Mons. Báez: Las “dictaduras desgastadas” profanan el nombre de Jesús

Desde Miami, el obispo Silvio José Báez lanzó una contundente crítica contra las dictaduras que utilizan la religión para legitimar el autoritarismo y aferrarse al poder.

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DaríoMedios Internacional

8/30/20264 min read

Las dictaduras desgastadas que se escudan hipócritamente en la religión profanan el nombre de Jesús”.

La frase de monseñor Silvio José Báez golpeó este domingo el corazón de uno de los mecanismos que utilizan los regímenes autoritarios: apropiarse del lenguaje religioso mientras convierten el poder en un instrumento de sometimiento.

En su homilía del XXII Domingo del Tiempo Ordinario, Báez no necesitó pronunciar los nombres de Daniel Ortega y Rosario Murillo para describir una realidad perfectamente reconocible en Nicaragua.

El obispo habló de sistemas donde “los poderosos se endiosan y convierten sus caprichos en ley”, y advirtió que quienes se niegan a vivir sometidos terminan enfrentando calumnias, ofensas y persecución.

La referencia resulta especialmente contundente en un país donde la dictadura Ortega-Murillo ha perseguido a religiosos, expulsado sacerdotes y obispos, cerrado espacios de libertad y convertido la crítica al poder en motivo de represalia.

Cuando el poder utiliza a Dios como escudo

Báez fue todavía más directo al explicar la contradicción entre el mensaje de Jesús y la conducta de los regímenes que utilizan la religión para legitimarse.

Según el obispo, las dictaduras pueden invocar a Jesús, pero no pueden apropiarse de su mensaje.

Se apropian del nombre de Jesús para legitimar su autoritarismo, mientras silencian al Crucificado”, afirmó.

La razón, explicó, es sencilla: el Cristo del Evangelio no representa la soberbia del poder, sino el servicio, la entrega y la defensa de quienes sufren.

Por eso lanzó una de las frases más fuertes de su homilía:

Un Mesías que se abaja, que sirve y que entrega la vida por los demás desenmascara su soberbia y condena sus aspiraciones a eternizarse en el poder”.

La palabra “eternizarse” adquiere un peso particular en Nicaragua.

Ortega y Murillo llevan años construyendo una estructura política destinada a garantizar su permanencia y han utilizado el aparato estatal para neutralizar a quienes cuestionan su dominio.

Mientras tanto, el discurso oficial continúa recurriendo a Dios y a símbolos religiosos.

Es precisamente esa contradicción la que Báez coloca bajo la lupa.

La verdad incomoda al poder

El obispo también habló de la persecución que sufren quienes deciden decir la verdad en sociedades dominadas por la mentira.

En un mundo construido sobre la mentira, quien dice la verdad es perseguido y silenciado”, afirmó.

No se trata, en su reflexión, de buscar deliberadamente el sufrimiento. Jesús sabía que enfrentarse a las estructuras de poder tendría consecuencias y, aun así, no renunció a su misión.

Báez trasladó esa enseñanza a quienes hoy denuncian las injusticias.

Recordó que muchos prefieren evitar problemas, guardar silencio o incluso pactar con los poderosos antes que asumir los costos de enfrentarlos.

A muchos les parece imprudente denunciar los atropellos de los poderosos y prefieren callar o pactar con ellos”, señaló.

La frase toca directamente una realidad que ha marcado a Nicaragua desde 2018: periodistas, opositores, defensores de derechos humanos y religiosos que han tenido que enfrentar persecución por mantener una voz crítica frente al régimen.

La Iglesia frente a la dictadura

El mensaje de Báez también establece cuál considera que debe ser la posición de la Iglesia frente al poder.

No convertirse en un instrumento de legitimación.

No guardar silencio ante las víctimas.

No utilizar la religión para proteger a quienes gobiernan mediante el miedo.

Para el obispo, “tomar la cruz” significa precisamente colocarse del lado de quienes sufren y asumir las consecuencias de luchar contra aquello que los oprime.

Ese planteamiento choca frontalmente con cualquier intento de convertir la fe en propaganda política.

Y en Nicaragua la tensión entre ambas posiciones ha sido evidente.

Mientras la dictadura ha utilizado un discurso cargado de referencias religiosas, buena parte de la jerarquía católica ha terminado en prisión, en el exilio o bajo persecución.

Báez es uno de los rostros más visibles de esa Iglesia que continúa hablando desde fuera del país.

El mensaje que Ortega y Murillo no pueden ignorar

La homilía no fue un discurso partidario ni necesitó mencionar nombres propios.

Fue, precisamente, una condena a una forma de ejercer el poder.

Pero en Nicaragua la descripción resulta demasiado precisa para pasar inadvertida.

Un régimen que convierte sus intereses en ley, persigue a sus críticos, utiliza la religión para legitimarse y pretende perpetuarse en el poder encaja exactamente en la advertencia planteada por Báez.

El obispo puso así la discusión en un terreno que incomoda especialmente a Ortega y Murillo: no el de sus decisiones políticas, sino el de la legitimidad moral de utilizar el nombre de Dios mientras se persigue a quienes denuncian la injusticia.

Y dejó claro que la fe no puede ser utilizada como refugio de los poderosos.

Porque el Jesús del Evangelio, según la propia reflexión de Báez, no se coloca delante de las víctimas para proteger al poderoso. Se coloca al lado de ellas.

Y frente a quienes pretenden convertir su dominio en algo eterno, el mensaje resulta todavía más contundente:

ninguna dictadura puede apropiarse de Dios para hacer eterno un poder que, por naturaleza, también está destinado a terminar.

Un Jesús que sirve, que se pone del lado de las víctimas y que denuncia la injusticia no legitima a quienes convierten el poder en un instrumento de dominación.

Al contrario, los desenmascara.

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