Régimen suspende su celebración por los 19 años en el poder
El régimen de Daniel Ortega suspendió la caminata central prevista en Managua para conmemorar los 19 años consecutivos en el poder, una decisión que va más allá de lo logístico y expone el estado real del control político: un gobierno que ya no se atreve a medirse en la calle.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
1/10/20263 min read


Durante años, el orteguismo utilizó las movilizaciones obligadas como una demostración de fuerza, disciplina interna y dominio territorial. Las caminatas multitudinarias, los actos con empleados públicos movilizados bajo presión y la ocupación constante del espacio público funcionaron como un mensaje político: el régimen no solo gobernaba desde las instituciones, sino que controlaba la calle.
Ese modelo de exhibición fue parte esencial de la arquitectura del poder de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La calle era presentada como sinónimo de respaldo popular, aunque en la práctica estuviera sostenida por coacción, vigilancia y amenazas laborales. Hoy, ese esquema muestra señales claras de agotamiento.
La cancelación de la caminata central por los 19 años consecutivos en el poder no es un hecho menor ni circunstancial. No se trató de una reprogramación, ni de un problema logístico, ni de una contingencia climática. Fue una decisión política deliberada, tomada desde el cálculo y el temor. Un reconocimiento implícito de que el régimen ya no puede garantizar control absoluto del espacio público sin exponerse a escenarios imprevisibles.
No es celebración, es contención
La suspensión ocurre en un momento regional particularmente sensible. La reciente caída del narcodictador venezolano Nicolás Maduro alteró el tablero político en América Latina y encendió alertas entre los regímenes autoritarios que durante años se respaldaron mutuamente. Para Managua, ese episodio no pasó desapercibido.
Lejos de intentar demostrar fortaleza, el régimen nicaragüense optó por fragmentar actividades, reducir exposiciones públicas y extremar el control preventivo. Los actos se dispersaron, se minimizaron y se trasladaron a espacios cerrados o altamente vigilados. El mensaje interno fue claro: menos visibilidad, más control.
Este repliegue revela un temor profundo a la reacción social espontánea, a la posibilidad de protestas no convocadas o a gestos simbólicos de rechazo que puedan romper la narrativa oficial. La calle, que durante años fue presentada como un territorio dominado, pasó a ser vista como un espacio de riesgo político.
Vigilancia en lugar de fiesta
La celebración fue sustituida por operativos de vigilancia, controles preventivos y monitoreo constante. En lugar de música, banderas y consignas, se impuso el silencio, la presencia policial y la observación permanente. La lógica festiva del régimen dio paso a una lógica defensiva.
Este cambio no solo evidencia desgaste político, sino también desconfianza interna. El régimen ya no parece confiar plenamente ni siquiera en sus propias bases, cuadros intermedios o estructuras territoriales. La movilización obligada dejó de ser una garantía de control y se convirtió en una variable difícil de manejar.
“Tiempos duros”: una grieta en el discurso oficial
En ese contexto, las palabras de Rosario Murillo adquieren un peso especial. En su mensaje por el aniversario, reconoció que el país atraviesa “tiempos duros”, una expresión poco habitual dentro del discurso triunfalista que históricamente ha caracterizado al régimen.
La frase no fue casual. Refleja tensión interna, presión internacional, dificultades económicas y un aislamiento cada vez más evidente. También deja entrever el temor a escenarios regionales que hasta hace poco parecían lejanos, pero que hoy se perciben como posibles.
Tras ese mensaje, el régimen bajó aún más el perfil, evitó confrontaciones abiertas con Estados Unidos y optó por cancelar actos masivos, confirmando que la prioridad ya no es proyectar fortaleza, sino evitar fisuras.
Un margen de maniobra cada vez más reducido
La cancelación de la caminata confirma que el régimen enfrenta un margen de maniobra cada vez más estrecho. La combinación de desgaste social, aislamiento diplomático, presión externa y un entorno regional cambiante obliga al orteguismo a replegarse incluso en fechas simbólicas, algo impensable hace algunos años.
Hoy, el control ya no se exhibe; se administra con cautela. El poder ya no se celebra en la calle; se protege desde el encierro, la vigilancia y el silencio. La suspensión del acto no fue solo una decisión táctica: fue una señal política de que el régimen atraviesa una etapa donde mostrar fuerza implica asumir riesgos que ya no está dispuesto a correr.


Anuncio oficial de la cancelación de la caminata central por los 19 años de gobierno en Managua.


