Monseñor Silvio Báez: “No tengamos miedo a los sistemas injustos”
Desde el exilio, el religioso llamó a los creyentes a no dejarse paralizar por el mal ni por los sistemas injustos que dominan el mundo y a mantenerse firmes como testigos de esperanza.
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DaríoMedios Internacional
4/5/20264 min read


Durante su homilía del Domingo de Pascua, monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, recordó que el núcleo del cristianismo se resume en una proclamación sencilla pero profundamente transformadora: Jesús pasó haciendo el bien, fue asesinado injustamente y Dios lo resucitó.
Para el prelado, estas palabras condensan el mensaje central del Evangelio y explican por qué la Pascua es considerada la celebración más importante del calendario cristiano.
Báez explicó que la vida de Jesucristo estuvo marcada por una entrega total a los demás. Su misión consistió en anunciar el amor de Dios, sanar a los enfermos, liberar a quienes estaban oprimidos por el sufrimiento y devolver dignidad a quienes habían sido marginados por la sociedad.
A lo largo de su predicación, Jesús mostró un rostro de Dios cercano a las personas que sufren. No se mantuvo distante del dolor humano, sino que se acercó a quienes vivían situaciones de exclusión, pobreza o enfermedad.
Por ello, afirmó el obispo, la vida de Cristo fue una vida completamente orientada al bien. Y precisamente por esa razón, su muerte no puede interpretarse como un simple desenlace trágico, sino como una consecuencia de las tensiones que genera el anuncio de la verdad y la justicia en medio de estructuras de poder.
La injusticia de la cruz
En su reflexión, monseñor Báez recordó que Jesucristo fue condenado y ejecutado de forma injusta por los poderes de su tiempo.
La cruz, explicó, fue el resultado de decisiones tomadas por autoridades religiosas y políticas que vieron en Jesús una amenaza para el orden establecido. Su mensaje de libertad, su cercanía con los pobres y su denuncia de la hipocresía religiosa incomodaron a quienes ejercían el poder.
Sin embargo, para la fe cristiana la historia de Jesús no termina en la cruz.
La resurrección es la respuesta de Dios frente a esa injusticia. Es la manera en que Dios reivindica la vida de su Hijo y demuestra que la violencia, el odio y la muerte no tienen la última palabra.
La Pascua, dijo el obispo, revela que Dios no permanece indiferente ante el sufrimiento humano ni ante las injusticias que se cometen en la historia.
Por el contrario, se manifiesta como un Dios que defiende la vida y levanta a quienes han sido víctimas del mal.
La resurrección como victoria de la vida
Monseñor Báez insistió en que la resurrección de Cristo no es solamente un acontecimiento religioso que pertenece al pasado. Es también un mensaje que ilumina la realidad actual de la humanidad.
Para los cristianos, la resurrección significa que el bien realizado en el mundo nunca se pierde y que las acciones inspiradas en el amor tienen un valor eterno.
Incluso cuando el mal parece imponerse o cuando la injusticia parece triunfar, la fe cristiana proclama que la vida tiene la última palabra.
El obispo explicó que la resurrección es el signo más claro de que Dios está comprometido con la dignidad humana y con la defensa de quienes sufren.
Por eso, el mensaje de Pascua no invita a la resignación ni a la pasividad. Al contrario, impulsa a los creyentes a comprometerse con la construcción de un mundo más justo, más humano y más solidario.
No temer a los sistemas injustos
Uno de los momentos más significativos de la homilía fue el llamado del obispo a no dejarse dominar por el miedo.
Monseñor Báez recordó que la historia humana está marcada por la existencia de estructuras injustas que muchas veces parecen aplastar la dignidad de las personas y silenciar la esperanza de los pueblos.
Sin embargo, la resurrección de Cristo demuestra que incluso las realidades que parecen más oscuras pueden transformarse.
El obispo habló de las “piedras pesadas” que aún hoy deben removerse en la historia: situaciones de injusticia, sistemas que generan sufrimiento y estructuras que impiden que muchas personas vivan con dignidad.
Ante estas realidades, insistió en que los creyentes no deben dejarse paralizar por el miedo ni por la aparente fuerza del mal.
La Pascua, afirmó, es una invitación a mirar el mundo con esperanza y a creer que el bien siempre tiene la capacidad de abrir caminos nuevos.
Un mensaje que resuena con fuerza entre los nicaragüenses
Las palabras de monseñor Báez tienen un significado especial para muchos creyentes nicaragüenses.
El obispo ha sido durante años una de las voces más firmes dentro de la Iglesia católica en defensa de la dignidad humana y de la justicia en Nicaragua.
En 2019 se vio obligado a salir del país después de recibir amenazas en medio de la crisis sociopolítica que sacudió al país desde 2018.
Desde entonces vive fuera de Nicaragua, pero continúa acompañando espiritualmente a muchos fieles y reflexionando sobre la realidad del país.
Por ello, su llamado a no temer a los sistemas injustos y a mantener viva la esperanza resuena con especial fuerza entre quienes viven situaciones de sufrimiento o incertidumbre.
Para muchos creyentes, su mensaje recuerda que la fe cristiana no puede separarse de la defensa de la vida, la dignidad y la justicia.
Testigos de la resurrección
En la última parte de su homilía, monseñor Báez recordó que el encuentro con Cristo resucitado transformó profundamente la vida de los primeros discípulos.
Aquellos hombres y mujeres que antes habían vivido con miedo y confusión se convirtieron después en testigos valientes del Evangelio.
De la misma manera, los cristianos de hoy están llamados a ser testigos de la resurrección en medio del mundo.
Esto implica anunciar la esperanza con palabras, pero también con gestos concretos de amor, solidaridad y servicio.
Ser testigo de la resurrección, explicó el obispo, significa trabajar por la vida, defender la dignidad humana y mantener viva la esperanza incluso en los momentos más difíciles.
“Ha vencido la vida”
Al concluir su homilía, monseñor Báez invitó a los creyentes a celebrar la Pascua con alegría y confianza.
Recordó que la resurrección de Jesucristo es el anuncio de que la vida vence a la muerte, que el amor es más fuerte que el odio y que la esperanza siempre puede renacer incluso después de los momentos más oscuros.
Por eso, animó a los fieles a vivir su fe con valentía y a convertirse en portadores de esperanza en medio del mundo.
Y cerró su reflexión con el anuncio que los cristianos proclaman cada Domingo de Pascua:
“¡Ha vencido la vida, ha vencido el amor! ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”


