Ortega y Murillo se meten a camisa de once varas ante Trump y la OEA

El régimen rechazó el beneplácito de Natasha Franceschi como nueva embajadora de EE. UU. y, horas después, recibió una resolución unánime de la OEA que exige cambios democráticos y mantiene la presión internacional sobre la dictadura.

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DaríoMedios Internacional

10/2/20263 min read

Como dice el dicho popular nicaragüense, Ortega y Murillo se metieron a camisa de once varas. La dictadura decidió cerrarle la puerta a la nueva embajadora de Estados Unidos, Natasha Franceschi, y desafiar directamente a la Administración de Donald Trump, en un momento en que la presión internacional sobre el régimen vuelve a tomar fuerza.

El rechazo al beneplácito de Franceschi fue denunciado este viernes por el subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, durante la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Landau aseguró ante el plenario que Ortega y Murillo han cerrado de manera permanente las puertas al diálogo y que el rechazo a la embajadora demuestra su falta de disposición para asumir un compromiso diplomático legítimo.

El desplante ocurre precisamente cuando la diplomática estadounidense, confirmada por el Senado el 30 de septiembre, está llamada a representar a Washington en Nicaragua y ha planteado ante los legisladores que mantendrá la presión diplomática sobre el régimen.

La OEA aprueba por consenso y pone presión sobre Ortega y Murillo

La respuesta regional tampoco fue menor. Los países de la OEA aprobaron por consenso una resolución que exige al régimen restablecer libertades civiles, liberar a presos políticos y crear condiciones para elecciones libres, además de establecer un mecanismo de seguimiento que deberá recomendar nuevas acciones.

La resolución llega después de una reunión de cancilleres convocada específicamente para abordar la situación de Nicaragua, considerada por la OEA un asunto urgente y de interés común para los Estados americanos.

En ese escenario, Landau dejó claro que Washington está dispuesto a continuar trabajando con los países de la región. El funcionario sostuvo que Estados Unidos seguirá aplicando presión hasta observar cambios en Nicaragua, mientras la Administración Trump mantiene el caso nicaragüense dentro de su agenda hemisférica.

El mensaje de Washington adquiere todavía más peso porque llega después del rechazo de Franceschi. Ortega y Murillo no solamente desoyeron una propuesta de representación diplomática de alto nivel: lo hicieron mientras la OEA reunía a sus cancilleres para discutir nuevas acciones frente a la crisis nicaragüense.

Murillo vuelve a apostar por el choque

Para el analista político Juan Sebastián Chamorro, la aprobación por consenso de la resolución constituye una señal política clara para la pareja dictatorial. Sin embargo, el rechazo a Franceschi abre la interrogante sobre si Ortega y Murillo están dispuestos siquiera a escuchar al mecanismo regional creado para buscar una salida a la crisis.

La postura del régimen contrasta con el planteamiento de la propia Franceschi durante su audiencia de confirmación, cuando sostuvo que Estados Unidos debe utilizar su experiencia diplomática para llevar a los regímenes autoritarios a la mesa de negociación y buscar una salida a situaciones de represión.

Pero Ortega y Murillo parecen haber optado por otra ruta: cerrar la puerta antes de que la nueva embajadora siquiera llegue a Nicaragua.

El rechazo también revive el antecedente de Hugo Rodríguez, cuyo beneplácito fue retirado por el régimen en 2022 después de declaraciones realizadas durante su proceso de confirmación ante el Senado estadounidense. La diferencia ahora es el contexto: Franceschi llega con el respaldo de una Administración Trump que ha incrementado la presión sobre Ortega y Murillo y con una OEA que acaba de adoptar una nueva resolución sobre Nicaragua.

¿Qué hará Trump ante el nuevo desafío?

La pregunta que queda sobre la mesa es qué respuesta tendrá Washington ante este nuevo choque diplomático. Landau ya adelantó que Estados Unidos continuará trabajando con los países de la región y mantendrá la presión sobre la dictadura.

Para Ortega y Murillo, el problema ya no es solamente la relación bilateral con Estados Unidos. La resolución aprobada por consenso en la OEA demuestra que el caso nicaragüense volvió a colocarse en el centro de la agenda hemisférica.

La dictadura ha rechazado a la nueva embajadora de Trump justo cuando el continente discute qué hacer frente a su cierre democrático. Y ahora tendrá que decidir si mantiene las puertas cerradas o si responde a una presión internacional que ya no llega únicamente desde Washington.

La pregunta queda planteada: ¿hasta dónde llegará la Administración Trump después de este nuevo desafío de Ortega y Murillo y cuánto tiempo podrá la dictadura seguir cerrando todas las puertas al diálogo mientras aumenta la presión continental?

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