Monseñor Báez: “Los pueblos necesitan centinelas que denuncien el mal cuando este se enquista en el poder”

El obispo auxiliar de Managua advirtió contra el silencio frente a las dictaduras y llamó a defender la democracia, la libertad y la justicia.

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DaríoMedios Internacional

9/6/20264 min read

Miami, 6 de septiembre de 2026. El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, lanzó este domingo una nueva advertencia contra el silencio frente a los abusos de poder y sostuvo que los cristianos tienen el deber de convertirse en “centinelas” capaces de denunciar la injusticia, incluso cuando hacerlo implique enfrentar persecución.

Durante su homilía correspondiente al XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, celebrada en Miami, Báez reflexionó sobre el papel de los creyentes frente al sufrimiento de los demás y trasladó el mensaje de las lecturas bíblicas hacia una realidad que trasciende el ámbito religioso: la responsabilidad de no permanecer indiferentes cuando el poder destruye derechos y libertades.

“Los pueblos necesitan centinelas que denuncien el mal cuando este se enquista en el poder”, afirmó el obispo.

La advertencia adquiere especial fuerza en el contexto de Nicaragua, país del que Báez es obispo auxiliar y donde la Iglesia católica ha sido uno de los sectores más perseguidos por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Aunque en esta homilía el religioso no mencionó directamente a Ortega, Murillo ni al régimen nicaragüense, sí hizo una referencia inequívoca a las dictaduras y a las estructuras políticas que utilizan el poder para limitar las libertades.

“No podemos, por ejemplo, ser espectadores pasivos mientras las dictaduras imponen estructuras políticas abusivas que no solo destruyen la democracia, sino que también atentan contra la libertad del pueblo y su derecho a ser sujeto de su propia historia”, señaló.

El silencio también puede convertirse en complicidad

Báez construyó su reflexión a partir de la figura bíblica del centinela, encargado de vigilar y advertir a la población cuando se aproxima un peligro.

Para el obispo, esa responsabilidad no puede abandonarse cuando denunciar resulta incómodo o peligroso. Recordó que el profeta Ezequiel recibió de Dios precisamente la misión de advertir a su pueblo y que un verdadero profeta no puede permanecer callado frente al mal.

Desde esa perspectiva, Báez cuestionó la actitud de quienes prefieren mantenerse al margen para evitar conflictos.

“Callar ante la injusticia para evitar conflictos o mirar hacia otro lado para no comprometernos nos vuelve cómplices”, afirmó.

El mensaje establece así una línea clara: frente a la injusticia, la neutralidad no siempre significa paz. Para el religioso, cuando el abuso se instala en las estructuras de poder, quienes observan también tienen una responsabilidad moral de advertirlo.

“Denunciar estas arbitrariedades no es un discurso de odio ni un atentado contra la paz”, sostuvo.

Una referencia directa a la defensa de la democracia

La defensa de la democracia ocupó uno de los puntos centrales de la homilía.

Báez advirtió que las estructuras políticas abusivas no solamente afectan el funcionamiento institucional de un país, sino que terminan arrebatando a los ciudadanos la posibilidad de decidir sobre su propio destino.

Su referencia al derecho de los pueblos a “ser sujeto de su propia historia” adquiere una particular dimensión cuando se observa desde Nicaragua, donde el régimen Ortega-Murillo ha concentrado el poder, eliminado espacios de participación democrática y perseguido a sectores considerados críticos.

Sin embargo, el obispo planteó el asunto desde una perspectiva más amplia: la denuncia de la injusticia forma parte de la responsabilidad cristiana, independientemente del costo que pueda tener para quien levanta la voz.

“Llamados por Dios a ser centinelas de la historia, los cristianos denuncian la injusticia como una exigencia de la fe y del amor”, expresó.

Báez llama a no abandonar al hermano

La segunda parte de su reflexión estuvo dedicada al amor y a la responsabilidad hacia los demás.

A partir de las palabras de san Pablo “no tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo”, Báez recordó que ningún cristiano puede desentenderse del sufrimiento ajeno.

Para reforzar esta idea, recurrió al relato de Caín y Abel y a la pregunta que Caín formula después de haber matado a su hermano: “¿Acaso yo soy guardián de mi hermano?”.

La respuesta planteada por el obispo es contundente: sí. Los seres humanos tienen una responsabilidad con los demás y no pueden actuar como espectadores cuando la vida, la dignidad o la libertad de otro están en peligro.

“A imagen de Dios, guardián de Israel, todos somos guardianes y centinelas amorosos de nuestros hermanos: su vida nos importa, es también nuestra responsabilidad”, afirmó.

“Quienes luchan por la libertad han de aprender” a no destruirse

La homilía también incluyó una reflexión que puede leerse en clave de los desafíos que enfrentan quienes buscan construir sociedades democráticas.

Al abordar el Evangelio de Mateo y la llamada “corrección fraterna”, Báez advirtió que incluso quienes comparten un mismo objetivo pueden terminar enfrentados por diferencias ideológicas, intereses grupales o protagonismos personales.

“Pienso en las divergencias entre algunos líderes que, aun compartiendo el mismo anhelo de libertad, se enzarzan en luchas internas”, señaló.

El obispo cuestionó que una ideología, una organización o el protagonismo personal puedan convertirse en razones para descalificar al otro.

“Aferrarse a una ideología, a la sigla de un grupo o al protagonismo personal se convierte en una excusa para descalificar al otro”, expresó.

Y lanzó una exhortación particularmente significativa para quienes trabajan por la libertad:

“Quienes luchan por la libertad han de aprender también este arte evangélico: corregirse sin destruirse, discutir sin distanciarse”.

La unidad, según Báez, no significa renunciar a las diferencias ni dejar de señalar los errores. Significa aprender a hacerlo sin convertir las diferencias en una nueva forma de destrucción.

Una Iglesia llamada a ser “centinela de la historia”

Al concluir su homilía, Báez recordó que la fe cristiana no puede separarse de la defensa de la dignidad humana, la verdad y la justicia.

“Cuando tenemos hambre y sed de justicia, ahí está Jesús”, afirmó.

Su mensaje vuelve a colocar a la Iglesia frente a una responsabilidad que el propio obispo ha defendido reiteradamente desde el exilio: no callar ante el poder cuando ese poder atropella al ser humano.

En Nicaragua, donde el régimen Ortega-Murillo mantiene bajo presión a la Iglesia católica y ha obligado al exilio a numerosos religiosos, las palabras de Báez resuenan más allá de la reflexión dominical.

Esta vez no pronunció los nombres de los gobernantes nicaragüenses. No necesitó hacerlo para dejar planteada su advertencia: cuando una dictadura destruye la democracia y limita la libertad de un pueblo, callar frente a esa realidad contradice la misión de quienes están llamados a ser centinelas de la historia.

“Que su Espíritu nos haga centinelas los unos de los otros, capaces de cuidarnos, corregirnos y perdonarnos con la misma ternura con la que Dios nunca deja de cuidarnos”, concluyó.

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