Murillo está en crisis: entre rezos, miedo y traiciones internas
La codictadora admitió “ventarrones y tempestades” en un discurso cargado de referencias bíblicas, mientras crece el cerco diplomático contra su régimen por violaciones a los derechos humanos.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
2/7/20263 min read


La codictadora Rosario Murillo, vocera del régimen que encabeza junto a su esposo Daniel Ortega, recurrió este viernes a un discurso cargado de misticismo religioso para reconocer, de forma indirecta, el momento de fragilidad política que atraviesa la dictadura sandinista.
Durante su alocución del mediodía, Murillo habló de “ventarrones y tempestades” que enfrenta el país, en una retórica inusual que contrasta con el tono triunfalista que ha sostenido durante años desde el poder. Sus palabras se produjeron en un contexto marcado por el endurecimiento de la presión internacional, particularmente desde Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos (OEA).
Sin mencionar directamente a gobiernos o funcionarios extranjeros, la vocera del régimen optó por un lenguaje simbólico y religioso para describir el escenario adverso que enfrenta su administración.
“Que Dios Padre nos permita entender que siempre debemos ir con las velas al viento para caminar, para elevar las plegarias que detengan ventarrones y tempestades…”, expresó Murillo, en un mensaje de tono afligido y cargado de metáforas espirituales.
Presión internacional y silencio político
El mensaje de Murillo se emitió horas después de nuevos pronunciamientos críticos desde Washington, donde figuras del Congreso estadounidense han intensificado su discurso contra la cúpula sandinista. Entre ellas, la congresista María Elvira Salazar, quien ha responsabilizado directamente a Murillo por el endurecimiento represivo del régimen.
A pesar de ese contexto, la codictadora evitó responder con argumentos políticos o referirse a las acusaciones de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. En su lugar, apeló a un discurso abstracto, centrado en la fe, la resignación y la interpretación espiritual de la crisis.
La fe como escudo retórico
En otro pasaje de su intervención, Murillo citó una de las frases más conocidas del cristianismo para descalificar, sin nombrarlos, a quienes critican al régimen.
“Cristo Jesús dijo: ‘Perdónalos, porque no saben lo que hacen’”, afirmó, atribuyendo las críticas externas e internas a sentimientos como el odio o el resentimiento.
Esta estrategia discursiva no es nueva en el oficialismo, pero cobra un peso particular en momentos en que la dictadura es señalada por perseguir, encarcelar y forzar al exilio a líderes religiosos, sacerdotes, monjas y laicos críticos del poder, así como por el cierre de espacios cívicos y organizaciones vinculadas a la Iglesia.
Contradicciones visibles
El uso reiterado del lenguaje religioso por parte de Murillo contrasta con la realidad documentada por organismos internacionales: Nicaragua atraviesa una de las etapas más severas de represión política de su historia reciente, con presos políticos, censura, persecución a la prensa independiente y una ofensiva directa contra instituciones religiosas que no se alinean con el discurso oficial.
Mientras la codictadora invoca a Dios, habla de perdón y se presenta como víctima de “tempestades”, su régimen continúa siendo señalado por convertir la fe en un instrumento político, al tiempo que castiga a quienes desde la religión cuestionan el autoritarismo.
Un discurso que delata fragilidad
Lejos de transmitir fortaleza, el tono de la intervención dejó entrever nerviosismo en la cúpula del poder. Analistas consideran que el énfasis espiritual también responde al temor creciente dentro del propio régimen: el aislamiento internacional, las sanciones y las fracturas internas alimentan la desconfianza incluso entre los suyos.
En ese contexto, el discurso de Murillo no solo buscó responder a la presión externa, sino también enviar un mensaje hacia adentro, en un momento en que la lealtad interna ya no se percibe como inquebrantable.
El recurso a la fe, las citas bíblicas y el lenguaje místico no logran ocultar una realidad concreta: mientras Rosario Murillo se encomienda a Dios y pide perdón para sus críticos, Nicaragua sigue marcada por la represión, el encarcelamiento de opositores, la persecución religiosa y el exilio forzado.
La palabra religiosa, utilizada como escudo, contrasta con los hechos que hoy mantienen al régimen bajo una creciente y sostenida presión internacional.


