Miércoles de Ceniza en el exilio: miles de nicaragüenses viven la fe lejos de su tierra

Desde Costa Rica hasta Estados Unidos y España, la diáspora nicaragüense marca la cruz en la frente con nostalgia, fe y esperanza, recordando un país del que muchos salieron forzados.

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DaríoMedios Internacional

2/19/20262 min read

El Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma, un tiempo de reflexión, penitencia y esperanza para millones de católicos en el mundo. Pero para miles de nicaragüenses que viven fuera de su país, esta fecha tiene un significado aún más profundo: es una jornada de fe atravesada por la distancia, el desarraigo y la memoria.

En parroquias de Costa Rica, Estados Unidos, España y otros países donde se ha asentado la diáspora, los templos se llenan de acentos nicaragüenses. Familias completas asisten a misa con el corazón dividido entre el país que los acoge y la tierra que dejaron atrás.

Muchos salieron tras la crisis sociopolítica iniciada en 2018, otros huyeron por razones económicas o por temor a represalias. Hoy viven el inicio de la Cuaresma lejos de sus barrios, de sus parroquias de siempre, de sus procesiones tradicionales y de las iglesias que marcaron su infancia.

Fe en medio del exilio

El gesto sencillo de recibir la ceniza en la frente “polvo eres y al polvo volverás” adquiere en el exilio un peso distinto. Para muchos, es también un recordatorio de fragilidad, pero al mismo tiempo de resistencia.

En ciudades como San José, Miami, Madrid o Houston, sacerdotes han reconocido el dolor silencioso de quienes viven lejos de Nicaragua. Algunos templos incluso incorporan peticiones especiales por la situación del país, por los presos políticos, por los exiliados y por la reconciliación nacional.

La Iglesia nicaragüense ha sido golpeada en los últimos años por tensiones con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Sacerdotes, obispos y líderes religiosos han enfrentado restricciones, procesos judiciales y expulsiones, lo que ha convertido la vivencia de la fe en un tema también atravesado por la realidad política.

Nostalgia y esperanza

Para muchos migrantes, el Miércoles de Ceniza no es solo una celebración litúrgica. Es una conexión con sus raíces. Es recordar a la abuela que los llevaba a misa, la iglesia del barrio, el sonido de las campanas en Managua, León, Granada o Matagalpa.

En el exilio, la fe se convierte en un puente. Une generaciones. Sostiene identidades. Y mantiene viva la esperanza de regresar algún día a una Nicaragua en paz.

Mientras la cruz de ceniza se dibuja sobre miles de frentes nicaragüenses fuera del país, la Cuaresma comienza con una mezcla de nostalgia y determinación. Lejos de casa, pero no lejos de su fe.

Porque, aunque el exilio cambie la geografía, no borra la identidad y en cada iglesia donde un nicaragüense inclina la cabeza este Miércoles de Ceniza, también late el deseo de un futuro distinto para su país.