“Monseñor Báez advierte: encarcelar inocentes y callar ante la injusticia también es “matar”
Desde Miami, donde reside en el exilio, monseñor Silvio José Báez reflexionó este 15 de febrero sobre el “Sermón de la Montaña” (Mt 5,17-37), subrayando que Jesús no vino a abolir la Ley de Moisés, sino a llevarla a su plenitud a través del amor.
DaríoMedios Internacional
2/15/20262 min read


Monseñor explicó que la verdadera justicia no consiste en cumplir externamente los mandamientos, sino en una transformación interior que supere la violencia, el odio y la indiferencia. “La verdadera justicia es el amor”, insistió monseñor, recordando que cada precepto encierra una exigencia radical de caridad.
“No matar” no es solo quitar la vida
Al profundizar en el mandamiento “no matarás”, monseñor afirmó que se puede matar de muchas maneras.
Se mata con palabras que humillan.
Se mata con calumnias.
Se mata con el silencio que ignora la injusticia.
Monseñor sostuvo que el odio y el desprecio son el germen del homicidio, y que también se destruye la vida cuando se niega la dignidad de una persona o se le priva injustamente de su libertad.
En una referencia clara a contextos de represión, monseñor señaló que en los regímenes totalitarios encarcelar inocentes por pensar diferente, obligar al destierro o privar de la nacionalidad constituyen actos criminales que deberán responder ante la justicia.
Un mensaje que interpela a Nicaragua
Aunque la homilía de monseñor fue una reflexión bíblica, sus palabras adquieren una dimensión particular frente a la situación de Nicaragua, marcada por denuncias de persecución política, encarcelamientos, destierros y pérdida de ciudadanía en los últimos años.
Monseñor ha denunciado reiteradamente la represión y ha advertido que el silencio cómplice también mata la dignidad de los pueblos.
“Podemos matar con el silencio”, recordó monseñor, subrayando que no denunciar la injusticia destruye la esperanza social.
La plenitud de la Ley es amar sin cálculo
Monseñor insistió en que Jesús no invita a una justicia mínima, sino a aspirar al máximo que exige el amor.
Frente al adulterio, monseñor explicó que no basta la fidelidad exterior, sino que se requiere ternura y transparencia. Frente al juramento falso, monseñor recordó que la palabra debe ser veraz sin necesidad de invocar a Dios como testigo.
Pero fue en el llamado a erradicar la violencia interna donde monseñor puso el acento principal: eliminar la ira, el desprecio y el deseo de venganza como condición para construir una sociedad más humana.
Para monseñor, el mandamiento “no matarás” no se agota en evitar el derramamiento de sangre.
También implica no destruir reputaciones, no humillar, no encarcelar injustamente, no desterrar y no guardar silencio frente al abuso.
En un país herido por la polarización y el exilio, el llamado de monseñor a vivir la plenitud del amor se convierte en una interpelación moral directa a la conciencia nacional.


