Ortega reaparece tras semanas de silencio con ataques y confesiones

Tras más de un mes de silencio, Daniel Ortega volvió al escenario público con un discurso cargado de amenazas, insultos internacionales y confesiones abiertas sobre la represión ejercida por su régimen.

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DaríoMedios Internacional

1/16/20262 min read

Después de más de 30 días sin aparecer en público, Daniel Ortega reapareció este martes con un discurso desafiante, errático y sin contención, en el que atacó a Estados Unidos, defendió a las dictaduras aliadas y dejó al descubierto su responsabilidad directa en la represión contra el pueblo nicaragüense.

Desde la tarima, Ortega calificó de “terrorista” a Estados Unidos, exigió que Nicolás Maduro sea devuelto a Venezuela y pidió que “dejen de amenazar a Cuba”, alineándose abiertamente con el eje autoritario regional.

Amenazas y provocación internacional

En uno de los pasajes más agresivos, Ortega recurrió a una retórica belicista al asegurar que Nicaragua se defendería “con piedras” frente a Estados Unidos, evocando figuras históricas para justificar un discurso de confrontación que contrasta con la fragilidad económica y política del país.

Las declaraciones confirman un tono provocador y sin freno, más cercano a la rabia que a un mensaje de gobierno, y evidencian el aislamiento internacional que enfrenta el régimen.

Confesión de la represión de 2018

Lejos de negar los hechos, Ortega admitió públicamente la represión ejercida contra manifestantes y jóvenes durante las protestas de 2018.

“Se desmontó el tranque y empezó la gritadera afuera, como que eran unos angelitos”, dijo, minimizando la violencia estatal y justificando el uso de la fuerza.

El mandatario también insistió en presentar al régimen como víctima, acusando a los manifestantes de atacar a la Policía y responsabilizándolos del colapso económico, una narrativa que contradice informes internacionales sobre violaciones graves a los derechos humanos.

Admisión histórica: desestabilizar desde la oposición

Por primera vez, Ortega reconoció que el sandinismo desestabilizó el país tras perder las elecciones de 1990, cuando Violeta Barrios de Chamorro ganó la presidencia. La afirmación confirma lo que durante décadas fue denunciado por sectores políticos y sociales: el uso sistemático de la presión y el caos como herramienta política.

Cinismo y silencios reveladores

En un intento por lavar la imagen del régimen, Ortega afirmó que a los opositores encarcelados “hasta amnistía” se les otorgó, omitiendo que miles fueron forzados al exilio, despojados de su nacionalidad o continúan presos.

Durante el discurso, el mandatario se mostró dubitativo, dejó frases inconclusas y evitó profundizar en señalamientos clave, como cuando habló de los supuestos financiadores de las protestas y se detuvo abruptamente, sin completar la acusación.

Un regreso marcado por el miedo

La reaparición de Ortega no fue una demostración de fortaleza. Fue una exposición de nerviosismo, resentimiento y confesión. Sin anuncios de gobierno, sin respuestas a la crisis económica y sin señales de apertura, el discurso confirmó que el régimen se mueve sin frenos, pero también sin rumbo.