Ortega traiciona a Cuba y desmonta el libre visado para obedecer a Washington

La dictadura sandinista rompe con uno de sus aliados históricos y desmonta un negocio migratorio que durante años utilizó como ficha geopolítica, evidenciando un giro pragmático ante la presión de Washington.

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DaríoMedios Internacional

2/9/20262 min read

La dictadura sandinista rompe con uno de sus aliados históricos y desmonta un negocio migratorio que durante años utilizó como ficha geopolítica, evidenciando un giro pragmático ante la presión de Washington.

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo consumó una ruptura significativa con el régimen cubano al eliminar el beneficio de libre visado para ciudadanos de la isla, una decisión que marca el quiebre más evidente en la relación entre Managua y La Habana desde el retorno del sandinismo al poder.

La medida, lejos de ser un simple ajuste migratorio, revela la disposición del régimen nicaragüense a someterse al reordenamiento regional impulsado por Estados Unidos, incluso a costa de traicionar a uno de sus aliados ideológicos más antiguos.

El libre visado para cubanos fue aprobado en noviembre de 2021, en pleno alineamiento político entre ambas dictaduras. Bajo ese esquema, ciudadanos cubanos con pasaporte ordinario podían ingresar sin restricciones a Nicaragua. La decisión no tuvo un trasfondo humanitario ni turístico: convirtió al país en un corredor migratorio clave hacia Estados Unidos y en un negocio altamente lucrativo controlado por estructuras vinculadas al poder sandinista.

Durante más de tres años, Managua funcionó como plataforma de tránsito para decenas de miles de cubanos que buscaban llegar al norte. Vuelos chárteres, cobros migratorios, intermediarios y redes de facilitación operaron bajo la mirada permisiva del régimen, que utilizó el flujo migratorio como moneda de cambio geopolítica frente a Washington.

Sin embargo, el escenario regional cambió. Estados Unidos intensificó la presión diplomática y denunció de forma reiterada el uso de Nicaragua como corredor irregular. Al mismo tiempo, el colapso económico de Venezuela puso fin a los petrodólares que durante años sostuvieron el eje Ortega-Maduro-La Habana, dejando al sandinismo sin margen financiero para sostener alianzas ideológicas costosas.

En ese contexto, Ortega optó por sacrificar a Cuba. La eliminación del libre visado confirma el final de la llamada “luna de miel cubana”, una relación basada en cooperación política, respaldo mutuo en foros internacionales y colaboración en materia de seguridad y control social.

Analistas coinciden en que no se trata de una ruptura ideológica genuina, sino de un movimiento oportunista. Ortega y Murillo ajustan sus alianzas según la correlación de fuerzas y las necesidades de supervivencia del régimen. Cuando un aliado deja de ser útil o rentable, se convierte en prescindible.

La Habana, debilitada económica y diplomáticamente, ya no representa un sostén estratégico para Managua. En cambio, reducir tensiones con Estados Unidos al menos en el plano migratorio se vuelve una prioridad para un régimen que busca aliviar presiones externas sin desmontar su aparato represivo interno.

La decisión confirma una constante del sandinismo en su fase dictatorial: no hay lealtades permanentes, solo conveniencia. Cuando los recursos se agotan y la presión internacional aumenta, la ideología se vuelve secundaria y los antiguos aliados pasan a ser simples piezas descartables en el tablero del poder.