Murillo se aferra al poder con su operador de confianza y bloquea cualquier sucesión dinástica

Según el exmagistrado Rafael Solís, la codictadora Rosario Murillo no contempla una salida política ni siquiera dentro de su propio entorno familiar y se apoya en operadores clave para sostener el control absoluto del régimen.

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DaríoMedios Internacional

1/23/20262 min read

Una decisión tomada: no soltar el poder

Rosario Murillo estaría decidida a aferrarse al poder a cualquier costo y no tiene intención de ceder la Presidencia de Nicaragua, ni siquiera como parte de una transición controlada dentro del propio sandinismo. Así lo advierte el exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia Rafael “Payo” Solís, hoy disidente del régimen y exiliado.

De acuerdo con Solís, Murillo es una figura que no negocia, convencida de que su permanencia en el poder es irrenunciable, aun cuando el régimen enfrenta presiones internas y externas sin precedentes.

Un sueño presidencial frustrado en 2018

El exmagistrado sostiene que el proyecto personal de Murillo de convertirse en presidenta se fracturó definitivamente con la rebelión cívica de abril de 2018, cuando amplios sectores de la sociedad rechazaron el modelo autoritario del régimen Ortega-Murillo.

Para intentar sostener ese anhelo, Murillo impulsó según Solís la destrucción del orden constitucional, reescribiendo la Constitución Política a su conveniencia y concentrando el poder en una estructura familiar y partidaria. Sin embargo, advierte que esos cambios no le otorgan legitimidad, sino que profundizan el carácter ilegal del régimen.

Fidel Moreno, el operador de confianza

Más allá de preservar el régimen, la ambición política de Murillo estaría enfocada en blindar su control personal del poder, apoyándose en figuras de absoluta lealtad. Entre ellas destaca Fidel Moreno, a quien Solís identifica como una pieza clave dentro del engranaje autoritario.

Según el exmagistrado, Moreno seguirá escalando posiciones, consolidándose como uno de los operadores más influyentes del régimen, con presencia directa en los municipios y capacidad de ejecutar decisiones políticas sin exposición pública.

Control territorial y disciplina política

Para Murillo, Fidel Moreno representa una ficha estratégica esencial: garantiza control territorial, disciplina partidaria y capacidad de movilización en momentos críticos, especialmente en escenarios de protesta, crisis o presión internacional.

Su perfil como operador silencioso pero eficaz lo convierte, según analistas, en un engranaje indispensable del aparato represivo y de control social que sostiene al régimen.

Un régimen sin salida política

Las valoraciones de Solís apuntan a que Murillo no contempla una salida negociada, ni una sucesión pactada, ni concesiones reales. Su apuesta sería resistir, cerrar filas y reforzar el control interno, incluso a costa de mayor aislamiento internacional y desgaste político.

En ese escenario, la codictadora aparece cada vez más encerrada en su propio proyecto de poder, sostenido por operadores leales, reformas a la medida y una estructura que depende más de la coerción que del consenso.