Silvio Báez: «Lo más contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia»

El obispo auxiliar de Managua reflexionó sobre el mandamiento de amar a Dios y al prójimo, y advirtió que ignorar el sufrimiento de los demás contradice la esencia de la fe cristiana.

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DaríoMedios Internacional

10/25/20263 min read

El obispo auxiliar de Managua, Silvio José Báez, llamó a los cristianos a vivir una fe comprometida con el amor, la misericordia y la solidaridad con los más vulnerables. En su homilía del XXX Domingo del Tiempo Ordinario, advirtió que la indiferencia ante el sufrimiento ajeno contradice el mandamiento central del Evangelio: amar a Dios y al prójimo.

«Lo más contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia», expresó Báez, al señalar que pasar de largo ante quien sufre también constituye una forma de negar el amor. Según el obispo, la indiferencia enfría el corazón, deteriora la convivencia y vacía de autenticidad cualquier experiencia religiosa que ignore, maltrate o excluya a los demás.

El amor, centro del mensaje de Jesús

En su reflexión sobre el Evangelio de Mateo (22, 34-40), Báez recordó la pregunta que un experto en la Ley de Moisés planteó a Jesús sobre el mandamiento más importante. La respuesta fue clara: amar a Dios con todo el corazón, el alma y la mente, y amar al prójimo como a uno mismo.

Para el obispo, ambos mandamientos son inseparables y resumen la voluntad de Dios. No se puede afirmar que se ama al Señor mientras se desprecia, abandona o maltrata a otra persona.

«Para Jesús hay un único amor con dos rostros: el de Dios y el del prójimo», explicó Báez, quien destacó que el amor no debe reducirse a una emoción o a una expresión religiosa, sino traducirse en decisiones concretas a favor del bien, la verdad y la fraternidad.

El obispo también sostuvo que amar a Dios significa buscar su voluntad libremente, confiar en sus caminos y evitar que los ídolos que esclavizan a las personas ocupen su lugar. Añadió que la relación con Dios no disminuye la capacidad de amar a los demás, sino que ensancha el corazón para acogerlos sin cálculos ni engaños.

Una fe que no puede ignorar a los vulnerables

Báez recordó que el amor al prójimo ocupa un lugar central desde los primeros textos bíblicos. Citó el libro del Éxodo para destacar el deber de proteger a los extranjeros, las viudas y los huérfanos, y advirtió que la fe pierde autenticidad cuando se mantiene indiferente ante quienes sufren.

«Nos engañamos si creemos amar a Dios mientras maltratamos a los más vulnerables o vivimos indiferentes ante ellos», afirmó.

En ese sentido, señaló que el amor cristiano exige servir, perdonar, ayudar y compartir el sufrimiento de quienes necesitan apoyo. La fe, según su reflexión, no puede separarse de la responsabilidad hacia los demás ni limitarse a palabras o prácticas religiosas.

El obispo también relacionó la falta de amor con las divisiones personales y familiares, el resentimiento y las insatisfacciones que marcan la vida de muchas personas. A su juicio, el desamor puede convertir la existencia en un lugar desolado y cerrar las puertas a la esperanza.

«Amar no es una obligación, sino una necesidad para vivir»

En la parte final de su homilía, Báez insistió en que el amor es una decisión libre que debe orientar la vida cotidiana. No se trata de actuar por miedo o imposición, sino de elegir aquello que permite construir relaciones más humanas y fraternas.

«Amar no es un sentimiento, sino un acto de libertad. Amar no es una obligación, sino una necesidad para vivir», expresó.

El obispo concluyó su reflexión con una referencia a san Juan de la Cruz, al recordar que el ser humano ha sido creado para amar. Su mensaje situó la misericordia, la atención a los más débiles y el rechazo a la indiferencia como expresiones esenciales de una fe coherente con las enseñanzas de Jesús.

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