Ortega y Murillo buscan ganar tiempo frente a Trump: la dictadura se receta siete años más en el poder
El régimen modifica las reglas para perpetuarse y alejar cualquier posibilidad de elecciones competitivas.
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DaríoMedios Internacional
7/29/20264 min read


Daniel Ortega y Rosario Murillo no parecen dispuestos a arriesgar su permanencia en el poder en las urnas. Mientras Washington aumenta la presión sobre Managua, la dictadura sandinista acelera una nueva reforma constitucional con la que pretende modificar nuevamente las reglas del juego y extender los períodos presidenciales a siete años, con posibilidad de renovación.
La maniobra llega después de que Ortega afirmara públicamente que en Nicaragua no volverán a celebrarse elecciones para que la oposición pueda “atrapar” el poder. Pocos días después, la Asamblea Nacional controlada por el sandinismo comenzó a trabajar en las reformas constitucionales y legales necesarias para blindar el sistema diseñado por la pareja dictatorial.
La propuesta no es un detalle administrativo. Es la nueva jugada de Ortega y Murillo para permanecer en el poder sin exponerse a una competencia electoral real.
Siete años más para seguir mandando
Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional y uno de los principales operadores legislativos del régimen, ha defendido la construcción de un nuevo marco constitucional bajo el denominado “Pueblo Presidente”.
Sin embargo, los detalles conocidos de la reforma son mucho más claros: el proyecto busca establecer períodos presidenciales de siete años renovables, extendiendo todavía más la permanencia de Ortega y Murillo al frente del Estado.
La reforma también pretende establecer mecanismos para impedir que opositores considerados “traidores a la patria” puedan participar en futuras elecciones. El oficialismo ya ha anunciado que el proyecto será sometido a discusión y que se prevé su aprobación en una primera legislatura en septiembre.
Es decir, el régimen no solamente pretende decidir cuánto tiempo gobernará.
También pretende decidir quiénes podrán competir contra él.
¿Qué está intentando comprar Ortega?
La pregunta inevitable es qué busca realmente la dictadura con esta nueva maniobra.
Una lectura política apunta a que Ortega y Murillo intentan comprar tiempo.
El régimen enfrenta una relación cada vez más complicada con Washington, precisamente cuando la Administración de Donald Trump ha elevado el tono frente a la decisión de Managua de cerrar el camino electoral.
La eliminación de las elecciones y la nueva reforma constitucional colocan a Ortega y Murillo en una confrontación directa con Estados Unidos.
Y el calendario resulta particularmente llamativo.
Después de que Ortega prácticamente cerrara la puerta a los comicios previstos bajo el marco anterior, la dictadura impulsa ahora un sistema de períodos de siete años renovables. La jugada permitiría a la pareja mantenerse en el poder durante un período mucho más prolongado sin tener que someterse a una competencia electoral que pudiera poner en riesgo su control.
Por eso, la pregunta que comienza a circular es inevitable:
¿Está Ortega intentando ganar tiempo frente a la Administración Trump?
El miedo detrás de la reforma
La dictadura puede presentar la reforma como una defensa de la soberanía, la estabilidad o la independencia nacional.
Pero el trasfondo político es otro.
Ortega y Murillo llevan años modificando las reglas constitucionales para adaptarlas a sus necesidades. En 2025 ampliaron el período presidencial y crearon formalmente la figura de la copresidencia, consolidando la sucesión política dentro de la propia pareja.
Ahora pretenden volver a modificar las reglas.
Esta vez, el objetivo es todavía más evidente: convertir la permanencia indefinida en el poder en una característica estructural del sistema.
El problema para la dictadura es que Washington ya ha advertido que no considera legítimo un poder construido mediante reformas constitucionales diseñadas para eliminar la competencia política.
Estados Unidos ha criticado anteriormente la copresidencia Ortega-Murillo y ha señalado que la manipulación constitucional no puede sustituir la voluntad democrática de los nicaragüenses.
Rubio ya había advertido sobre la estrategia
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha sido particularmente crítico con la concentración de poder de Ortega y Murillo y con la transformación del sistema político nicaragüense en una estructura diseñada alrededor de la pareja presidencial.
Por eso, la nueva reforma llega en un momento especialmente delicado.
El régimen sabe que cada nuevo movimiento para cerrar el sistema electoral puede convertirse en un nuevo argumento para aumentar la presión internacional.
Y aun así, Ortega parece decidido a avanzar.
La lógica parece sencilla: si no puede garantizar una victoria electoral, cambia las reglas para no tener que arriesgarse a perder.
La amenaza de una guerra como telón de fondo
El escenario se vuelve todavía más preocupante por el discurso utilizado recientemente por Gustavo Porras.
Mientras la dictadura habla de reformar la Constitución para blindar su permanencia, también ha elevado el tono de sus amenazas contra quienes considera enemigos internos y externos.
Porras incluso ha utilizado un discurso en el que plantea que Nicaragua no se someterá a presiones extranjeras y que ningún proceso electoral será dirigido desde Washington.
El régimen intenta presentar su ofensiva constitucional como una defensa de la soberanía nacional.
Pero el resultado sería exactamente el contrario de una democracia abierta: menos competencia, más poder concentrado y reglas diseñadas desde el propio poder para garantizar su continuidad.
Ortega y Murillo quieren quedarse; Washington quiere elecciones
El choque de posiciones es cada vez más evidente.
Por un lado, Ortega y Murillo buscan modificar nuevamente la Constitución para ampliar los períodos presidenciales, controlar las condiciones de participación y evitar que una elección pueda convertirse en el mecanismo para sacarlos del poder.
Por el otro, Estados Unidos ha exigido el respeto a los derechos democráticos de los nicaragüenses y ha dejado claro que no permanecerá indiferente ante el cierre definitivo del sistema electoral.
La dictadura parece haber escogido su camino.
En lugar de abrir las puertas a elecciones libres, las está cerrando y construyendo nuevas paredes constitucionales alrededor de El Carmen.
Y si la estrategia de Ortega y Murillo consiste en ganar tiempo hasta que cambie el escenario político en Washington, la pregunta es si realmente podrán resistir la presión durante todo ese período.
Porque esta vez no están solamente intentando perpetuarse.
Están apostando a que el tiempo juegue a su favor mientras enfrentan a una Administración estadounidense que ya ha demostrado que está dispuesta a aumentar la presión contra la dictadura.
La reforma constitucional podría convertirse, así, en mucho más que otra modificación a la medida de Ortega y Murillo.
Podría ser la evidencia más clara de que la dictadura tiene miedo de enfrentarse a las urnas y prefiere cambiar las reglas antes que arriesgar el poder.



