“No es tiempo de callar”: Mons. Báez llama a denunciar la opresión y sostener la esperanza

En su homilía del III Domingo del Tiempo Ordinario, monseñor Silvio José Báez afirmó que, ante contextos de represión, arbitrariedad y encarcelamientos, la Iglesia no puede guardar silencio. Llamó a mantener la esperanza, acompañar al pueblo y seguir anunciando la cercanía del Reino de Dios.

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DaríoMedios Internacional

1/25/20263 min read

Un mensaje que nace del Evangelio y mira la realidad

Al reflexionar sobre el inicio del ministerio de Jesús, tras el arresto de Juan el Bautista, monseñor Silvio José Báez subrayó que la injusticia no puede paralizar la fe ni la misión. “Las personas pueden ser silenciadas, pero los grandes ideales permanecen”, recordó, citando que la palabra de Dios no está encadenada.

El obispo explicó que Jesús, lejos de ocultarse tras el encarcelamiento del Bautista, eligió seguir adelante, leer los signos de los tiempos y continuar anunciando el proyecto de Dios. Ese mismo camino afirmó debe asumir hoy la Iglesia.

“No es la hora del silencio”

En uno de los pasajes más contundentes de la homilía, monseñor Silvio José Báez afirmó que en países donde el poder se ejerce de forma arbitraria, la represión, las amenazas y el encarcelamiento se han convertido en mecanismos cotidianos de control, sembrando miedo, dolor e incertidumbre en la población. Frente a esa realidad, sostuvo con claridad que no es tiempo de callar ni de resignarse.

En el caso de Nicaragua, sus palabras adquieren un peso concreto: un país marcado por presos políticos, persecución contra voces críticas y un clima de silencio impuesto desde el poder. Ante ese escenario, Báez fue enfático al señalar que para la Iglesia no es momento de replegarse, sino de hablar con claridad para iluminar la oscuridad, sostener la esperanza del pueblo y denunciar sin miedo las estructuras opresivas, recordando que ningún régimen construido sobre la represión es eterno ni tiene la última palabra.

La esperanza no se construye desde arriba

El obispo también cuestionó con firmeza una forma de liderazgo desconectada de la vida real de la gente, más preocupada por pronunciar discursos hacia afuera que por escuchar y acompañar al pueblo dentro del país. Señaló que ha llegado la hora de que los líderes políticos dejen de hablar solo ante organismos internacionales o medios de comunicación y vuelvan a caminar con la gente, comprendiendo sus miedos, necesidades y aspiraciones.

En un contexto donde la oposición aparece fragmentada, dispersa y sin una voz articulada, Báez recordó que el futuro de los pueblos no se construye únicamente desde las cúpulas ni desde el exilio, ni depende de grandes potencias o figuras providenciales. La esperanza señaló, nace cuando el propio pueblo se organiza, resiste y se reconoce como sujeto de su historia.

Su llamado interpela tanto al poder como a quienes aspiran a reemplazarlo: sin pueblo, no hay transformación posible; sin escuchar a la gente, no hay liderazgo legítimo ni camino de salida.

Conversión: cambiar la lógica del egoísmo

Al abordar el núcleo del mensaje de Jesús “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca” Báez explicó que la conversión no es solo un acto individual, sino un cambio profundo de mentalidad y de lógica social.

Convertirse, afirmó, implica abandonar el egoísmo, la indiferencia y la competencia como forma de vida, para adoptar la lógica del amor, la compasión y el respeto, pilares indispensables para construir una sociedad justa y fraterna.

Un Reino que ya está cerca

La homilía cerró con un mensaje de esperanza: Dios no está lejano ni indiferente al sufrimiento humano. El Reino de los Cielos ya está cerca, presente en medio del dolor, la lucha y la búsqueda de justicia.

“El mundo nuevo puede parecer un sueño señaló Báez, pero Dios ya lo está haciendo realidad”. Ese Reino solo espera ser acogido, quitando los obstáculos que impiden su cercanía.

Con un llamado directo al corazón de los fieles, el obispo invitó a acoger hoy, con renovada alegría, el anuncio central del Evangelio:

“Conviértanse, el Reino de los Cielos ha llegado”.