Moncada regresa humillado: Washington lo ignora y la dictadura se queda sin fichas diplomáticas
El retiro de Denis Moncada de la embajada nicaragüense en Estados Unidos confirma el aislamiento del régimen Ortega-Murillo. Washington no abrió canales, ignoró los intentos de acercamiento y dejó en evidencia la fragilidad del aparato diplomático sandinista.
ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA
DaríoMedios Internacional
1/30/20262 min read


Un intento fallido en Washington
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo oficializó cambios en su representación diplomática tras el fracaso de Denis Moncada Colindres en Washington, donde intentó sin éxito abrir algún canal de entendimiento con el Gobierno de Estados Unidos.
Lejos de lograr gestos de acercamiento o interlocución, Moncada fue ignorado por las autoridades estadounidenses y terminó regresando a Managua sin resultados concretos, en un contexto de profundo desgaste internacional acumulado por su rol como uno de los principales defensores del régimen en foros diplomáticos.
Un interlocutor sin credibilidad
Fuentes políticas y diplomáticas coinciden en que la credibilidad de Denis Moncada quedó severamente erosionada por su reiterada defensa de las violaciones a los derechos humanos, el cierre del espacio democrático y la criminalización de la disidencia en Nicaragua.
Esa trayectoria lo convirtió en un interlocutor inviable ante Washington, que mantiene una lectura clara del poder real en Managua: Rosario Murillo, quien concentra las decisiones estratégicas del régimen y cuya negativa sistemática a ceder es vista como un obstáculo estructural para cualquier intento serio de negociación.
Para Estados Unidos, el problema nunca fue Moncada como individuo, sino el modelo de poder que representa.
En este contexto, la dictadura confirmó el retiro del general en retiro Denis Moncada Colindres de la sede diplomática en Washington. El exembajador regresará a Nicaragua para asumir funciones internas en la Cancillería, un movimiento interpretado por analistas como un repliegue forzado, más que como un relevo estratégico.
En su lugar, Guisell Morales Echaverry asumirá como encargada de negocios en la embajada nicaragüense en Estados Unidos. Sin embargo, especialistas advierten que este cambio no altera el fondo del aislamiento diplomático que enfrenta el régimen.
Sin fichas nuevas en el tablero
El movimiento deja al descubierto una debilidad estructural del aparato diplomático sandinista. La dictadura no dispone de un recambio real de cuadros con credibilidad internacional y continúa reciclando a figuras desgastadas, en quienes confía más por lealtad que por capacidad de interlocución.
La falta de nuevos liderazgos, sumada al desprestigio acumulado de sus viejos operadores, reduce cada vez más el margen de maniobra del régimen en el escenario internacional. No hay fichas nuevas para jugar, ni capital político para arriesgar.
El problema no está en la embajada
Mientras Estados Unidos mantiene bien estudiada la forma en que Rosario Murillo ejerce el poder, los cambios en la diplomacia nicaragüense confirman una realidad incómoda para el régimen: el problema no es quién ocupa la embajada, sino quién toma las decisiones en Managua.
Washington no ignora nombres.
Ignora un régimen sin credibilidad, sin voluntad de cambio y cada vez más aislado.
El regreso de Denis Moncada sin resultados no es un hecho aislado, sino un síntoma del agotamiento diplomático del sandinismo gobernante. Sin fichas nuevas, sin interlocutores válidos y con el poder concentrado en una figura inflexible, la dictadura enfrenta un escenario internacional cada vez más estrecho.



