Rosario Murillo en el centro de la presión estadounidense
El uso del término “régimen Murillo-Ortega” por parte de cuentas oficiales de Estados Unidos marca un giro simbólico en la narrativa diplomática hacia Managua y coloca a la codictadora como eje del señalamiento político.
ESCENARIO NACIONALMUNDONACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
2/20/20262 min read


El discurso oficial de Estados Unidos hacia Nicaragua está experimentando un cambio significativo. En las últimas semanas, cuentas institucionales y voceros estadounidenses han comenzado a utilizar el término “régimen Murillo-Ortega”, alterando el orden tradicional en que se mencionaba a la pareja gobernante.
Para el ex preso político Freddy Quezada, este giro no es casual ni accidental. En declaraciones brindadas al periodista Miguel Mendoza, Quezada sostuvo que el cambio en la narrativa diplomática revela una redefinición estratégica del foco de presión.
“Cuando Estados Unidos habla de ‘Murillo-Ortega’, está enviando un mensaje político claro sobre quién ejerce realmente el control del poder en Nicaragua”, analizó.
El peso del orden en política
Aunque podría parecer un detalle menor, el orden de los nombres en diplomacia y comunicación política tiene un peso simbólico relevante. Durante años, la referencia predominante fue “Ortega-Murillo”, reforzando la figura histórica del líder sandinista como rostro principal del régimen.
El reciente cambio a “Murillo-Ortega” sugiere un reconocimiento implícito del rol central que la codictadora ha asumido en la conducción cotidiana del Estado.
En los últimos meses, el tono de Washington ha elevado el nivel de señalamiento hacia Rosario Murillo, atribuyéndole responsabilidades directas en la represión estatal, la persecución de opositores y el progresivo desmontaje institucional.
Señalamientos acumulados
Murillo ha sido señalada por organismos de derechos humanos y por sectores opositores como una de las principales responsables de la represión iniciada en 2018, que dejó centenares de muertos, miles de exiliados y un profundo deterioro de las libertades civiles.
Además, diversas voces críticas la ubican como figura clave en la concentración de poder, la erosión de la separación de poderes y el control absoluto de las instituciones estatales.
De vocera oficial del régimen, Murillo pasó a consolidarse como una de las principales operadoras políticas del sistema. Su influencia se ha extendido a la administración pública, la estructura partidaria y las decisiones estratégicas del aparato estatal.
Mientras tanto, la figura de Daniel Ortega ha reducido su exposición pública en los últimos años, apareciendo con menor frecuencia y delegando la comunicación política cotidiana.
Un mensaje hacia dentro del régimen
El endurecimiento del discurso estadounidense, junto con sanciones previas y advertencias diplomáticas, parece buscar no solo presión externa, sino también un efecto interno dentro de las estructuras del poder sandinista.
Al colocar a Murillo en el centro del señalamiento, Washington envía un mensaje directo a las élites políticas, militares y económicas que sostienen el régimen: la responsabilidad por las decisiones represivas es individualizable.
Más allá de la retórica, el cambio semántico podría interpretarse como una señal de que la estrategia estadounidense está evolucionando hacia un enfoque más personalizado en la atribución de responsabilidades.
En un contexto de creciente aislamiento internacional, el desplazamiento del foco hacia Rosario Murillo marca un nuevo capítulo en la tensión diplomática entre Managua y Washington.


