Silvio Báez: “Quien oprime desde el poder sirve al mal”

En el I Domingo de Cuaresma, el obispo auxiliar de Managua advirtió sobre la idolatría del poder, la ambición y la tentación de dominar a los pueblos.

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DaríoMedios Internacional

2/22/20263 min read

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, pronunció este domingo 22 de febrero de 2026 una homilía contundente con motivo del I Domingo de Cuaresma, en la que reflexionó sobre las tentaciones de Jesús en el desierto y lanzó una fuerte advertencia sobre el uso del poder para oprimir.

Durante la celebración realizada en Miami, Báez meditó sobre el pasaje del Evangelio según san Mateo (4,1-11), donde Jesús es tentado por el diablo al inicio de su ministerio. El prelado explicó que esas tentaciones no fueron un episodio aislado, sino una experiencia que acompañó a Cristo hasta la cruz, y que representan luchas constantes en la vida humana y en la historia de los pueblos.

“El mal se disfraza y se presenta atractivo, con apariencia de bien”, afirmó el obispo, al señalar que la tentación consiste en apartarse de la voluntad de Dios para seguir caminos que parecen más eficaces o ventajosos.

Más que pan: la tentación de reducir la vida a lo material

Al referirse a la primera tentación cuando el diablo invita a Jesús, hambriento tras cuarenta días de ayuno, a convertir las piedras en pan Báez destacó que la vida humana no puede reducirse a la satisfacción de necesidades materiales.

Recordó la respuesta de Jesús: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Según el obispo, este pasaje enseña que el verdadero alimento del ser humano es cumplir la voluntad del Padre y vivir en fraternidad.

“La verdadera felicidad no está en poseer cosas ni en usar a las personas para nuestro provecho, sino en compartir lo que tenemos y servir con amor”, subrayó, advirtiendo contra una cultura que coloca el consumo y la acumulación como fines supremos.

No manipular a Dios para evitar responsabilidades

En la segunda tentación, cuando el diablo invita a Jesús a lanzarse desde el templo apelando a la protección divina, Báez explicó que se trata de la tentación de usar interesadamente a Dios para evadir el esfuerzo humano.

“No podemos esperar soluciones milagrosas sin luchar y organizarnos”, afirmó. El obispo recordó que la vida es exigente y que la fe no elimina las dificultades, pero sí asegura la presencia cercana y amorosa de Dios en medio de ellas.

También señaló que frente a los problemas sociales no se puede adoptar una actitud pasiva. “Debemos tomar decisiones valientes y asumir compromisos arriesgados”, expresó, insistiendo en que la confianza en Dios no sustituye la responsabilidad.

El poder como idolatría

La tercera tentación fue el punto más fuerte de la homilía. En ella, el diablo ofrece a Jesús todos los reinos del mundo si se postra y lo adora. Báez interpretó esta escena como la tentación permanente del poder absoluto, la gloria y el dominio.

“El poder es un ídolo al que los tiranos sacrifican la libertad y la esperanza de los pueblos”, afirmó con claridad. Y añadió: “Quien oprime desde el poder sirve al mal”.

El obispo explicó que el deseo de imponerse y dominar está presente en todos los seres humanos, pero cuando ese deseo se convierte en ambición desmedida termina destruyendo la convivencia y pervirtiendo los ideales más nobles.

En contraste, recordó que Jesús rechazó ese camino y eligió el servicio humilde. “No vino para dominar, sino para servir y dar la vida por todos”, señaló, citando el Evangelio.

Cuaresma: tiempo de orden y conversión

En la parte final de su homilía, monseñor Báez invitó a vivir la Cuaresma como un tiempo para ordenar el corazón, sanar heridas y revisar prioridades.

Animó a los fieles a buscar espacios de silencio y oración, a leer la Biblia, a limitar el tiempo en redes sociales y a renunciar al egoísmo y la murmuración. Subrayó que el ayuno y la penitencia no son castigos, sino instrumentos para crecer en el amor y en la libertad interior.

“Volvamos al Señor”, exhortó, invitando a preguntarse si se está viviendo conforme a la voluntad de Dios y a pedir la fuerza del Espíritu para rectificar los caminos equivocados.

La homilía del obispo auxiliar de Managua, aunque centrada en el Evangelio, resonó con una dimensión social evidente. Su advertencia sobre la idolatría del poder y la opresión coloca la reflexión cuaresmal más allá del ámbito individual y la proyecta hacia la responsabilidad colectiva.