*Monseñor Silvio Báez: “El pueblo ya está resucitando al no resignarse al sometimiento”
La homilía del obispo Silvio Báez este domingo 19 de abril, se convirtió en un acto de memoria y esperanza para la comunidad nicaragüense en el exilio, durante una misa conmemorativa dedicada a las víctimas de la represión en Nicaragua, celebrada en la iglesia Iglesia Santa Agatha, en Miami.
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DaríoMedios Internacional
4/19/20263 min read


Lejos de tratarse de una ceremonia ordinaria, el mensaje estuvo marcado por la reflexión sobre el sufrimiento del país y la persistencia de la fe en medio de la adversidad.
Basada en el relato bíblico de los discípulos de Emaús, la homilía trazó un paralelismo entre aquellos seguidores que caminaban desilusionados y el pueblo nicaragüense que, ocho años después de las protestas de abril de 2018, continúa enfrentando las secuelas de la represión.
“La experiencia de estos discípulos me trae espontáneamente a la mente la historia reciente del pueblo de Nicaragua, que hace ocho años se rebeló pacíficamente frente a una dictadura criminal que reaccionó con violencia, reprimiendo y asesinando a centenares de nicaragüenses”, dijo Báez.
“El régimen ha impuesto un estado policial represivo que ha eliminado todas las libertades y ha dejado una dolorosa secuela de cárcel, exilio y muerte. Como los dos discípulos de Emaús, Nicaragua camina herida, muchas veces con incertidumbre, pero siempre hambrienta de libertad, paz y justicia”, denunció el religioso.
En su reflexión, el obispo advirtió sobre el riesgo de perder la esperanza en medio de una historia marcada por el dolor, retomando la enseñanza del evangelio como un mensaje de aliento para los creyentes.
“El evangelio de hoy es un anuncio gozoso para los nicaragüenses. Nos recuerda que no estamos solos. El Señor Resucitado está vivo y camina con nosotros. Comparte nuestro dolor, desea abrirnos los ojos y darnos la fuerza para reconstruir el país y crear un futuro de justicia y libertad para todos”, dijo el obispo.
Así como en el pasaje bíblico Jesús acompaña a los discípulos, Báez subrayó que la fe puede ofrecer consuelo en medio de la crisis, insistiendo en que la violencia no tiene la última palabra.
“La mano poderosa de Dios se ha revelado no en el odio criminal y la violencia, sino en el amor sin límites del Crucificado. La mano de Dios se ha revelado en la cruz, allí donde todo parecía imposible y donde se imponía lo absurdo”, indicó.
En ese sentido, destacó que el sufrimiento puede transformarse en una fuerza para continuar luchando por un futuro distinto.
“Jesús Resucitado nos ofrece a las nicaragüenses razones para esperar y nuevas fuerzas para seguir comprometidos con la construcción de un futuro mejor. Con Jesús a nuestro lado, caminando con nosotros, el dolor padecido puede convertirse en un nuevo estímulo para seguir luchando; podemos descubrir en nuestra impotencia la fuerza de Dios que nos empuja a caminar; los errores cometidos pueden transformarse en una enseñanza para enderezar el camino; la tristeza y el desánimo pueden convertirse en una fortaleza para cambiar la historia”, dijo Báez.
El obispo también llamó a no aceptar las narrativas impuestas por quienes ejercen el poder, señalando que la fe permite reinterpretar los acontecimientos desde la esperanza.
“No hay que caer en la ingenuidad de creer que quienes se imponen con las armas son los vencedores. No hay que dejarse engañar por la lectura deformada de la historia que hacen los criminales en el poder, quienes se presentan como víctimas y llaman culpables a las víctimas. La resurrección de Jesús nos asegura que lo que pudo haber parecido una derrota hace ocho años, como pareció su crucifixión, ha sido la gran victoria de un pueblo que ya está resucitando, al no resignarse al sometimiento injusto ni al secuestro de su propia historia”.
Asimismo, resaltó la dimensión espiritual del pueblo nicaragüense como un elemento clave para sostener la resistencia: “Los nicaragüenses no solo somos un pueblo valiente, sino también creyente. Que Jesús, el Pan de la vida, sostenga siempre nuestro caminar y sea nuestro alimento en los momentos de duda y de cansancio”, dijo el obispo.
Añadió que: “Los nicaragüenses no debemos olvidarlo. No se trata de ir por más victorias, sino de atrevernos a perder por amor, darnos generosamente para que otros vivan y seguir luchando para que pueda surgir una convivencia en libertad, justicia y paz, sin vencedores ni vencidos”
Finalmente, Báez invitó a los fieles a no ceder ante el miedo ni el desánimo, y a mantener viva la esperanza de un cambio.
“(Jesús) Nos libera de la tentación de huir a Emaús, nos envía a los demás y nos vuelve a insertar en la historia. Con la fuerza del Señor Resucitado y bajo la mirada amorosa de la Purísima, Madre de nuestro pueblo, caminemos con esperanza, compartamos el fuego de la fe y estemos siempre dispuestos a construir, con optimismo y generosidad, el futuro digno que nuestro pueblo merece”, concluyó el religioso.


