Murillo reconfigura el poder económico: Ovidio Reyes absorbe el control que dejó “Chico” López
El relevo no es administrativo: concentra en una sola figura el manejo de los recursos y negocios clave del régimen.
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DaríoMedios Internacional
3/27/20264 min read


El desplazamiento de Francisco “Chico” López de la estructura económica del sandinismo no responde a un simple cambio de funciones ni a una transición administrativa rutinaria. Se trata, más bien, de una reconfiguración estratégica del control de los recursos que han sostenido al régimen durante años, en un movimiento que refuerza la concentración de poder en manos del núcleo más cercano a Rosario Murillo.
Tras la salida de López histórico operador de los negocios vinculados al oficialismo, sus funciones han sido absorbidas por Ovidio Reyes, quien ahora no solo dirige la política monetaria desde el Banco Central, sino que también asume un rol central en el manejo de estructuras económicas clave del régimen.
El movimiento no es menor. Implica trasladar el control de miles de millones de dólares a una figura que ya concentraba poder dentro del aparato financiero estatal.
Del operador histórico al nuevo eje del poder económico
Durante más de una década, Francisco López fue el principal administrador de los fondos provenientes de la cooperación venezolana, un flujo que superó los 4,700 millones de dólares y que permitió la construcción de un entramado empresarial paralelo al Estado.
A través de estructuras como Albanisa, esos recursos fueron gestionados con altos niveles de opacidad, sin rendición de cuentas ni control institucional, convirtiéndose en la base financiera de un modelo que combinó poder político con control económico.
La salida de López, en ese contexto, no representa únicamente el retiro de un funcionario, sino la sustitución de una pieza clave dentro de un engranaje mucho más amplio
Ovidio Reyes: de banquero central a “zar” económico
Con la absorción de estas funciones, Ovidio Reyes emerge como una figura que trasciende ampliamente el rol técnico que corresponde a un banco central. Su posición ahora se extiende hacia el control directo de empresas, inversiones estratégicas y estructuras económicas vinculadas al oficialismo.
Este nivel de concentración convierte su figura en un punto de convergencia entre política monetaria, manejo de recursos estatales y administración de negocios asociados al poder, diluyendo los límites entre instituciones públicas y estructuras económicas del régimen.
Fuentes señalan que Reyes articula una red que incluye entidades clave como la Superintendencia de Bancos y el Ministerio de Hacienda, configurando un esquema donde la toma de decisiones económicas se centraliza en un núcleo cada vez más reducido.
La salida de López: entre el silencio y las tensiones
Aunque el discurso oficial intenta proyectar una transición ordenada y sin fricciones, la salida de “Chico” López ocurre en un contexto de creciente hermetismo dentro del régimen y de movimientos internos que apuntan a una depuración de figuras históricas.
La narrativa de normalidad contrasta con el peso que López acumuló durante años, tanto en términos económicos como políticos. Su papel como custodio de recursos estratégicos lo convirtió en una figura clave dentro del sistema, lo que hace difícil interpretar su desplazamiento como un proceso exento de tensiones.
Más aún cuando se produce en paralelo a otros movimientos que sugieren una reconfiguración más amplia del poder interno.
Un modelo que se cierra sobre sí mismo
Lejos de representar un proceso de modernización o apertura, el relevo parece consolidar un modelo donde el control económico se concentra en un grupo cada vez más reducido y alineado directamente con la cúpula del poder.
La acumulación de funciones en una sola figura incrementa los riesgos de discrecionalidad, limita los espacios de rendición de cuentas y refuerza la opacidad en el manejo de recursos públicos y privados vinculados al régimen.
En este esquema, las instituciones dejan de operar como contrapesos y pasan a integrarse en una estructura vertical, donde las decisiones se concentran y se ejecutan sin supervisión independiente.
El trasfondo: control total del dinero y del poder
La reconfiguración del control económico no es un hecho aislado, sino parte de una lógica más amplia orientada a consolidar el dominio absoluto sobre los recursos del país. En un contexto donde las instituciones han sido debilitadas progresivamente, el manejo del dinero se convierte en una herramienta central para sostener el poder político.
El traslado de funciones hacia Ovidio Reyes refuerza esa dinámica: quien controla los flujos financieros, las inversiones y las estructuras empresariales, también define el margen de acción del Estado y sus prioridades.
Nicaragua: economía sin contrapesos
En Nicaragua, donde los mecanismos de control institucional han sido erosionados, este tipo de movimientos internos redefine no solo quién administra los recursos, sino también quién tiene la capacidad de decidir el rumbo económico del país.
La concentración de poder en una sola figura, sin supervisión efectiva ni transparencia, configura un escenario donde las decisiones económicas responden a intereses políticos antes que a criterios técnicos o de desarrollo.
Lo que revela este movimiento
El desplazamiento de “Chico” López y la consolidación de Ovidio Reyes como eje del poder económico no es un simple relevo. Es una señal clara de que el modelo del régimen evoluciona hacia una estructura más cerrada, más centralizada y con menos espacios de autonomía interna.
Un sistema donde el dinero, el poder y las decisiones estratégicas convergen en un círculo cada vez más pequeño.
Y donde, en la práctica, el control económico deja de ser institucional…
para convertirse en una herramienta directa del poder.


