Mons. Silvio Báez: “Nadie puede usar a Jesús para justificar abusos de poder”
El obispo nicaragüense afirmó que el mensaje de Jesús no puede utilizarse para justificar la represión ni el silencio impuesto a los pueblos.
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DaríoMedios Internacional
3/29/20264 min read


Durante su homilía del Domingo de Ramos, pronunciada desde Miami, el religioso invitó a contemplar la pasión de Cristo como un espejo que permite comprender las dinámicas de abuso de poder que han marcado la historia de la humanidad y que, según sugirió, continúan repitiéndose en la actualidad.
Báez recordó que el proceso que llevó a Jesús a la cruz estuvo plagado de irregularidades jurídicas, acusaciones falsas y decisiones políticas que terminaron imponiendo una condena injusta contra alguien que no había cometido delito alguno.
Según explicó, Jesús fue arrestado sin fundamento legal, juzgado de noche algo que estaba prohibido por la ley de la época y acusado mediante testimonios falsos. Incluso el propio gobernador romano Poncio Pilato, consciente de la inocencia del acusado, terminó cediendo a las presiones políticas y lo condenó a muerte.
Para el obispo nicaragüense, estos acontecimientos revelan cómo la verdad puede convertirse en una amenaza para quienes ejercen el poder cuando ese poder se sustenta en el miedo, la manipulación o la defensa de intereses particulares.
Un mensaje incómodo para los poderes establecidos
En su reflexión, Báez explicó que el camino hacia la cruz no comenzó el día del arresto de Jesús, sino mucho antes, cuando su predicación empezó a cuestionar los sistemas religiosos y políticos de su tiempo.
El mensaje de misericordia, justicia y cercanía con los pobres que predicaba Jesús resultó incómodo para sectores religiosos que estaban más preocupados por preservar su prestigio y su autoridad que por promover la fraternidad entre las personas.
Al mismo tiempo, su defensa de los más vulnerables y su denuncia implícita de las injusticias sociales representaron una amenaza para un poder político que se sostenía mediante la intimidación y la fuerza.
De acuerdo con Báez, fue precisamente esa combinación de intereses religiosos y políticos la que terminó sellando el destino de Jesús.
“La mentira del mundo no soportó la verdad de Jesús”, reflexionó el obispo, al señalar que la historia de la pasión muestra cómo los poderosos pueden llegar a confabularse para silenciar a quienes defienden la justicia.
“Nadie puede usar el nombre de Jesús para justificar abusos”
Uno de los momentos más contundentes de la homilía llegó cuando el obispo advirtió que el nombre de Jesús no puede ser utilizado como instrumento para legitimar abusos de poder o para encubrir injusticias.
Báez señaló que la figura de Cristo ha sido utilizada a lo largo de la historia por distintos poderes para justificar acciones que contradicen radicalmente el mensaje del Evangelio.
Según afirmó, ningún poder humano tiene derecho a invocar a Jesús para promover una falsa paz basada en el miedo, la represión o el silencio impuesto a los pueblos.
El religioso también recordó que la tradición bíblica advierte que Dios no escucha la oración de quienes tienen las manos manchadas de sangre, una expresión que utilizó para señalar que la fe no puede separarse de la justicia y del respeto por la dignidad humana.
La cruz como símbolo del sufrimiento de los pueblos
Más allá del acontecimiento histórico narrado en los Evangelios, Báez subrayó que la cruz de Cristo sigue teniendo un profundo significado para el mundo contemporáneo.
En su reflexión, afirmó que en las heridas de Jesús se refleja el sufrimiento de millones de personas que hoy viven situaciones de injusticia, violencia o exclusión.
El obispo mencionó particularmente el dolor de los pobres, de quienes sufren represión política, de los presos por motivos de conciencia y de quienes han sido obligados a abandonar su país y vivir en el exilio.
Para Báez, la cruz no representa solo el sufrimiento individual de Jesús, sino también la solidaridad de Dios con todos los seres humanos que padecen injusticias.
En ese sentido, afirmó que el último grito de Jesús en la cruz también puede escucharse hoy en el clamor de los pueblos que buscan libertad, justicia y dignidad.
Un Dios que responde con misericordia
A pesar de la dureza del relato de la pasión, el obispo subrayó que el mensaje central del Evangelio no es el castigo ni la venganza, sino la misericordia.
Según explicó, la justicia de Dios no consiste en destruir al pecador ni en responder a la violencia con más violencia, sino en ofrecer perdón y abrir caminos de reconciliación.
Báez describió a Dios como un padre que se acerca al sufrimiento humano con compasión, que comparte las lágrimas de quienes sufren y que ofrece esperanza incluso en medio de las situaciones más dolorosas.
En la cruz, dijo, se revela un Dios que no responde con poder ni con imposición, sino con amor, silencio y entrega.
Una invitación a vivir la Semana Santa con esperanza
Al concluir su homilía, el obispo invitó a los fieles a vivir la Semana Santa contemplando el significado profundo de la cruz y dejando que el mensaje de Jesús inspire la construcción de un mundo más justo y fraterno.
Según expresó, la contemplación del crucificado permite descubrir que el amor de Dios es más fuerte que el odio, que la injusticia y que cualquier forma de violencia.
Para Báez, el mensaje de la cruz sigue siendo hoy una llamada a la esperanza y a la transformación del mundo a través de la justicia, la solidaridad y la misericordia.
“Desde la cruz, Jesús sigue recordándonos que Dios es amor”, concluyó.


