Monseñor Silvio José Báez: ser “sal y luz” frente a la injusticia y el poder que oprime

En una homilía pronunciada en Miami, Monseñor Silvio José Báez llamó a no ser cómplices del poder injusto, a desenmascarar la opresión y a vivir la fe como compromiso ético con la verdad, la justicia y la dignidad humana.

ESCENARIO NACIONALNACIÓN

DaríoMedios Internacional

2/8/20263 min read

A partir del Evangelio del V Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Silvio José Báez ofreció una homilía profunda y contundente en la que vinculó la fe cristiana con la responsabilidad moral frente a la injusticia, el abuso de poder y la opresión que sufren los pueblos.

Desde Miami, el obispo auxiliar de Managua forzado al exilio recordó que las bienaventuranzas no son una promesa ingenua, sino una forma concreta de vivir que transforma la historia. “Jesús nos asegura que no nos hemos equivocado al elegir este camino”, afirmó, que quienes optan por la misericordia, la justicia y la paz están llamados a cambiar la realidad.

“Sal de la tierra”: impedir que la historia se corrompa

Monseñor Báez explicó que cuando Jesús llama a sus discípulos “sal de la tierra”, les confía una misión clara: preservar lo bueno y evitar que la convivencia humana se pudra por el egoísmo, la corrupción y la violencia.

Ser sal dijo implica rechazar toda complicidad con los corruptos, renunciar a los ídolos del poder y del dinero, y ponerse del lado de las víctimas del poder injusto. “Somos sal cuando defendemos la dignidad humana, buscamos caminos de paz y justicia y no nos dejamos dominar por la irracionalidad ni el miedo”, expresó.

En un mundo marcado por la exclusión y la represión, Monseñor recordó que perder el “sabor” equivale a resignarse, a callar ante la injusticia o a reducir la fe a una práctica superficial sin consecuencias éticas.

Advertencia contra la fe vacía y acomodada

El obispo fue enfático al advertir que la sal puede volverse insípida cuando se pierde la coherencia. “Sería doloroso dejar de dar sabor a la vida”, señaló, aludiendo a una fe acomodada que evita el conflicto y se desentiende del sufrimiento ajeno.

Sin embargo, también dejó un mensaje de esperanza: Dios no desecha a nadie. Incluso cuando la fe parece apagarse, siempre existe la posibilidad de recomenzar, de reencontrar la fuerza interior para vivir con coherencia y valentía.

“Ustedes son la luz del mundo”

Monseñor Báez profundizó luego en el llamado de Jesús a ser “luz del mundo”, aclarando que no se trata de una luz propia, sino del reflejo de la luz de Cristo en la vida cotidiana.

Esa luz explicó se manifiesta en gestos concretos: la honestidad, la ternura con los más frágiles, el perdón, la lucha incansable por la justicia y la construcción de puentes de paz. “No es exhibicionismo religioso, es coherencia”, afirmó.

La homilía recordó que un mundo sin luz es un mundo deshumanizado y que la fe auténtica no puede esconderse ni apagarse frente a la oscuridad del poder despótico, la represión y la mentira.

Iluminar las tinieblas del poder injusto

Citando al profeta Isaías, Monseñor subrayó que la luz brilla cuando se comparte el pan con el hambriento, se acoge al pobre y se renuncia a la opresión. En ese sentido, fue claro al señalar que los cristianos están llamados a desenmascarar las tinieblas del poder cruel que amenaza, intimida y oprime.

Advirtió que la esperanza se apaga cuando el miedo, el pesimismo o las ideologías sustituyen la fe, y llamó a ser “faros” en medio de un mundo dominado por la oscuridad moral y política.

Fe, compromiso y resistencia ética

La homilía de Monseñor Silvio José Báez fue, más que una reflexión espiritual, una interpelación ética directa: la fe no puede ser neutral frente a la injusticia ni refugio cómodo ante el dolor de los pueblos.

“Estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo”, reiteró, recordando que esa misión exige valentía, coherencia y compromiso con la verdad, aun cuando ello implique persecución, exilio o incomprensión.

En un contexto regional marcado por la represión, el silenciamiento y el abuso de poder, el mensaje de Monseñor Báez vuelve a colocar la fe cristiana como una fuerza de resistencia moral, capaz de iluminar la historia y de dar sabor a la esperanza, incluso en medio de la oscuridad.