Monseñor Báez: «No hay que acostumbrarse a la normalidad forzada que quiere imponer el opresor»

El obispo auxiliar de Managua utiliza el pasaje de Jesús caminando sobre las aguas para llamar a los pueblos a vencer el miedo, mantener la esperanza y seguir luchando por una sociedad justa y libre.

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DaríoMedios Internacional

8/9/20263 min read

En medio de la incertidumbre y el sufrimiento que atraviesan los pueblos sometidos a regímenes autoritarios, monseñor Silvio José Báez lanzó un mensaje de fe y esperanza en el que llamó a no dejarse paralizar por el miedo ni acostumbrarse a la realidad impuesta por los opresores.

A partir del Evangelio de Jesús caminando sobre las aguas, el obispo auxiliar de Managua comparó las dificultades de la vida con una pequeña barca sacudida por el viento y las grandes olas, una imagen que también extendió a la Iglesia y a los pueblos que enfrentan poderes autoritarios y represivos.

«No hay que caer en el desánimo»

Báez recordó que, en medio de la tormenta, Jesús se acercó a sus discípulos y les dijo: «Tranquilícense y no teman. Soy yo».

Para el religioso, estas palabras representan una invitación a mantener la confianza incluso cuando las circunstancias parecen adversas y el futuro se presenta incierto.

«Jesús no nos quiere paralizados por el miedo», afirmó al explicar que la fe exige continuar caminando incluso durante los momentos de crisis, dudas e incertidumbre.

El mensaje adquiere una dimensión social cuando el obispo llama también a los pueblos a no abandonar sus aspiraciones de libertad.

Una advertencia frente al poder autoritario

Báez señaló que existen momentos en los que los pueblos pueden sentirse agotados después de numerosos esfuerzos fallidos para alcanzar un cambio social.

«A veces el futuro de los pueblos es incierto: hay mucho sufrimiento y cansancio; pueden intimidarnos los gritos altaneros del dictador que se cree eterno», expresó.

Sin mencionar directamente a Daniel Ortega y Rosario Murillo, el obispo hizo referencia al peligro de aceptar como normal una realidad impuesta mediante la opresión.

«No hay que acostumbrarse a la normalidad forzada que quiere imponer el opresor», advirtió.

«Conservar la rebeldía espiritual»

Uno de los pasajes más contundentes de su reflexión fue el llamado a conservar la capacidad de resistir espiritualmente frente a la opresión.

Báez sostuvo que los pueblos no deben perder la capacidad de soñar con una sociedad diferente, justa y libre, aun cuando el camino esté marcado por el miedo, los errores o los retrocesos.

«Hay que conservar la rebeldía espiritual para no acostumbrarse a la normalidad forzada que quiere imponer el opresor», manifestó.

Para el obispo, la fe no significa permanecer inmóviles esperando que las circunstancias cambien, sino atreverse a caminar incluso cuando no existe certeza sobre lo que ocurrirá.

El miedo puede hacer que el pueblo se hunda

Báez utilizó la figura de Pedro para explicar cómo el miedo puede terminar paralizando a quienes enfrentan situaciones difíciles.

Pedro comenzó a caminar sobre las aguas después de escuchar a Jesús, pero cuando concentró su mirada en la violencia del viento sintió miedo y comenzó a hundirse.

«Pedro no tiene miedo porque se hunde, sino que se hunde porque tiene miedo», explicó el obispo.

La reflexión apunta a una realidad que trasciende el relato bíblico: cuando las personas fijan toda su atención en las amenazas y dificultades, pueden terminar perdiendo la confianza y renunciando a continuar avanzando.

«¡Señor, sálvame!»

Cuando Pedro comenzó a hundirse, gritó a Jesús: «¡Señor, sálvame!».

Báez recordó que existen momentos en los que la oración se convierte en el único recurso posible, pero también en una expresión profundamente humana de confianza.

Según el obispo, la respuesta de Jesús representa la certeza de que Dios no abandona a quienes atraviesan momentos de angustia y desesperación.

La imagen de la mano de Jesús que rescata a Pedro se convierte así en el centro de su mensaje: incluso cuando el miedo amenaza con hundir a una persona o a un pueblo, siempre existe una posibilidad de levantarse y continuar.

«No nos detengamos ni nos hundamos»

Al finalizar su reflexión, monseñor Báez llamó a no detenerse ante las dificultades y a continuar navegando pese a las tormentas.

«No nos detengamos ni nos hundamos. Sigamos navegando por nuevos mares, sin temor a afrontar vientos y tempestades, confiando siempre en el Señor», expresó.

Su mensaje combina la enseñanza del Evangelio con una exhortación a mantener viva la esperanza en medio de las adversidades.

Para el obispo auxiliar de Managua, incluso cuando los pueblos enfrentan miedo, cansancio y retrocesos, no deben renunciar a la posibilidad de construir una sociedad justa y libre.

Y en una Nicaragua marcada por años de represión y exilio, sus palabras vuelven a colocar una idea central: el miedo no puede convertirse en la razón para dejar de caminar.

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