“No rindan culto a sistemas que se creen eternos”: el fuerte mensaje de Silvio Báez
En su homilía del IV Domingo de Cuaresma, el obispo auxiliar de Managua pronunció un mensaje de fuerte contenido moral y profético, exhortando a no callar ante la injusticia ni normalizar la violencia, y advirtiendo contra quienes creen que el poder es permanente.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
3/15/20263 min read


Desde Miami, donde actualmente reside por razones de seguridad, monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, pronunció una homilía que, aunque centrada en el Evangelio del IV Domingo de Cuaresma, resonó más allá del ámbito estrictamente religioso.
Inspirado en el pasaje de la curación del ciego de nacimiento (Jn 9), Báez habló de las distintas formas de “ceguera” que afectan al ser humano y a la sociedad. Sin mencionar directamente a ningún gobierno ni situación política concreta, su reflexión abordó temas como la injusticia, el silencio ante la violencia, el abuso de poder y el culto a sistemas que se consideran eternos.
El mensaje, profundamente espiritual, también contiene una dimensión ética que interpela la realidad contemporánea.
De la oscuridad a la dignidad
En su predicación, Báez explicó que el gesto de Jesús al curar al ciego de nacimiento no fue solamente una sanación física, sino una “nueva creación”, comparable al acto original de Dios al modelar al ser humano con barro.
“La curación del ciego es como un nuevo nacimiento”, afirmó. “Jesús le devolvió su dignidad humana”.
El obispo subrayó que el relato evangélico muestra un proceso de crecimiento en la fe: el ciego pasa de ver en Jesús a “un hombre”, luego a “un profeta”, hasta reconocerlo finalmente como Señor.
En contraste, quienes se aferran a la rigidez mental, al fanatismo o a la soberbia terminan quedándose en la oscuridad.
Las cegueras que deshumanizan la vida
Uno de los momentos más intensos de la homilía fue cuando Báez enumeró lo que llamó “cegueras” contemporáneas.
“Son ciegos quienes violentan los derechos de los otros creyendo que eso los hace poderosos”, expresó.
También señaló como cegueras el silencio cómplice ante la injusticia, la indiferencia frente al dolor ajeno y la creencia de que ciertos sistemas políticos o figuras de poder son eternos.
“Son ciegos quienes creen ingenuamente que hay personas o sistemas políticos que no pasarán jamás, y por eso les rinden culto, entregándoles su corazón y su conciencia”, afirmó.
Sin señalar nombres, la frase adquiere fuerza en contextos donde el poder se presenta como permanente y la crítica se penaliza.
El silencio como forma de ceguera
Báez también cuestionó a quienes callan por miedo o comodidad.
“Son ciegos quienes callan ante la injusticia creyendo que nunca serán víctimas, imaginando que su silencio los protegerá de los tiranos”.
La afirmación apunta no solo al ejercicio del poder, sino también a la responsabilidad moral de la sociedad.
El obispo planteó que la fe cristiana no puede ser evasiva ni acomodada, sino comprometida con la verdad y con la dignidad humana.
Una fe despierta, atenta y profética
Citando palabras recientes del Papa Francisco, Báez recordó que el mundo necesita una “fe despierta, atenta y profética”.
A su juicio, creer no es cerrar los ojos ni renunciar a la razón, sino mirar la realidad con los ojos de Jesús.
“Creer es ver el mundo con los ojos de Jesús a través de la luz del Evangelio”, explicó.
Esa mirada, añadió, no ignora la violencia ni la injusticia, sino que denuncia lo que hiere la dignidad humana y se compromete con la paz, la solidaridad y la verdad.
Un mensaje que trasciende lo litúrgico
Aunque la homilía fue pronunciada en un contexto litúrgico, sus palabras adquieren relevancia pública por provenir de una figura que ha sido una voz crítica frente a situaciones de represión y restricciones a la libertad religiosa en Nicaragua.
Báez vive actualmente fuera del país tras tensiones sostenidas entre sectores de la Iglesia católica y el poder político.
En ese marco, sus llamados a no vivir en el engaño, a no resignarse a la oscuridad y a no rendir culto a sistemas que se consideran permanentes adquieren una dimensión que trasciende lo puramente pastoral.
“No vivamos en el engaño”
En el cierre de su mensaje, el obispo exhortó a no cerrarse en la mentira ni en la soberbia.
“Cuando reconocemos con humildad nuestra ceguera y acogemos la luz del Evangelio, comenzamos a ver la verdad y a vivir con alegría y esperanza”, afirmó.
Báez recordó que la fe no elimina las dudas ni las dificultades, pero permite caminar sin miedo y sin rigideces mentales.
Su homilía concluyó con una invocación a Jesús como “luz del mundo”, invitando a no apartar la mirada del dolor humano ni resignarse a la oscuridad.
Un mensaje espiritual, sí.
Pero también una reflexión ética que interpela conciencias en tiempos donde abrir los ojos puede convertirse en un acto de valentía.


