“Ninguna noche es para siempre”: la voz de Mons. Báez que sostiene la esperanza de Nicaragua
En el II Domingo de Cuaresma, el obispo auxiliar de Managua reflexionó sobre la Transfiguración y ofreció un mensaje de esperanza que resuena con especial fuerza para los nicaragüenses dentro y fuera del país.
ESCENARIO NACIONALNACIÓN
DaríoMedios Internacional
3/1/20262 min read


Desde Miami, donde actualmente reside, el obispo auxiliar de Managua, Silvio José Báez, predicó este 1 de marzo la homilía del II Domingo de Cuaresma, centrando su mensaje en el pasaje evangélico de la Transfiguración (Mt 17,1-9). Su reflexión, profundamente espiritual, adquiere un significado especial para un pueblo que ha vivido años de dolor, separación y prueba.
Báez recordó que Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan a lo alto de un monte y se transfiguró ante ellos, mostrando la gloria escondida en su humanidad. Aquella experiencia luminosa ocurrió poco después de que Jesús anunciara su pasión y muerte, dejando a los discípulos confundidos, llenos de miedo y desilusión.
“Debían comprender que la última palabra en la historia no la tienen el dolor, la injusticia, el mal ni la muerte”, afirmó el obispo. Y añadió con firmeza: “Ninguna noche en la vida es para siempre”.
Un mensaje para tiempos difíciles
Aunque la homilía se mantuvo en el marco litúrgico, sus palabras encuentran eco en la realidad que viven muchos nicaragüenses. Báez habló de momentos en los que todo parece oscurecerse, cuando el miedo y la desesperanza amenazan con imponerse.
Explicó que el monte de la Transfiguración prepara para el Calvario: la luz anticipa la cruz, pero también anuncia que la cruz no es el final. Para los discípulos, esa experiencia era necesaria antes de enfrentar la pasión. Para los creyentes hoy, señaló, también es necesario fortalecer la esperanza antes de atravesar la prueba.
Ver más allá de la apariencia
Durante su predicación, comparó la fe con “un par de lentes nuevos” que permiten mirar la realidad con claridad. “En una cruz, el mundo ve derrota; la fe ve el triunfo del amor”, expresó. También afirmó que cada dificultad puede encerrar una semilla de gracia y que incluso en medio del caos Dios sigue obrando.
Báez invitó a no dejarse atrapar por la desesperanza ni por el miedo. “Hace falta tomar distancia y elevarnos por encima de los pantanos del fracaso y la mediocridad”, dijo, subrayando la necesidad de oración y silencio como espacios donde la luz de Cristo transforma el corazón.
Subir al monte y volver a la vida
El obispo recordó que la experiencia del monte no es evasión. Después de contemplar la luz, los discípulos bajaron a la llanura y enfrentaron la realidad cotidiana. De igual forma, los creyentes deben regresar a sus responsabilidades iluminados por la esperanza.
“Iluminados por Jesús no seremos sembradores de oscuridad ni profetas de mal agüero, sino humildes sembradores de destellos de luz”, afirmó al concluir.
Para muchos fieles nicaragüenses, dentro y fuera del país, el mensaje de este II Domingo de Cuaresma se convierte en una reafirmación de que la fe no elimina la prueba, pero sí sostiene la esperanza. Y que, incluso cuando la noche parece larga, no es definitiva.


