Murillo sepulta las elecciones
La codictadora ordenó activar de inmediato a la Asamblea Sandinista para ejecutar la voluntad de Daniel Ortega de eliminar las elecciones en Nicaragua.
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DaríoMedios Internacional
7/21/20263 min read


Rosario Murillo no esperó demasiado. Después de que Daniel Ortega anunciara durante el acto del 19 de julio que en Nicaragua no volverán a celebrarse elecciones que permitan un cambio de gobierno, la codictadora aceleró el siguiente paso de su plan: convertir esa amenaza en una realidad política.
A través de un comunicado difundido por la maquinaria propagandística del régimen, se anunció la convocatoria de sesiones especiales y de emergencia de la Asamblea Sandinista, que trabajará junto al Consejo Supremo Electoral controlado por el oficialismo para definir las reformas necesarias que permitan darle una apariencia de legalidad a la eliminación del sistema electoral democrático.
La decisión confirma que la dictadura ya no pretende guardar siquiera las apariencias. Después de años de fraudes electorales, persecución contra partidos políticos, encarcelamiento de opositores y expulsión de candidatos presidenciales, Ortega y Murillo buscan borrar definitivamente cualquier posibilidad de que los nicaragüenses puedan decidir quién gobierna el país.
Murillo acelera el plan del régimen
El comunicado oficialista sostiene que la Asamblea Sandinista impulsará reformas consideradas fundamentales para adaptar el marco jurídico a la nueva línea política impuesta por Ortega.
Con ello, el régimen pretende institucionalizar lo que hasta hace pocos días era una amenaza política: la desaparición de cualquier posibilidad de elecciones libres bajo el argumento de defender la denominada "revolución".
Para diversos sectores, la rapidez con la que Murillo puso en marcha este proceso refleja el nerviosismo que existe dentro de la cúpula sandinista ante la creciente presión internacional y el aislamiento que enfrenta el régimen.
Estados Unidos responde con dureza
Las declaraciones de Ortega provocaron una reacción inmediata de la Administración del presidente Donald Trump.
Mediante un comunicado oficial, el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que Estados Unidos no permanecerá inmóvil mientras la dictadura intensifica la represión y termina de destruir la democracia nicaragüense.
Rubio aseguró que la decisión de eliminar las elecciones demuestra el miedo de Ortega a la voluntad popular y anunció una ofensiva diplomática para aumentar la presión internacional contra el régimen.
El Departamento de Estado también instó a los gobiernos democráticos a actuar de manera coordinada y dejar claro que la dictadura de Ortega y Murillo no puede seguir manteniendo relaciones normales con el resto del hemisferio mientras continúa violando los principios democráticos.
Crece la presión desde el Congreso estadounidense
La respuesta de Washington no quedó únicamente en el pronunciamiento del secretario de Estado.
El congresista republicano Carlos Giménez pidió a la Administración Trump y al Congreso de Estados Unidos avanzar hacia la exclusión de Nicaragua del Tratado de Libre Comercio DR-CAFTA, argumentando que la dictadura ha destruido completamente el orden democrático y continúa actuando en contra de los intereses de seguridad de Estados Unidos.
La propuesta representa una de las medidas económicas más severas planteadas hasta ahora contra el régimen sandinista y podría incrementar considerablemente la presión internacional sobre Ortega y Murillo.
La dictadura desafía a la comunidad internacional
A pesar del endurecimiento del discurso de Washington y de las advertencias provenientes de distintos sectores políticos estadounidenses, Ortega y Murillo parecen decididos a avanzar hasta las últimas consecuencias para consolidar un régimen sin elecciones y sin posibilidad de alternancia en el poder.
La aceleración de las reformas impulsadas por la Asamblea Sandinista confirma que la dictadura pretende blindar jurídicamente su permanencia indefinida en el poder, aun cuando ello implique un mayor aislamiento internacional, nuevas sanciones y un deterioro aún más profundo de sus relaciones con las democracias del continente.
Para numerosos observadores, el mensaje es claro: Ortega y Murillo ya no buscan ganar elecciones. Buscan impedir que los nicaragüenses vuelvan a tener el derecho de elegir.


