Mons. Silvio Báez llama a construir una sociedad sin violencia, corrupción ni mentira

En su homilía por Todos los Santos, el obispo reivindicó la justicia, la transparencia y la misericordia como pilares de un mundo mejor.

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DaríoMedios Internacional

11/2/20263 min read

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, planteó la necesidad de construir un mundo basado en la bondad, la transparencia, la misericordia y la justicia, sin violencia ni mentira, durante su homilía por la solemnidad de Todos los Santos, celebrada el 1 de noviembre en Miami.

En su reflexión, el religioso presentó las bienaventuranzas como un camino para transformar la vida personal y la convivencia social, y recordó que la santidad no consiste únicamente en una práctica religiosa privada, sino en asumir un compromiso concreto con los demás.

«Las bienaventuranzas son el camino de la santidad y la alternativa para un mundo mejor: un mundo hecho de bondad, transparencia, misericordia y justicia, sin violencia ni mentira», expresó Báez.

El mensaje destaca por la exigencia de esos valores en una sociedad donde la corrupción, la violencia y la falta de honestidad contradicen los principios que, según el obispo, deben orientar la conducta humana.

La justicia y el rechazo a la corrupción

Durante su homilía, Báez explicó que las bienaventuranzas no son únicamente un retrato de Jesús y de los santos, sino también una invitación a construir una realidad distinta desde las decisiones cotidianas.

Al referirse a quienes viven esos principios, mencionó a las personas que trabajan honradamente, perdonan, comparten lo que tienen y mantienen su compromiso con el bien, incluso en medio de las dificultades.

Entre sus ejemplos destacó al joven que no se deja arrastrar por la corrupción, una referencia con la que subrayó la importancia de mantener la integridad personal frente a las conductas que deterioran la convivencia.

El obispo también señaló que los santos son quienes tienen hambre y sed de justicia, rechazan la violencia y trabajan por un mundo como Dios lo quiere.

«La santidad no se vive huyendo del mundo»

Báez insistió en que la santidad no debe confundirse con el aislamiento de la realidad ni con una religiosidad limitada al ámbito privado.

«La santidad no se vive huyendo del mundo ni encerrándose en una piedad privada», afirmó.

En esa línea, explicó que vivir las bienaventuranzas implica actuar con misericordia, humildad, paciencia y bondad, además de abandonar las palabras y los gestos que hieren a otras personas.

Para el religioso, la transformación social comienza cuando cada persona permite que esos valores orienten su comportamiento en la familia, el trabajo y la sociedad.

También recordó a los llamados «santos de la puerta de al lado», expresión utilizada por el papa Francisco para referirse a quienes viven su fe mediante acciones sencillas: madres que cuidan a sus hijos, padres que trabajan honradamente, personas que perdonan y quienes atraviesan el sufrimiento sin perder la esperanza.

Un mundo distinto comienza con la transformación de las personas

En otro momento de su mensaje, el obispo sostuvo que el mundo de las bienaventuranzas todavía no existe porque la humanidad no ha terminado de construirlo. Sin embargo, afirmó que es posible acercarse a ese ideal desde la historia y mediante cambios concretos en la manera de vivir.

Báez recurrió a una enseñanza de san Pablo para explicar que las personas deben revestirse de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. A su juicio, esos valores permiten sanar tanto el corazón como las relaciones humanas.

Asimismo, citó al papa León XIV, quien durante el Ángelus del 1 de noviembre recordó que «la santidad no es un privilegio reservado a unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a todos allí donde vivimos».

Báez llama a vivir sin perder la esperanza

Al concluir la homilía, monseñor Báez invitó a los fieles a confiar, perdonar, compartir y mantener la esperanza, siguiendo el ejemplo de los santos.

Su mensaje insistió en que las enseñanzas de Jesús deben traducirse en un cambio real de vida y no quedarse únicamente en palabras o expresiones de fe.

«Serán felices y harán felices a otros», expresó al cerrar su reflexión sobre las bienaventuranzas.

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