través de discursos leídos en medios oficialistas y transmisiones radiales. Sin embargo, no es lo mismo hablar desde un estudio que enfrentar una plaza.
La ausencia de una comparecencia multitudinaria en solitario alimenta la percepción de que su liderazgo aún depende de la figura de Ortega. La narrativa de copresidencia enfrenta así su primera gran prueba simbólica: la validación pública sin el acompañamiento del mandatario.
En un contexto regional cambiante, donde regímenes aliados enfrentan presiones internas y externas, la imagen cobra un peso determinante. La fortaleza no solo se proclama, se escenifica.
Un símbolo que pierde fuerza
El homenaje a Sandino ha sido durante años un ritual político utilizado para reafirmar identidad ideológica y cohesión partidaria. La decisión de suspender su formato tradicional rompe esa coreografía de poder.
En política, las ausencias pesan tanto como las presencias. Y cuando una plaza no se llena o no se convoca, el vacío se interpreta.
La cancelación del acto no es un hecho menor dentro del calendario oficialista. En una estructura que ha basado buena parte de su narrativa en demostraciones públicas de respaldo, el repliegue comunica fragilidad.



