Rosario Murillo radicaliza su discurso y arremete contra sus adversarios en medio del aislamiento del régimen

Entre invocaciones religiosas y descalificaciones directas, la codictadora endurece su narrativa mientras crece la presión interna y externa sobre el poder sandinista.

ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA

DaríoMedios Internacional

2/25/20262 min read

La codictadora de Nicaragua, Rosario Murillo, ha mostrado en sus más recientes intervenciones públicas un tono cada vez más frontal y confrontativo. En cuestión de segundos pasa de invocar la paz, la fe y la guía espiritual a lanzar descalificaciones directas contra opositores, periodistas y voces críticas del régimen.

En sus transmisiones oficiales, Murillo suele abrir con frases de tono místico y espiritual. Habla de armonía, de luz, de protección divina. Sin embargo, conforme avanzan sus alocuciones, el mensaje deriva hacia ataques verbales contra quienes cuestionan al Gobierno, a quienes acusa de promover el odio, la desestabilización y la violencia.

Recientemente, los calificó como “vagos” y “arrastrados”, en un nuevo episodio de confrontación pública que evidencia el endurecimiento del lenguaje oficial.

De la retórica espiritual al señalamiento directo

El contraste no es menor. El discurso murillista combina símbolos religiosos con descalificaciones políticas, una fórmula que busca proyectar autoridad moral mientras desacredita a sus críticos.

Esta estrategia ha sido constante desde 2018, pero en las últimas semanas se percibe un tono más agresivo. El oficialismo ya no intenta suavizar el mensaje. La confrontación es abierta y sostenida.

Murillo no solo responde a la oposición interna. También dirige sus ataques a periodistas en el exilio y a quienes documentan violaciones a derechos humanos, insinuando que actúan movidos por intereses externos.

Un contexto que no le da tregua

El endurecimiento del discurso no ocurre en el vacío.

El régimen enfrenta un escenario regional y global cada vez más adverso. La caída de aliados políticos en América Latina, el debilitamiento del castrismo en Cuba y el creciente aislamiento diplomático han reducido el margen de maniobra del sandinismo.

A esto se suma la presión constante por denuncias de violaciones a derechos humanos y el señalamiento de organismos internacionales que cuestionan la legitimidad de las reformas constitucionales que consolidaron la figura de la copresidencia.

En ese contexto, la retórica confrontativa funciona como mecanismo de cohesión interna y control político.

Un aparato de eco permanente

Murillo no está sola en esta estrategia discursiva. El oficialismo ha construido una red de operadores mediáticos que reproducen y amplifican los ataques verbales contra la disidencia.

Entre ellos destaca el operador político Absalón Pastora, quien desde espacios televisivos afines al sandinismo lanza descalificaciones sistemáticas contra críticos del régimen, consolidando un modelo de comunicación basado en la confrontación permanente.

El incremento en las descalificaciones, el tono agresivo y la mezcla constante entre espiritualidad y ataque político reflejan un momento de tensión para el régimen.

Mientras Murillo invoca paz y unidad, el discurso oficial exhibe irritación y defensa constante.

El contraste es evidente: un poder que insiste en proclamarse fuerte, pero que responde con furia ante cada señalamiento.

Y en ese choque entre mística y confrontación, la codictadora deja al descubierto que el aislamiento no solo es internacional.

También es interno.