Murillo paga con purgas los descartables sandinistas de León
Los históricos cuadros que durante años sirvieron a la dictadura ahora son desplazados, encarcelados o sustituidos por figuras cercanas al círculo de poder de la codictadora.
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DaríoMedios Internacional
11/6/20263 min read


José Ramón Sarria fue apartado de la secretaría política departamental y sustituido por Víctor Manuel Ruiz, en medio de una serie de desplazamientos internos que evidencian las tensiones entre la vieja militancia del FSLN y el círculo de lealtades que Rosario Murillo busca imponer.
La lealtad de años no parece garantizar ninguna protección dentro de las estructuras de poder de la dictadura Ortega-Murillo. Los militantes históricos del Frente Sandinista que durante décadas ocuparon cargos y ejecutaron las orientaciones de la cúpula ahora figuran entre los desplazados de una reorganización interna que golpea particularmente al departamento de León.
Uno de los casos más recientes es el de José Ramón Sarria, quien fue apartado de la secretaría política departamental de León. Había llegado a ese puesto por orientaciones de Gustavo Porras, después del encarcelamiento de Evertz Delgadillo, otro antiguo cuadro sandinista que terminó recluido en La Modelo, señalado de traición a la patria.
Delgadillo también aparece entre los 54 perpetradores señalados por el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua de Naciones Unidas. Su trayectoria dentro del sandinismo contrasta con el destino que terminó enfrentando dentro de las mismas estructuras que ayudó a sostener.
En 2018, el propio Delgadillo defendía que únicamente la vieja militancia podía salvar al FSLN. Ahora, su caso forma parte de una cadena de desplazamientos, encarcelamientos y relevos que alcanza a antiguos cuadros del partido.
La vieja militancia, desplazada por el círculo de Murillo
León, considerada históricamente una de las cunas del sandinismo, se ha convertido en escenario de una disputa por el control político de las estructuras departamentales. La reorganización no se limita a un solo funcionario: entre los nombres de antiguos cuadros que han perdido sus posiciones figuran Fidel Domínguez, excomisionado de la Policía; Camilo Báez, señalado por su actividad de agitación política, y Evertz Cárcamo.
La pregunta que surge es por qué los cargos políticos cambian de manos con tanta rapidez y por qué algunos de quienes llegan a sustituir a los desplazados tampoco permanecen demasiado tiempo.
Fuentes consultadas sostienen que Rosario Murillo, junto a Gustavo Porras, ha intervenido en la depuración de cuadros sandinistas en León que todavía se identifican como danielistas, pero rechazan la corriente política que representa Murillo. La frase «soy danielista, pero no chayista» resumiría una fractura que, según esas fuentes, incomoda a la cúpula y expone las diferencias dentro de la propia militancia.
La disputa revela una contradicción dentro del sandinismo: quienes durante años defendieron la estructura partidaria y respondieron a sus dirigentes ahora pueden quedar fuera cuando su lealtad no coincide plenamente con las exigencias del círculo de Murillo.
Víctor Manuel Ruiz, el nuevo relevo en León
Tras la salida de Sarria, el puesto ya tiene sustituto. Víctor Manuel Ruiz fue designado como nuevo secretario político departamental de León, una decisión que, según las fuentes, cuenta con el visto bueno de Gustavo Porras.
Ruiz representa un perfil distinto al de los antiguos cuadros que han dominado las estructuras partidarias durante años. Su designación se inscribe en la estrategia de incorporar figuras cuya principal vinculación con el poder estaría asociada a la lealtad personal hacia Murillo, por encima de la trayectoria histórica dentro del FSLN.
Sin embargo, el relevo de nombres no resuelve las tensiones. La rotación de funcionarios y el desplazamiento de antiguos militantes dejan al descubierto una estructura sometida a constantes ajustes, donde la permanencia en los cargos depende cada vez más de la confianza de la cúpula.
Una fractura que también amenaza desde dentro
Las purgas ocurren mientras la dictadura enfrenta presiones internacionales y cuestionamientos internos. A los frentes externos, incluida la presión de Estados Unidos y las gestiones de la Organización de Estados Americanos mediante su Grupo Ministerial, se suma el descontento de sectores de la propia militancia sandinista.
El malestar de antiguos cuadros no es un asunto menor para una estructura que durante años se sostuvo mediante disciplina partidaria, control territorial y lealtades políticas. Cuando quienes ayudaron a construir y mantener ese aparato terminan desplazados, encarcelados o relegados, la fractura deja de ser una diferencia individual y se convierte en un problema interno de poder.
Murillo busca rodearse de personas que respondan directamente a sus orientaciones. Pero cada purga también deja un mensaje para quienes permanecen dentro de las estructuras: la trayectoria, los años de militancia y los servicios prestados no garantizan permanencia ni protección.
La vieja militancia que alguna vez fue presentada como la columna vertebral del FSLN ahora observa cómo sus espacios son ocupados por nuevos operadores. Y mientras la cúpula intenta cerrar filas alrededor de Murillo, las tensiones en León muestran que el desgaste de la dictadura no se expresa únicamente en sus relaciones con el exterior: también atraviesa sus propias filas.



