OEA prepara fulminante golpe diplomático contra Ortega y Murillo
Exige liberar presos, devolver nacionalidades y retirar a Rusia, China e Irán.
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DaríoMedios Internacional
9/30/20265 min read


El borrador que será discutido el 2 de octubre plantea una hoja de ruta de presión sobre la dictadura y abre la puerta a nuevas acciones diplomáticas, políticas, económicas y financieras si Managua se niega a cumplir.
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo enfrentará el próximo 2 de octubre uno de los mayores desafíos diplomáticos desde la crisis política de 2018, cuando los cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) se reúnan para analizar la situación de Nicaragua y las acciones que correspondan dentro del sistema interamericano.
Sobre la mesa estará un primer borrador de resolución elaborado por Perú, Colombia y Estados Unidos, cuyo contenido plantea exigencias que van mucho más allá de una nueva declaración de preocupación internacional.
El documento propone medidas concretas sobre presos políticos, personas desaparecidas, nacionalidad, libertad de prensa, elecciones, confiscaciones y la presencia de capacidades de seguridad de potencias extrahemisféricas en territorio nicaragüense.
Liberación de presos políticos y restitución de nacionalidades
Entre las principales demandas planteadas en el borrador figura la liberación inmediata e incondicional de las personas privadas de libertad por razones políticas, además de la exigencia de esclarecer el paradero y las condiciones de quienes se encuentran en situación de desaparición forzada.
La propuesta también demanda la restitución de la nacionalidad y de los derechos de cientos de nicaragüenses despojados de su ciudadanía por la dictadura, así como la devolución de bienes y activos confiscados.
El documento contempla además condiciones para que los nicaragüenses exiliados puedan regresar de manera segura al país, sin enfrentar persecución, encarcelamiento o nuevas represalias.
La exigencia alcanza también a los medios de comunicación y organizaciones que fueron expulsados, confiscados o forzados al cierre.
Libertad de prensa y elecciones legítimas
El borrador plantea el restablecimiento de las libertades de expresión, asociación, religión y reunión pacífica, así como la recuperación de condiciones que permitan el funcionamiento de medios de comunicación independientes y organizaciones de la sociedad civil.
Otro de los puntos centrales es la recuperación de un sistema electoral que permita celebrar elecciones legítimas, libres y transparentes, junto con el restablecimiento de la independencia de los poderes del Estado y del pluralismo político.
La propuesta también plantea revertir las reformas constitucionales aprobadas durante los últimos años por Ortega y Murillo, que concentraron todavía más poder en la estructura gobernante.
Rusia, China e Irán quedan en el centro de la resolución
Uno de los elementos que eleva el alcance de la propuesta es la exigencia relacionada con la presencia de actores extrahemisféricos en Nicaragua.
El borrador plantea el retiro de personal, capacidades, instalaciones y tecnología vinculados con actores extranjeros cuya presencia sea considerada una amenaza para la paz y la seguridad del hemisferio, además del fin de determinados acuerdos de seguridad y defensa.
Aunque el texto utiliza una formulación general, el planteamiento coloca bajo la lupa la creciente relación de Managua con Rusia, China e Irán, países con los que el régimen Ortega-Murillo ha profundizado sus vínculos políticos, económicos, tecnológicos y de seguridad.
Con esto, la discusión sobre Nicaragua adquiere una dimensión que trasciende la crisis democrática y los derechos humanos: también entra directamente en el terreno de la seguridad hemisférica y de la creciente presencia de potencias extrarregionales en Centroamérica.
Un grupo ministerial tendrá 30 días para vigilar al régimen
El borrador contempla la creación de un Grupo Ministerial de Seguimiento sobre Nicaragua, encargado de buscar un diálogo directo con las autoridades del régimen y verificar el cumplimiento de las medidas planteadas.
El grupo tendría un plazo inicial de 30 días para presentar un informe con sus conclusiones y recomendaciones.
Incluso se contempla la posibilidad de que sus integrantes intenten viajar a Nicaragua para evaluar directamente la situación y establecer contactos con distintos sectores.
La creación de este mecanismo resulta relevante porque convertiría las demandas de la OEA en un proceso de seguimiento concreto, en lugar de dejarlas únicamente como una declaración política.
Si Ortega no cede, aumenta la presión
El borrador establece que, si la dictadura no cumple con las exigencias, los Estados miembros podrían avanzar hacia acciones colectivas y coordinadas en los ámbitos diplomático, político, económico, financiero e institucional.
También contempla mantener abierta la reunión de cancilleres para que pueda ser convocada nuevamente y evaluar las conclusiones del grupo de seguimiento y las medidas adicionales que correspondan.
Es decir, la propuesta plantea una ruta escalonada: primero las exigencias, después la verificación y, ante un eventual incumplimiento, nuevas medidas de presión.
Para analistas políticos, el escenario más probable es que Ortega y Murillo rechacen las demandas, debido a que aceptar buena parte de ellas implicaría desmontar pilares fundamentales del sistema de poder construido por la dictadura.
Esa eventual negativa, sin embargo, podría convertirse precisamente en el argumento para que los países miembros de la OEA impulsen medidas adicionales.
Washington y el sistema interamericano
El alcance de la propuesta también puede abrir un nuevo espacio para que Estados Unidos y otros países del hemisferio coordinen acciones contra Managua.
La discusión ya no estaría limitada a condenar las violaciones de derechos humanos. El borrador incorpora asuntos como la seguridad regional, la presencia de potencias extranjeras, el restablecimiento democrático y las condiciones para una eventual transición política.
Para los sectores que han venido reclamando una respuesta internacional más contundente, el mecanismo planteado por la OEA podría convertirse en una herramienta para aumentar progresivamente la presión sobre Ortega y Murillo.
No obstante, cualquier medida posterior dependerá de las decisiones que adopten los Estados miembros y de la evolución de las negociaciones.
El 2 de octubre, la dictadura queda nuevamente bajo la lupa
La reunión de cancilleres será, por tanto, un momento clave para determinar hasta dónde llegará la respuesta del sistema interamericano frente a Nicaragua.
El documento conocido hasta ahora es un borrador y todavía puede sufrir modificaciones antes de su discusión y eventual aprobación. Pero su contenido deja planteadas exigencias que tocan directamente los principales pilares de la dictadura: presos políticos, nacionalidad, exilio, libertad de prensa, elecciones, confiscaciones y alianzas estratégicas con potencias externas.
Si finalmente la resolución mantiene estos elementos, Ortega y Murillo no enfrentarán únicamente otra condena internacional.
Enfrentarán un mecanismo de seguimiento con plazos definidos y la posibilidad de nuevas acciones coordinadas si deciden ignorar las exigencias del hemisferio.
El 2 de octubre, los cancilleres tendrán en sus manos la decisión de convertir ese borrador en una nueva hoja de ruta internacional frente a la dictadura Ortega-Murillo.


