Murillo estalla contra EEUU y niega ataques a la libertad religiosa
La dictadora rechazó las críticas internacionales por prohibir procesiones de Semana Santa, mientras Estados Unidos y organismos denuncian restricciones, expulsiones de religiosos y vigilancia a sacerdotes en Nicaragua.
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DaríoMedios Internacional
4/2/20263 min read


Murillo en el centro de las críticas durante la Semana Santa
La Semana Santa se ha convertido en un momento particularmente incómodo para la dictadora Rosario Murillo, quien enfrenta una creciente ola de críticas internacionales por las restricciones impuestas a las expresiones públicas de fe en Nicaragua.
Las críticas se intensificaron luego de que el vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, denunciara que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo está impidiendo la realización de las tradicionales procesiones religiosas en las calles del país.
Las declaraciones del funcionario estadounidense se suman a informes recientes que documentan un deterioro de la libertad religiosa en Nicaragua, incluyendo expulsiones de religiosos, vigilancia a sacerdotes, presiones contra líderes de iglesias y la expulsión de decenas de monjas del país.
Según estas denuncias, algunos líderes religiosos han sido incluso obligados a presentarse regularmente en delegaciones policiales, mientras otros permanecen bajo vigilancia o enfrentan amenazas por sus actividades pastorales.
El régimen niega las acusaciones
En medio de estas críticas, Murillo rechazó las denuncias y aseguró que en Nicaragua la población practica su fe con normalidad.
Durante su intervención en medios oficialistas, la vocera del régimen afirmó que en el país se desarrollan numerosas actividades religiosas y sostuvo que existe plena libertad para la práctica espiritual.
La dictadora insistió en que las acusaciones internacionales forman parte de una campaña destinada a desprestigiar al régimen y a presentar una imagen distorsionada de la realidad nicaragüense.
El silencio sobre las procesiones
Sin embargo, en su pronunciamiento Murillo evitó referirse directamente a uno de los puntos más polémicos de la controversia: la prohibición de procesiones religiosas fuera de los templos.
En los últimos años, las autoridades han impedido que las tradicionales procesiones de Semana Santa se realicen en las calles, obligando a que las celebraciones se desarrollen únicamente dentro de las iglesias o en espacios cerrados.
En la práctica, esta medida ha trasladado las manifestaciones públicas de fe a entornos controlados y bajo vigilancia policial, alterando una tradición profundamente arraigada en ciudades como Granada, León y otros centros históricos del país.
Para muchos fieles, esta restricción representa una de las señales más visibles del deterioro de la libertad religiosa en Nicaragua.
Desviar la atención hacia Estados Unidos
En lugar de abordar directamente las críticas por las restricciones religiosas, Murillo optó por dirigir sus señalamientos contra Estados Unidos.
Durante su mensaje, la dictadora acusó a Washington de cometer supuestas violaciones contra los derechos de migrantes y cuestionó la autoridad moral de quienes critican la situación en Nicaragua.
Este giro retórico forma parte de la estrategia comunicacional habitual del régimen, que suele responder a las críticas internacionales señalando problemas en otros países o denunciando supuestas campañas externas contra el gobierno.
“Fariseos” y acusaciones de conspiración
El discurso oficialista también incluyó acusaciones contra quienes cuestionan la situación de la libertad religiosa en Nicaragua.
Murillo calificó de “fariseos” a los críticos del régimen y afirmó que las denuncias internacionales forman parte de campañas de desinformación impulsadas por intereses extranjeros.
Según la narrativa oficial, las críticas provenientes de gobiernos occidentales, organismos internacionales y sectores de la oposición responderían a intentos de desestabilizar al país.
Murillo bajo presión internacional
A pesar de la negativa del régimen, la situación de la libertad religiosa en Nicaragua continúa generando preocupación en distintos sectores de la comunidad internacional.
Organismos de derechos humanos y gobiernos extranjeros han señalado que las restricciones a procesiones, junto con las expulsiones de religiosos y las presiones contra líderes de iglesias, forman parte de un patrón más amplio de control político sobre la vida social y religiosa del país.
En este contexto, Rosario Murillo se ha convertido en una de las figuras más señaladas internacionalmente por las políticas que limitan la expresión pública de la fe en Nicaragua.
Mientras el régimen insiste en negar las acusaciones, las críticas continúan acumulándose y mantienen a Murillo en el centro del huracán internacional por las restricciones a la libertad religiosa en el país.


