Operador sandinista acusa de “injerencia” al embajador de España y justifica su expulsión
El propagandista oficialista Edwin Suárez, conocido como “El Gato Sandinista”, acusó públicamente al entonces embajador de España en Nicaragua, Sergio Farré Salvá, de supuesta injerencia en asuntos internos, en un discurso que refuerza la narrativa del régimen y confirma el uso de operadores políticos ante el silencio oficial de Rosario Murillo.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
1/30/20262 min read


El propagandista sandinista Edwin Suárez, conocido en redes como “El Gato Sandinista”, acusó al entonces embajador de España en Nicaragua, Sergio Farré Salvá, de presunta “injerencia en los asuntos internos” del país, en una intervención cargada de descalificaciones y alineada con el discurso oficial del régimen Ortega-Murillo.
Las declaraciones de Suárez no solo atacan directamente al diplomático español, sino que confirman que Farré Salvá sostuvo reuniones en Managua con cooperantes internacionales y mantuvo cercanía con sectores críticos del régimen, hechos que el propagandista presentó como una intromisión indebida en temas nacionales.
Reuniones convertidas en “amenaza”
Según Suárez, el contacto del embajador con cooperantes y actores sociales constituía una violación a la soberanía nicaragüense. Esta afirmación refuerza la tesis utilizada por el régimen para justificar la expulsión de Farré Salvá y del ministro consejero Miguel Mahiques Núñez, así como de cinco funcionarios de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
La narrativa oficialista transforma prácticas diplomáticas habituales como reunirse con organizaciones de cooperación y sectores sociales en supuestas acciones conspirativas, una lógica que se ha vuelto recurrente en el discurso del sandinismo gobernante.
Ataques a Estados Unidos y la Unión Europea
Durante su intervención, Suárez también arremetió contra Estados Unidos y la Unión Europea, utilizando términos ofensivos y calificando de “títeres” a quienes critican a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
En ese contexto, presentó la expulsión de los diplomáticos y cooperantes españoles como una medida necesaria para proteger al país de supuestas amenazas externas, reforzando la retórica de asedio que el régimen utiliza para legitimar decisiones arbitrarias.
“Nuestro buen gobierno decidió expulsar a este embajador para preservar la paz, la estabilidad, la soberanía y la autodeterminación”, afirmó Suárez, repitiendo consignas oficiales sin respaldo institucional formal.
Operadores en lugar de voceros oficiales
Hasta ahora, Rosario Murillo no se ha referido públicamente a la expulsión de los diplomáticos españoles, ni la Cancillería ha emitido una explicación detallada sobre la decisión. En lugar de una versión oficial clara, el régimen ha optado por utilizar operadores políticos y propagandistas para instalar su narrativa en el espacio público.
Este patrón no es nuevo. En momentos de alta tensión diplomática, el sandinismo suele delegar el discurso más agresivo en figuras afines, mientras la cúpula gubernamental mantiene silencio o emite comunicados vagos.
La propaganda como sustituto de la diplomacia
Las declaraciones de Edwin Suárez evidencian cómo el régimen sustituye la diplomacia por propaganda y el debate institucional por ataques ideológicos, criminalizando cualquier contacto que no controle directamente.
Lejos de aclarar los motivos reales de la expulsión, el discurso oficialista profundiza el aislamiento internacional de Nicaragua y confirma que la política exterior del régimen se construye desde la sospecha, no desde el diálogo.
Mientras la dictadura guarda silencio, hablan sus operadores.
Mientras no hay versión oficial, hay propaganda.
La acusación de “injerencia” no surge de una investigación diplomática, sino de un libreto repetido: todo contacto independiente es tratado como amenaza.


