Ruptura diplomática: Régimen Ortega-Murillo expulsa al embajador de España a semanas de su llegada
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó la expulsión del embajador español en Managua apenas semanas después de asumir funciones.
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DaríoMedios Internacional
1/26/20263 min read


Una expulsión en tiempo récord
El régimen de Nicaragua ordenó la expulsión del embajador de España en Managua, Sergio Farré Salvá, apenas 23 días después del inicio oficial de su misión diplomática, en una decisión que tomó por sorpresa a la comunidad internacional y a la propia Cancillería española.
La orden fue comunicada sin una explicación pública detallada, reforzando la percepción de que se trató de una decisión política y no diplomática, enmarcada en la estrategia de confrontación del régimen frente a gobiernos que han cuestionado su deriva autoritaria.
Madrid responde: reciprocidad inmediata
Ante la medida adoptada por Managua, el Gobierno de España actuó con rapidez y anunció la expulsión del embajador de Nicaragua en Madrid, Maurizio Carlo Gelli, junto a otro funcionario diplomático de esa legación.
El Ministerio de Asuntos Exteriores español dejó claro que la decisión se tomó bajo el principio de estricta reciprocidad, un mecanismo habitual en diplomacia cuando un Estado considera que su representante ha sido expulsado de forma injustificada.
Un mensaje político más que diplomático
La expulsión del embajador español, a tan corto tiempo de haber asumido funciones, envía un mensaje claro: el régimen Ortega-Murillo no está interesado en normalizar relaciones con gobiernos que mantienen una postura crítica sobre la situación política, institucional y de derechos humanos en Nicaragua.
Sergio Farré Salvá es un diplomático de carrera, con trayectoria en misiones europeas y multilaterales, cuyo perfil técnico refuerza la lectura de que su salida no obedeció a conflictos personales ni protocolarios, sino a una decisión política deliberada.
Relaciones tensas desde hace años
Las relaciones entre España y Nicaragua atraviesan un proceso de deterioro sostenido desde hace varios años. Madrid ha sido uno de los gobiernos europeos que con mayor claridad ha expresado preocupación por:
La represión política interna
El encarcelamiento de opositores
El cierre de espacios democráticos
La persecución contra la Iglesia y la sociedad civil
Estas posturas han sido respondidas por Managua con acusaciones de injerencia, llamados a consultas y, ahora, expulsiones directas de representantes diplomáticos.
El embajador expulsado en Madrid
Maurizio Carlo Gelli, ahora expulsado de territorio español, formaba parte del reducido cuerpo diplomático con el que el régimen intenta mantener presencia en Europa pese a su creciente aislamiento.
Su salida representa no solo un golpe simbólico, sino también una reducción real de los canales de interlocución de Nicaragua con uno de los países europeos con mayores vínculos históricos, culturales y migratorios con Centroamérica.
La crisis con España se suma a una larga lista de fricciones diplomáticas protagonizadas por el régimen Ortega-Murillo, que ha optado por la confrontación como herramienta de política exterior, en lugar del diálogo.
En los últimos años, Nicaragua ha:
Expulsado misiones diplomáticas
Restringido el trabajo de organismos internacionales
Cerrado oficinas de cooperación
Aislado a agencias multilaterales
Todo ello como respuesta a señalamientos sobre su situación interna.
Impacto más allá del protocolo
La expulsión recíproca de embajadores tiene consecuencias que van más allá del plano simbólico. Afecta la cooperación bilateral, limita la atención consular y deteriora relaciones históricas que impactan directamente en ciudadanos nicaragüenses residentes en España.
El Gobierno español ha reiterado que su postura distingue claramente entre el pueblo nicaragüense y el régimen que gobierna el país, subrayando que las tensiones diplomáticas no están dirigidas contra la ciudadanía.
Aislamiento como costo creciente
Analistas coinciden en que este tipo de decisiones profundizan el aislamiento internacional del régimen, reduciendo su margen de maniobra y aumentando el costo político de su estrategia de cierre.
Cada nueva expulsión confirma una política exterior que prioriza el control interno y la confrontación externa, incluso a costa de romper relaciones con antiguos socios internacionales.
La expulsión exprés del embajador español y la respuesta inmediata de Madrid marcan un nuevo punto de quiebre en las relaciones entre Nicaragua y Europa. Más que un incidente aislado, el episodio refleja un patrón: el régimen responde a la crítica con expulsión.
Mientras Madrid insiste en mantener canales abiertos con el pueblo nicaragüense, Managua continúa cerrando puertas en el escenario internacional, reforzando su aislamiento y su confrontación con gobiernos democráticos.


