Murillo lanza mensaje intimidatorio contra el exilio y sus familias
La codictadora arremete contra quienes “lanzan odio” y envía un mensaje directo a familiares de exiliados, en medio de temores por una nueva escalada represiva.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
2/17/20262 min read


Rosario Murillo volvió a endurecer su discurso público. Durante una alocución oficial, la codictadora de Nicaragua lanzó nuevas advertencias contra quienes, según sus palabras, “lanzan odio” contra el Gobierno y contra lo que denomina “enemigos de la paz”.
Las declaraciones no se limitaron a una crítica general a la oposición. Murillo hizo referencia directa a familiares de personas desterradas que aún permanecen en el país, recordándoles la condición de exilio de sus parientes y sugiriendo consecuencias frente a lo que describió como campañas de desprestigio promovidas desde el exterior.
El mensaje fue interpretado por sectores opositores como una advertencia velada que podría anticipar nuevas acciones punitivas contra núcleos familiares vinculados a voces críticas fuera de Nicaragua.
Un discurso que inquieta
Organizaciones de derechos humanos consideran que el tono empleado por Murillo refuerza un patrón de intimidación hacia activistas, periodistas y defensores de derechos humanos en el exilio.
Desde 2018, decenas de opositores han abandonado el país tras procesos judiciales cuestionados por instancias internacionales. En varios casos, organismos multilaterales han señalado detenciones arbitrarias, privación de nacionalidad y restricciones sistemáticas a derechos civiles y políticos.
En ese contexto, el señalamiento público a familiares de exiliados es visto como una forma de presión indirecta. Analistas advierten que el discurso oficial tiende a construir una narrativa de “enemigos internos y externos” que ha servido de base para justificar medidas restrictivas.
Clima de hostilidad
Las declaraciones de Murillo se producen en un momento de creciente aislamiento internacional del régimen y bajo cuestionamientos persistentes por la ausencia de condiciones para elecciones libres y competitivas.
Críticos sostienen que el endurecimiento del lenguaje oficial coincide con una etapa de mayor control político y vigilancia sobre cualquier forma de disidencia.
Familiares de personas desterradas expresan preocupación por posibles represalias administrativas o judiciales. Aunque hasta el momento no se han anunciado medidas concretas, el discurso ha incrementado la percepción de riesgo entre sectores críticos.
Entre narrativa y poder
Para observadores independientes, el uso reiterado de términos como “odio” o “enemigos” cumple una función política: consolidar la idea de amenaza permanente y justificar acciones extraordinarias bajo el argumento de defensa de la estabilidad.
Mientras tanto, organizaciones civiles insisten en que la libertad de expresión y la protección de familiares de exiliados son principios fundamentales reconocidos por estándares internacionales de derechos humanos.
Las palabras de Murillo, más allá de su tono simbólico, vuelven a colocar en el centro del debate la relación entre poder y disidencia en Nicaragua.
Y reactivan una pregunta que persiste:
¿Se trata solo de retórica política… o del preludio de nuevas restricciones?



