Ortega-Murillo desafía a Washington y se refugia en Rusia, China e Irán: “Es una provocación”

El analista Carlos Berzaín advierte que el acercamiento de Ortega a Rusia, China e Irán podría aumentar la presión de Washington contra la dictadura sandinista.

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DaríoMedios Internacional

8/12/20263 min read

La ruta de Estados Unidos frente a las dictaduras latinoamericanas que desafían sus intereses y mantienen vínculos con potencias extrarregionales parece estar tomando forma, y Nicaragua podría quedar atrapada en ese tablero.

Para el analista y experto en política exterior y asuntos regionales Carlos Berzaín, la dictadura sandinista encabezada por Daniel Ortega y Rosario Murillo no sería una excepción dentro de esta estrategia de seguridad estadounidense.

Según su análisis, el régimen estaría cometiendo un error al intentar ampliar sus alianzas con Rusia, China e Irán como mecanismo para garantizar su permanencia en el poder.

Las alianzas de Ortega podrían convertirse en su mayor vulnerabilidad

El acercamiento de Managua a Moscú, Pekín y Teherán ha sido presentado por el régimen como una estrategia para fortalecer sus relaciones internacionales y ampliar sus espacios de cooperación.

Pero Berzaín sostiene que el efecto podría ser exactamente el contrario.

Para el experto, estas alianzas no necesariamente representan un escudo para Ortega y Murillo. Al contrario, podrían ser interpretadas por Washington como una provocación y como una señal de que el régimen está permitiendo la entrada de intereses extrarregionales en un espacio considerado estratégico para la seguridad estadounidense.

La apuesta de Managua por fortalecer sus vínculos con Rusia, China e Irán podría, por tanto, terminar colocando a Nicaragua dentro del mismo mapa de riesgos que Estados Unidos observa en el hemisferio.

Y ahí es donde el cálculo de Ortega podría comenzar a complicarse.

Washington amplía su ofensiva de seguridad

Durante los últimos meses, la administración republicana de Estados Unidos ha intensificado su política de seguridad en el continente frente a amenazas que ya no se limitan a los conflictos militares tradicionales.

Expertos han comenzado a describir este escenario como una guerra híbrida, en la que convergen factores políticos, económicos, migratorios, criminales, tecnológicos y geopolíticos.

En este contexto, los señalamientos contra el régimen Ortega-Murillo adquieren una dimensión mayor.

La preocupación de Washington, según este análisis, no estaría relacionada únicamente con el carácter autoritario del régimen nicaragüense, sino también con sus alianzas internacionales, su posición geopolítica y los señalamientos que distintos actores han formulado sobre sus vínculos con estructuras que representan una amenaza para la seguridad regional.

Eso convierte a Nicaragua en una pieza especialmente sensible dentro del tablero centroamericano.

Ortega busca aliados mientras Washington prepara su respuesta

Frente a este escenario, la dictadura parece intentar fortalecer sus relaciones internacionales para evitar quedar completamente aislada.

Pero la estrategia podría tener un efecto contrario.

Mientras Ortega y Murillo buscan respaldo en Rusia, China e Irán, Washington observa cada uno de esos movimientos desde una perspectiva de seguridad hemisférica.

Para Berzaín, después de los reiterados señalamientos estadounidenses contra el régimen y las acusaciones que pesan sobre la pareja dictatorial, el escenario podría entrar en una nueva etapa.

El punto central ya no sería si Estados Unidos considera a Nicaragua un problema.

La discusión sería qué acciones está preparando Washington y hasta dónde está dispuesto a llegar para neutralizar lo que considera una amenaza para sus intereses y para la seguridad de la región.

Y mientras la dictadura intenta construir una red de alianzas para resistir, también enfrenta el desafío de que esas mismas alianzas puedan convertirse en argumentos adicionales para endurecer la respuesta estadounidense.

Nicaragua queda atrapada en un nuevo tablero regional

El escenario que se dibuja para Ortega y Murillo es cada vez más complejo.

Por un lado, el régimen intenta garantizar su supervivencia política mediante alianzas con potencias como Rusia, China e Irán. Por otro, esas mismas relaciones podrían aumentar el interés de Washington sobre Nicaragua.

La dictadura busca protección fuera del hemisferio mientras Estados Unidos redefine su estrategia de seguridad dentro de él.

La gran incógnita es qué vendrá después de los señalamientos y de la presión diplomática.

¿Habrá nuevas sanciones? ¿Más aislamiento? ¿Acciones coordinadas con gobiernos de la región? ¿O una estrategia mucho más amplia para presionar a las dictaduras que Washington considera adversarias?

Mientras esas preguntas permanecen abiertas, Ortega y Murillo intentan construir un frente internacional que les permita resistir.

Pero el mensaje de Berzaín es claro: las alianzas que el régimen presenta como una garantía de supervivencia podrían terminar convirtiéndose en uno de los factores que más lo expongan ante Washington.

Y si Estados Unidos termina ejecutando una estrategia regional coordinada contra los gobiernos que considera amenazas para su seguridad, la dictadura sandinista podría descubrir que su mayor desafío no está dentro de Nicaragua, sino en el nuevo tablero geopolítico que se está configurando a su alrededor.

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