Murillo, condenada a ser la “segundona” del poder en Nicaragua

Rosario Murillo pasó de ser la figura secundaria del régimen a copresidirlo sin haber pasado jamás por el veredicto de las urnas.

ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA

DaríoMedios Internacional

6/23/20263 min read

Rosario Murillo ha transitado durante décadas en la sombra del poder ejercido por Daniel Ortega, consolidando una presencia política progresiva dentro del aparato sandinista sin ocupar inicialmente un rol institucional de primera línea. Su entrada formal a la estructura del poder Ejecutivo se produjo el 2 de agosto de 2016, cuando fue presentada como candidata a la vicepresidencia por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para las elecciones de ese año.

A partir de ese momento, Murillo pasó a formar parte de la estructura oficial del gobierno, aunque su posición continuó estando marcada por la jerarquía política de Ortega, quien mantenía el control central del proyecto político y del aparato estatal.

Construcción de una figura dentro del aparato estatal

En los años posteriores, Murillo fue ampliando su presencia dentro del funcionamiento del Estado. Su rol comenzó a reflejarse no solo en la esfera política, sino también en la comunicación gubernamental, la organización de actos oficiales y la definición de la narrativa pública del régimen.

Su figura, inicialmente secundaria, se convirtió en un elemento cada vez más visible dentro del engranaje del poder, especialmente en la construcción del discurso oficial y en la coordinación de la propaganda estatal.

Este proceso estuvo acompañado por una transformación del estilo comunicacional del gobierno, caracterizado por un uso más intensivo de símbolos, mensajes reiterativos y una fuerte centralización del relato político.

2018: la crisis que reconfiguró el poder

La crisis sociopolítica de 2018 representó un punto de inflexión en la dinámica del poder en Nicaragua. Las protestas antigubernamentales y la posterior represión estatal derivaron en un escenario de alta tensión política y aislamiento internacional.

En ese contexto, la estructura del poder dentro del Ejecutivo se reconfiguró, con una mayor concentración de decisiones en el núcleo más cercano al binomio Ortega-Murillo. La crisis no solo impactó la legitimidad del gobierno, sino que también aceleró el protagonismo de Murillo dentro del aparato estatal.

Durante ese periodo, su participación en la conducción del discurso oficial se volvió más evidente, especialmente en la gestión comunicacional del régimen y en la narrativa pública frente a la comunidad internacional.

El fortalecimiento del modelo Ortega-Murillo

Con el paso del tiempo, el sistema político nicaragüense evolucionó hacia una estructura cada vez más concentrada en el poder compartido entre Daniel Ortega y Rosario Murillo. Esta dinámica fue consolidándose tanto en el plano político como en el institucional.

En 2025, el régimen formalizó la figura de la copresidencia, elevando a Murillo al mismo nivel jerárquico que Ortega dentro del Ejecutivo. Este cambio institucional representó la consolidación formal de una estructura de poder dual que ya venía funcionando de facto en años anteriores.

Sin embargo, esta reforma ha sido objeto de críticas por parte de sectores opositores y organismos internacionales, que la consideran una modificación sin base democrática, al no provenir de procesos electorales competitivos ni transparentes.

Control del discurso y presencia pública

En la actualidad, Murillo mantiene una presencia constante en la comunicación oficial del Estado nicaragüense. Su rol como vocera y figura central del aparato propagandístico la ubica en una posición clave dentro del control del discurso público.

El sistema de comunicación gubernamental ha reforzado su imagen como parte fundamental de la conducción del país, en un entorno donde el acceso a medios independientes es limitado y el mensaje oficial domina el espacio informativo.

A pesar de ello, su figura también ha sido objeto de cuestionamientos políticos y observaciones internacionales, en un contexto de creciente señalamiento al modelo de concentración del poder en Nicaragua.

Un poder sin validación electoral directa

El 22 de junio de este año, Rosario Murillo celebró su cumpleaños número 75, o la “conmemoración de su natalicio”, según la narrativa utilizada por los medios oficiales del régimen.

Más allá de la simbología política y la construcción comunicacional de su figura, su ascenso dentro del Estado no ha estado sustentado en un proceso electoral libre, competitivo y verificable que le otorgue legitimidad democrática directa ante la ciudadanía.

El futuro del poder en Nicaragua

A sus 75 años, Murillo continúa ejerciendo el poder junto a Daniel Ortega, de 80 años, dentro de un sistema político altamente centralizado que ha permanecido sin alternancia en el poder durante más de una década.

El futuro del modelo político nicaragüense permanece abierto, especialmente en lo que respecta a una eventual transición dentro del círculo gobernante. Sin embargo, persisten interrogantes sobre si un relevo implicaría cambios estructurales o la continuidad del mismo esquema de concentración del poder.

En ese escenario, Murillo se mantiene como una figura clave dentro de la estructura del régimen, aunque su trayectoria política sigue marcada por una condición persistente: su papel dentro del poder nunca ha sido validado a través de elecciones libres que respalden su liderazgo ante la ciudadanía.

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