Silvio Báez llama a no rendirse ante el miedo: “La semilla de la libertad sigue viva”
En su homilía del XV Domingo del Tiempo Ordinario, el obispo auxiliar de Managua aseguró que, incluso en los momentos más oscuros, la esperanza, la justicia y la libertad continúan germinando en el corazón de los pueblos.
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DaríoMedios Internacional
7/12/20263 min read


En medio de un contexto marcado por la represión, el exilio y la falta de libertades en Nicaragua, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, envió este domingo un mensaje de esperanza al afirmar que ningún sistema basado en el miedo puede impedir que florezcan la verdad y la libertad.
Durante su homilía del XV Domingo del Tiempo Ordinario, pronunciada desde Miami, el prelado reflexionó sobre la parábola del sembrador narrada en el Evangelio de Mateo, presentando a Dios como un sembrador incansable que nunca deja de confiar en las personas, aun cuando el terreno parezca estéril.
La esperanza no ha sido derrotada
Monseñor Báez explicó que el sembrador representa a Dios, quien continúa sembrando vida, verdad y esperanza incluso en medio de las dificultades humanas.
"Jesús sigue sembrando la semilla de la vida, de la verdad y de la libertad en nuestra historia. Esta es la semilla del futuro", expresó.
El obispo afirmó que, aunque existan obstáculos, egoísmo o violencia, Dios no abandona a la humanidad ni deja de sembrar su palabra en cada corazón.
"La semilla de Dios siempre encuentra un espacio donde germinar", sostuvo al recordar que todos pueden convertirse en tierra fértil cuando abren su vida al Evangelio.
Un mensaje dirigido a los pueblos que sufren
En uno de los momentos más significativos de su reflexión, Báez trasladó la parábola del sembrador a la realidad social y política que viven muchos pueblos.
Reconoció que existen momentos en los que parece imposible recoger frutos y que la represión puede hacer creer que la lucha por la justicia ha sido derrotada.
"Podemos sentirnos impotentes ante la crueldad prepotente de los poderosos que someten al pueblo o, peor aún, llegar a aceptar como normal la represión y el miedo", advirtió.
Sin embargo, insistió en que la esperanza permanece viva.
"No perdamos la esperanza: no todo es piedras y espinas. Si entramos en nuestro interior, descubriremos que la sed de justicia no se ha apagado y que la llama de la libertad sigue ardiendo", afirmó.
Aunque el obispo no mencionó directamente a Nicaragua, sus palabras fueron interpretadas como una reflexión sobre la realidad que enfrenta el país desde hace varios años, marcada por la persecución política, el encarcelamiento de opositores y el exilio de miles de ciudadanos.
"Siempre es tiempo para sembrar"
Báez también llamó a no dejarse vencer por la desesperanza ni por la obsesión de obtener resultados inmediatos.
"Hay momentos en los que parece imposible cosechar, recoger frutos y ver resultados. Pero siempre es tiempo para sembrar", expresó.
Añadió que hoy el mundo necesita personas capaces de sembrar esperanza, misericordia, justicia y solidaridad, incluso cuando no puedan ver de inmediato los frutos de su esfuerzo.
"Lo que necesitamos hoy son sembradores. Necesitamos gente que siembre palabras de esperanza y gestos de compasión por todas partes", señaló.
Un Dios que no abandona a su pueblo
Durante toda su reflexión, el obispo insistió en que Dios no busca personas perfectas, sino corazones dispuestos a dejarse transformar.
Recordó que Jesús nunca dejó de anunciar el Evangelio, aun sabiendo que muchas personas rechazarían su mensaje.
Para Báez, esa actitud debe convertirse también en una inspiración para quienes continúan trabajando por una sociedad más justa.
Al concluir su homilía, invitó a mantener la confianza en Dios, a no resignarse frente a la oscuridad y a seguir sembrando amor, verdad y libertad, convencido de que ninguna aridez es definitiva cuando el sembrador es Dios.
"No perdamos la confianza en el Dios sembrador, que nunca se cansa de nuestra aridez y no deja de esperar que de entre nuestras piedras y espinas surjan siempre brotes de amor y de vida", concluyó.


