Radio Darío: sobrevivir al fuego, persistir en la verdad

El incendio contra las oficinas de Radio Darío en 2018 no solo fue un ataque contra la prensa, Ocho años después, ese intento de silenciar dio origen a una nueva etapa: un periodismo que se reconstruyó, y hoy sigue informando con el mismo compromiso con la verdad.

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DaríoMedios Internacional

4/20/20264 min read

La noche del 20 de abril de 2018 no fue solo el incendio de una radio. Fue el intento deliberado de borrar una voz incómoda en medio del inicio de la represión en Nicaragua, las oficinas de Radio Darío, en León, fueron atacadas e incendiadas mientras periodistas trabajaban dentro.

Ocho años después, ese hecho sigue impune, pero también dejó algo que no se pudo apagar: una continuidad informativa que hoy existe con más fuerza, más alcance y más determinación.

La noche que pretendieron desaparecernos

En los primeros días de abril de 2018, Nicaragua entraba en una fase de tensión que pronto se convertiría en crisis. Las protestas comenzaban a multiplicarse y la información en tiempo real se volvía crucial. Radio Darío, con décadas de trayectoria, estaba al aire cubriendo lo que ocurría en León y en el país.

Esa noche, un grupo de encapuchados llegó hasta las oficinas de la emisora. No fue un acto improvisado. Ingresaron por la fuerza, amenazaron al personal y provocaron un incendio dentro de las instalaciones mientras periodistas se encontraban trabajando.

El fuego avanzó rápidamente. Cabinas, equipos, archivos, todo lo que representaba años de trabajo fue consumido en minutos. Dentro, el equipo vivió momentos de pánico, buscando cómo salir con vida mientras las llamas crecían.

Lograron escapar, pero el mensaje era claro: no solo querían destruir una radio, querían silenciarla.

Un ataque que marcó una línea irreversible

La quema de Radio Darío no fue un hecho aislado ni un exceso puntual. Ocurrió en un momento en que la represión comenzaba a estructurarse y donde el periodismo independiente ya era visto como un objetivo.

Ese ataque marcó una línea que no se había cruzado antes con esa claridad: informar podía costar la vida. A partir de ahí, el ejercicio del periodismo dejó de ser únicamente una práctica profesional para convertirse también en un acto de resistencia.

No fue solo un ataque contra una emisora, fue un mensaje dirigido a todo un país.

Responsables señalados y narrativas que intentan invertirse

A ocho años del incendio, los nombres vinculados a lo ocurrido siguen presentes y no han sido borrados por el tiempo ni por el silencio institucional.

El diputado sandinista Filiberto Rodríguez ha sido señalado de forma reiterada por víctimas y por el director de la emisora como uno de los actores vinculados a la quema de Radio Darío, identificado como quien habría dado la orden en el contexto de la represión de 2018.

Sin embargo, en años recientes, Rodríguez ha aparecido en medios oficialistas intentando deslegitimar a las víctimas de abril y a la prensa independiente, presentándose dentro de un discurso que busca revertir responsabilidades y reconfigurar el relato de lo ocurrido.

Ese intento de mostrarse como víctima o como actor ajeno a los hechos contrasta con los testimonios que lo ubican dentro de la estructura represiva y con el papel que ha desempeñado posteriormente en el cierre de espacios cívicos y organizaciones en el país.

En paralelo, el caso de Fidel Domínguez, quien fungió como jefe policial en León durante esos hechos, expone otra dimensión del mismo sistema. Domínguez fue señalado por amenazas directas contra el equipo de Radio Darío y contra su director, Aníbal Toruño Jirón, así como por su participación en acciones represivas durante los meses posteriores.

Su caída no ocurrió por esos hechos. Fue retirado años después en medio de señalamientos por corrupción, extorsión y redes de negocios irregulares dentro del propio aparato estatal. Es decir, no fue apartado por la represión que ejecutó, sino por conflictos internos dentro del mismo sistema al que sirvió.

De las cenizas a Darío Medios Internacional

Lo que no calcularon quienes ordenaron y ejecutaron el ataque fue esto: el periodismo no depende de un espacio físico, ni de una cabina, ni de unas oficinas. Depende de la decisión de contar lo que ocurre, incluso en las condiciones más adversas. Radio Darío no desapareció, se sostuvo y encontró nuevas formas de seguir informando.

De esa ruptura, de ese intento de silencio, surgió una nueva etapa, se abrieron otras formas de informar, nuevos espacios, nuevas audiencias y en ese proceso, ese mismo compromiso dio paso a lo que hoy es Darío Medios Internacional, como una continuidad firme de esa vocación por la verdad.

Memoria que se convierte en identidad

Ocho años después, la quema de Radio Darío no es solo un hecho que se recuerda. Es parte de lo que hoy define a un periodismo que se rehízo en medio de la crisis.

Cada cobertura, cada denuncia, cada historia publicada lleva consigo esa memoria. No como un peso, sino como una razón para seguir.

Los hechos siguen documentados, los nombres siguen siendo señalados, la historia sigue siendo contada, el fuego consumió las oficinas, pero no logró lo que buscaba, no nos callaron, no nos borraron y no nos detuvieron.

Hoy seguimos informando, desde otros espacios, con más alcance, con más claridad y con la misma convicción.

No nos daremos por vencidos y quienes creyeron que el fuego cerraría la historia, tendrán que enfrentar la justicia.