Murillo suplica a Dios, no enfrentar la ira de los EEUU

Dictadora Rosario Murillo reaccionó a los ataques en Irán con un discurso marcado por invocaciones religiosas y llamados a la paz, pero evitó mencionar directamente a Washington.

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DaríoMedios Internacional

3/3/20262 min read

En su alocución de este mediodía, Rosario Murillo aseguró que vive “de asombro en asombro” ante la escalada bélica contra la República Islámica de Irán. La frase abrió un discurso centrado en la consternación, el dolor y la necesidad de promover negociaciones “bien intencionadas” para frenar el conflicto.

Tras los ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel y la confirmación de la muerte del ayatolá Alí Jamenei, Murillo calificó los hechos como una “tragedia” y llamó al cese inmediato de las hostilidades. Su intervención estuvo cargada de referencias espirituales, invocaciones a Dios y apelaciones abstractas a la paz.

Sin embargo, hubo una omisión evidente.

El nombre que no se pronunció

En ningún momento mencionó directamente a Estados Unidos. Tampoco a Donald Trump. En un escenario donde la ofensiva ha sido atribuida principalmente a Washington e Israel, la decisión de no nombrar al actor central del conflicto resulta significativa.

Históricamente, el régimen Ortega-Murillo ha mantenido una retórica frontal contra Estados Unidos, a quien responsabiliza de sanciones, presiones diplomáticas y supuestas injerencias. Sin embargo, en esta ocasión el discurso fue cauteloso.

No hubo confrontación abierta, no hubo acusación directa y no hubo el tono desafiante que suele caracterizar sus intervenciones cuando el blanco es Washington.

La prudencia reemplazó a la estridencia.

Un aliado golpeado y un tablero que cambia

Nicaragua sostuvo durante años una relación política cercana con Teherán. El respaldo simbólico al régimen iraní formó parte de una narrativa de alianzas alternativas frente a la influencia estadounidense en la región. Acuerdos de cooperación, declaraciones públicas y afinidad ideológica reforzaron ese vínculo.

La muerte de Jamenei altera ese equilibrio. Irán enfrenta una nueva etapa de incertidumbre política y presión internacional, el reacomodo geopolítico es acelerado y sus efectos se sienten más allá de Medio Oriente.

En ese contexto, el respaldo simbólico pierde margen y los discursos se ajustan.

Cálculo político en medio de sanciones

La dictadura sandinista no atraviesa un momento de fortaleza internacional. Nicaragua enfrenta sanciones individuales, restricciones financieras y cuestionamientos por violaciones a derechos humanos. El aislamiento diplomático se ha profundizado en los últimos años.

Una confrontación directa con Estados Unidos en medio de este escenario podría incrementar tensiones en un momento delicado. La moderación del mensaje de Murillo parece responder a esa realidad.

El énfasis en la oración y la conciliación no borra los antecedentes de alianza con Irán, pero sí evidencia una administración que mide cada palabra ante un entorno global inestable.

Un discurso que revela más de lo que aparenta

La intervención de Murillo no fue explosiva, ni desafiante, ni confrontativa. Fue medida. Eligió hablar de dolor y de tragedia, invocar a Dios y pedir paz, pero dejó fuera el nombre del actor central de la ofensiva. En una coyuntura donde la responsabilidad internacional está claramente señalada, esa omisión no parece accidental.

Durante años, el oficialismo ha elevado el tono cuando se trata de Washington. Ha construido identidad política desde la confrontación y la denuncia permanente de la “agresión imperial”. Sin embargo, ante la muerte de uno de sus aliados estratégicos, el registro cambió.