Semana Santa de reos libres y disidentes presos
La dictadura Ortega-Murillo anunció una nueva ronda de excarcelaciones de reos comunes bajo el régimen de convivencia familiar en el marco de la Semana Santa.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
3/3/20262 min read


Excarcelaciones selectivas en tiempo litúrgico
En vísperas de Semana Santa, el régimen Ortega-Murillo confirmó la liberación de un grupo de reos comunes bajo la figura de convivencia familiar. Como en años anteriores, el anuncio fue presentado como un acto de reunificación y sensibilidad social, aprovechando el simbolismo religioso de la temporada.
No se ofrecieron cifras detalladas ni criterios públicos de selección. Tampoco se explicó cuántos de los liberados cumplen ya la mayor parte de sus condenas o cuáles serán los mecanismos de seguimiento.
El patrón, sin embargo, no es nuevo. El régimen ha convertido las excarcelaciones masivas en una práctica recurrente en fechas simbólicas: celebraciones religiosas, actos oficiales y conmemoraciones políticas.
Presos comunes libres, opositores aún encarcelados
Mientras se anuncian beneficios penitenciarios para reos comunes, continúan en prisión personas consideradas presos políticos por amplios sectores de la sociedad civil y organismos internacionales.
La contradicción es evidente: se habla de reconciliación y perdón en el discurso oficial, pero no se revisan los casos de quienes fueron encarcelados por razones vinculadas a oposición política, crítica pública o activismo cívico.
Las liberaciones de Semana Santa no incluyen a quienes enfrentan procesos judiciales bajo figuras legales cuestionadas, ni a quienes fueron detenidos en contextos de represión política.
El mensaje es claro: la flexibilidad aplica a delitos comunes; la rigidez permanece para la disidencia.
Guerra abierta contra la Iglesia
La paradoja se profundiza al observar el trato hacia la Iglesia católica en estas mismas fechas.
Desde 2019, la dictadura ha restringido o prohibido procesiones públicas de Semana Santa, limitando las actividades religiosas a los templos y manteniendo vigilancia policial en celebraciones litúrgicas. En múltiples ciudades del país, los viacrucis y manifestaciones tradicionales han sido impedidos de realizarse en las calles.
Sacerdotes han denunciado hostigamiento, citatorias, advertencias y presiones directas. En algunos casos, líderes religiosos han sido forzados al exilio o enfrentaron restricciones para ejercer su ministerio fuera de los templos.
La Semana Santa, que históricamente llenaba calles y plazas, hoy transcurre bajo supervisión y control.
Perdón selectivo, control permanente
El contraste no pasa desapercibido: el régimen invoca valores cristianos para justificar excarcelaciones de reos comunes mientras mantiene una política de confrontación abierta con la Iglesia y sostiene encarcelamientos políticos.
La medida puede presentarse como gesto humanitario, pero no altera la estructura de represión política ni modifica la política de control sobre la libertad religiosa.
El discurso habla de reconciliación; la práctica demuestra selectividad.
Una política que genera más preguntas que respuestas
Las excarcelaciones masivas continúan realizándose sin transparencia suficiente sobre criterios técnicos, evaluación de riesgo o seguimiento posterior. Al mismo tiempo, la negativa a revisar casos de presos políticos mantiene viva la crítica nacional e internacional.
En Semana Santa, el régimen libera a algunos mientras encierra a otros. Permite regresar a casa a quienes cumplen condenas comunes, pero mantiene bajo presión a quienes han cuestionado su poder.


