Otro aliado cae ¿Murillo sigue en la lista?

Mientras Cuba enfrenta protestas frente al Partido Comunista y reconoce negociaciones con Estados Unidos, el eje que sostenía a Managua pierde fuerza.

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DaríoMedios Internacional

3/14/20263 min read

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo atraviesa uno de los momentos más inciertos de los últimos años. En apenas tres meses, el frágil bloque de regímenes autoritarios que el sandinismo presentaba como su escudo político comienza a resquebrajarse, dejando a Managua en una posición cada vez más vulnerable.

El golpe más reciente llega desde Cuba, uno de los aliados históricos y pieza simbólica del discurso revolucionario sandinista. En la ciudad de Morón, manifestantes sitiaron la sede del Partido Comunista de Cuba y encendieron una gran fogata en plena calle. Videos difundidos en redes sociales muestran a ciudadanos golpeando cacerolas y gritando “¡Libertad!” mientras las llamas iluminan uno de los símbolos más visibles del poder político en la isla.

La escena no es menor. Es el corazón del sistema cubano bajo presión pública.

La señal que inquieta a Managua

El episodio ocurre apenas días después de que Miguel Díaz-Canel reconociera contactos con Estados Unidos y anunciara la liberación de presos políticos, un gesto impensable años atrás bajo la narrativa de confrontación absoluta con Washington.

Para el discurso oficial del sandinismo, que durante años proclamó la “hermandad victoriosa” entre Managua y La Habana, la imagen resulta incómoda: un aliado clave negociando mientras su propio pueblo desafía al partido único en las calles.

En Managua, el silencio ha sido notable. Daniel Ortega permanece prácticamente ausente del escenario público, mientras Rosario Murillo intenta sostener el relato desde sus monólogos oficiales. Pero la retórica de unidad revolucionaria que antes aparecía con frecuencia en sus discursos ha perdido fuerza.

Cuando un aliado comienza a negociar bajo presión y a enfrentar protestas frente a sus sedes partidarias, el mensaje regional es inevitable.

El bloque que se deshace

El reducido grupo de gobiernos que durante años actuaron como respaldo mutuo frente a sanciones y críticas internacionales muestra hoy señales de debilitamiento. La caída del régimen venezolano encabezado por Nicolás Maduro alteró el equilibrio regional que durante años brindó soporte financiero y político a La Habana y Managua.

Ahora, con Cuba bajo presión social y abriendo discretamente canales de diálogo con Washington, el bloque que sostenía al sandinismo pierde cohesión.

Ninguno de esos regímenes parece hoy en condiciones de sostener al otro con la misma fuerza de antes. Las alianzas que el discurso oficial calificaba de indestructibles presentan fisuras evidentes y en política regional, las fisuras rara vez son irrelevantes.

Murillo y el escenario incómodo

Rosario Murillo, consolidada como figura central del poder tras la instauración de la llamada “copresidencia”, enfrenta un escenario distinto al que existía hace apenas un año. La presión internacional se acumula en varios frentes: sanciones individuales, investigaciones comerciales y pronunciamientos reiterados sobre derechos humanos.

Si el aliado cubano opta por negociar y cede parcialmente ante la presión externa, la narrativa de resistencia absoluta pierde credibilidad.

El poder sandinista ha construido su imagen sobre la idea de firmeza inquebrantable. Pero cuando el entorno regional cambia, la fortaleza proyectada puede convertirse en aislamiento real.

En Managua, el poder parece replegarse tras los muros del silencio mientras observa lo que ocurre en La Habana.

¿La siguiente en la lista?

Para el régimen Ortega-Murillo, acostumbrado a proyectar control total y estabilidad sin fisuras, las señales que llegan desde la región suenan como una advertencia.

Si un aliado histórico enfrenta protestas frente a la sede del partido único y reconoce negociaciones con Estados Unidos, el efecto simbólico es profundo.

La pregunta ya no es si el bloque autoritario atraviesa dificultades.

La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse un régimen cuando sus aliados comienzan a tambalear.

En un escenario donde el apoyo externo se debilita y la presión internacional aumenta, Nicaragua deja de ser parte de un bloque sólido y empieza a parecer el último bastión de un modelo en desgaste y cuando los aliados caen uno a uno, el aislamiento deja de ser discurso para convertirse en realidad política.