«No será la OEA ni la ONU la que saque a Ortega»
El exembajador de Nicaragua ante la OEA cuestiona al organismo regional y sostiene que solo una decisión contundente de Estados Unidos podría cambiar el rumbo de la dictadura Ortega-Murillo.
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DaríoMedios Internacional
8/8/20263 min read


La frustración crece entre los nicaragüenses que esperaban una respuesta más contundente de la comunidad internacional frente a la permanencia de Daniel Ortega y Rosario Murillo en el poder.
Tras la reciente discusión sobre Nicaragua en la Organización de los Estados Americanos (OEA), el debate vuelve a centrarse en una pregunta que cada vez cobra más fuerza: ¿quién tiene realmente la capacidad para sacar a los dictadores del poder?
Miles de nicaragüenses han expresado su descontento con las actuaciones del organismo interamericano y coinciden en que las condenas y resoluciones internacionales no han conseguido modificar la conducta del régimen.
La mirada vuelve así hacia la administración de Donald Trump y hacia la posibilidad de que Washington adopte medidas de mayor alcance contra Ortega y Murillo.
«Lo bueno, lo malo y lo feo de la OEA»
Arturo McFields, exembajador de Nicaragua ante la OEA y exdisidente sandinista, analizó el papel desempeñado por el organismo regional y resumió su valoración en tres palabras: lo bueno, lo malo y lo feo.
Entre lo positivo, destacó la determinación mostrada por Estados Unidos para abordar la crisis nicaragüense más allá de una simple resolución.
También reconoció el trabajo realizado por los nicaragüenses organizados que han desarrollado labores de cabildeo dentro y fuera de los espacios diplomáticos, aunque consideró que los resultados siguen estando muy por debajo de las expectativas.
«Las Américas no estuvieron a la altura»
McFields cuestionó duramente la capacidad actual de la OEA para responder ante una crisis como la que atraviesa Nicaragua.
«Las Américas no estuvieron a la altura. La OEA es un organismo que ya dio lo que tenía que dar, que tiene que reinventarse, reevaluarse y que no está a la altura de estos desafíos», afirmó.
El exdiplomático sostuvo que muchos nicaragüenses dejaron de depositar sus esperanzas en una resolución de la OEA porque consideran que el organismo no cuenta con las herramientas necesarias para provocar la salida de Ortega y Murillo.
«No esperamos mucho de la OEA. Confiábamos porque EE. UU. estaba ahí, pero no es una entidad que pueda dar una resolución que saque a los tiranos», expresó.
Honduras y El Salvador, señalados
McFields también cuestionó las posiciones que considera ambiguas dentro del organismo regional y señaló particularmente a Honduras y El Salvador por lo que calificó como una falta de respuesta contundente frente a la crisis nicaragüense.
El exembajador calificó estas posiciones como una «deuda pendiente» y una «vergüenza regional», al considerar que algunos gobiernos centroamericanos no han demostrado suficiente empatía con los nicaragüenses que continúan sufriendo las consecuencias de la represión y del cierre de los espacios democráticos.
Para McFields, el problema no consiste únicamente en conseguir una mayoría dentro de la OEA, sino en encontrar una herramienta con capacidad efectiva para ejercer una presión capaz de producir cambios reales en Nicaragua.
«No será una resolución de la OEA ni de la ONU»
El exdiplomático fue contundente al plantear su conclusión.
«No va a ser una resolución de la OEA ni de la ONU la que va a sacar a Ortega. Será una resolución absoluta, la misma que sacó a Maduro», afirmó McFields.
Su planteamiento apunta hacia una decisión directa y de mayor alcance por parte de Estados Unidos, país al que distintos sectores de la oposición nicaragüense consideran el principal actor con capacidad para incrementar la presión sobre la dictadura.
McFields, quien rompió públicamente con el régimen de Ortega y Murillo en marzo de 2022, sostiene así que la diplomacia multilateral, por sí sola, no ha conseguido producir la salida de la pareja dictatorial.
La mirada vuelve a Washington
Mientras la OEA continúa debatiendo qué medidas puede adoptar frente a Nicaragua, una parte de la oposición y de los nicaragüenses que exigen un cambio político vuelve a colocar sus expectativas en Estados Unidos.
La pregunta ahora es si la administración Trump está dispuesta a pasar de la presión diplomática y económica a medidas todavía más contundentes contra Ortega y Murillo.
Para quienes ya no confían en nuevas condenas internacionales, el tiempo de los comunicados parece agotarse.
Mientras Ortega y Murillo buscan garantizar su permanencia en el poder, la exigencia de estos sectores de la oposición vuelve a apuntar hacia Washington: una acción capaz de convertir la presión internacional en un verdadero mecanismo de cambio.



