Rosario Murillo activa a su aparato propagandístico para promover un supuesto “diálogo”

Tras años de represión y cierre total de espacios cívicos, el régimen sandinista ensaya un giro discursivo centrado en la “paz” y el “reencuentro”, en un contexto de reacomodo regional y debilitamiento de sus alianzas.

ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA

DaríoMedios Internacional

1/8/20262 min read

Luego de años de represión sistemática, persecución política y criminalización de cualquier forma de disenso, Rosario Murillo ha ordenado a su aparato mediático promover un mensaje de “diálogo”, “reencuentro” y “paz entre nicaragüenses”. El cambio de discurso ocurre en medio del desplome del chavismo en Venezuela, uno de los principales aliados políticos del régimen sandinista.

La nueva narrativa comenzó a circular a través de operadores comunicacionales afines al oficialismo, quienes durante años sostuvieron un lenguaje de confrontación y estigmatización contra opositores, periodistas, la Iglesia y organismos de derechos humanos.

El nuevo libreto oficial

Uno de los primeros en ensayar públicamente este giro fue el propagandista Moisés Absalón Pastora, quien planteó la posibilidad de un “diálogo nacional” y un “reencuentro entre nicaragüenses”. Se trata de conceptos que habían sido prácticamente desterrados del discurso oficial tras la represión desatada a partir de 2018.

Pastora es ampliamente conocido por su rol como uno de los voceros más virulentos del régimen, con reiterados ataques contra la oposición política, la Iglesia católica y organizaciones defensoras de derechos humanos. Su repentina apelación a la “paz” ha generado dudas incluso entre sectores que anteriormente respaldaron al oficialismo.

Escepticismo y memoria reciente

El llamado a una supuesta reconciliación ha sido recibido con escepticismo por analistas y sectores críticos, que recuerdan que el régimen encabezado por Daniel Ortega y Murillo ha cerrado de manera sistemática cualquier espacio real de diálogo. En los últimos años, las respuestas oficiales al disenso han sido el encarcelamiento, el destierro, la cancelación de organizaciones y el silenciamiento forzado de voces críticas.

Para estos sectores, el uso de términos como “diálogo” y “reencuentro” contrasta de forma directa con una realidad marcada por presos políticos, exilio masivo y control absoluto de las instituciones del Estado.

Un giro forzado por el contexto regional

Este cambio de tono no es interpretado como un gesto genuino. Analistas coinciden en que Murillo se ve obligada a simular una apertura ante el nuevo escenario regional, marcado por la caída de la dictadura chavista en Venezuela, un sostén político y económico clave para el sandinismo durante años.

La desaparición de ese respaldo, sumada al reacomodo de fuerzas internacionales, ha colocado a la dictadura nicaragüense en una posición de vulnerabilidad inédita. En ese contexto, el discurso de “paz” aparece más como una estrategia de contención que como una señal real de cambio.

Mientras el régimen intenta reposicionar su narrativa, amplios sectores de la sociedad nicaragüense observan con cautela un mensaje que llega tarde y que, hasta ahora, no ha sido acompañado por hechos concretos que indiquen una voluntad auténtica de diálogo.