¿Por qué Roberto Samcam se convirtió en un objetivo?

A diez meses de su asesinato, el expediente judicial del caso Roberto Samcam revela un crimen con motivaciones políticas.

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DaríoMedios Internacional

4/12/20264 min read

La muerte tocó a la puerta del mayor en retiro Roberto Samcam Ruiz. No la esperaba, pero la presentía y la denunciaba cada vez que tenía oportunidad.

Desde el exilio en Costa Rica, el exmilitar nicaragüense advertía que su vida corría peligro. Señalaba directamente al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo como responsable de cualquier atentado en su contra.

Esa advertencia dejó de ser una posibilidad el 19 de junio de 2025.

Ese día, un sicario llegó hasta la entrada de su vivienda en Moravia, San José, y disparó en al menos ocho ocasiones. El ataque fue ejecutado con rapidez, precisión y una lógica clara: cumplir la misión y desaparecer este ya fue capturado.

Un crimen que dejó de ser común

Con el paso de los meses, el caso dejó de ser tratado como un homicidio más.

El expediente judicial, elaborado por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), comenzó a perfilar un escenario distinto: un crimen con motivación ideológica y política.

Las conclusiones de los investigadores apuntan a que el asesinato de Samcam no fue producto del azar ni de circunstancias comunes, sino una acción dirigida contra una figura específica por el contenido de su trabajo y sus denuncias.

La publicación de extractos del expediente en medios costarricenses marcó un punto de inflexión. Por primera vez, la investigación comenzó a alejarse de hipótesis iniciales y a consolidar la tesis de un crimen político.

Una voz incómoda

Roberto Samcam no era un actor cualquiera.

Mayor en retiro del Ejército de Nicaragua, se había convertido en una voz crítica del régimen desde el exilio. Sus análisis y denuncias se centraban especialmente en el papel de las estructuras militares durante la represión de las protestas de 2018.

Además, mantenía vínculos con iniciativas internacionales y colaboraba en la elaboración de documentos relacionados con escenarios de transición política en Nicaragua.

De acuerdo con testimonios incluidos en el expediente, estas actividades generaron incomodidad en círculos cercanos al poder.

Samcam no solo denunciaba: también analizaba, documentaba y proponía, eso lo hacía visible.

La información que manejaba

Uno de los elementos más sensibles del caso tiene que ver con el tipo de información que Samcam estaba recopilando en los meses previos a su asesinato.

Las líneas de investigación abiertas incluyen su conocimiento sobre estructuras de mando militar, posibles redes de monitoreo en Costa Rica y vínculos entre actores políticos y actividades ilícitas.

Entre esas actividades aparece un tema especialmente delicado: el narcotráfico.

Según el expediente, Samcam recopilaba información sobre operaciones de tráfico de droga presuntamente vinculadas a estructuras del poder en Nicaragua.

El OIJ analizó material extraído de sus dispositivos electrónicos, decomisados tras el crimen, donde se incluyen imágenes, rutas y esquemas sobre operaciones que conectarían Venezuela y Colombia con Nicaragua.

Estas operaciones, de acuerdo con sus apuntes, utilizarían pistas clandestinas dentro del territorio nicaragüense para el traslado de cargamentos.

Dentro de ese entramado, también aparecen referencias a la presencia del Cártel de Sinaloa, que, según sus investigaciones, operaría con protección dentro del país.

Una operación estructurada

El expediente judicial también revela detalles sobre la forma en que se habría ejecutado el asesinato.

De acuerdo con datos del Ministerio Público, la operación implicó la utilización de intermediarios encargados de reclutar a quienes ejecutarían el ataque.

Este esquema sugiere la existencia de una estructura organizada detrás del crimen, diseñada para garantizar la ejecución y dificultar la identificación de los autores intelectuales.

A casi diez meses del asesinato, esa es precisamente la pregunta que sigue sin respuesta:

¿Quién dio la orden?

Un patrón que trasciende fronteras

El caso de Roberto Samcam no ocurre en el vacío.

Se inserta en un fenómeno más amplio que ha sido documentado por organismos internacionales: la represión que trasciende fronteras.

Organizaciones como CEJIL han advertido sobre mecanismos de vigilancia, seguimiento e intimidación contra opositores nicaragüenses en el exilio.

Estas prácticas incluyen monitoreo de actividades, infiltración en comunidades y, en casos extremos, ataques dirigidos.

Costa Rica, históricamente considerada un refugio para perseguidos políticos, aparece ahora como escenario de estas preocupaciones.

La advertencia que se cumplió

Quienes conocían a Samcam aseguran que él mismo hablaba abiertamente del riesgo que enfrentaba.

Su viuda, Claudia Vargas, ha señalado que el exmilitar tenía claro el nivel de exposición en el que se encontraba y el tipo de estructuras que estaba denunciando.

Su asesinato no solo terminó con su vida, también abrió una investigación que, lejos de cerrarse, sigue creciendo.

¿Por qué era “necesario” matarlo?

A medida que el expediente judicial avanza, la figura de Roberto Samcam adquiere una nueva dimensión.

No era únicamente un opositor, era una voz con acceso a información sensible, con capacidad de análisis y con vínculos en espacios de denuncia internacional.

Su trabajo tocaba temas que cruzaban política, estructuras de poder y actividades ilícitas y lo hacía de forma directa.

Diez meses después de su asesinato, el caso ya no se limita a esclarecer un crimen, apunta a algo más profundo a entender ¿Por qué Roberto Samcam se convirtió en objetivo? y ¿Qué estructuras se sintieron amenazadas por lo que él estaba a punto de revelar?