Miedo a tope: el pánico queda al descubierto en la reforma “chayista”

El régimen blinda las reglas del juego ante el fantasma de unas elecciones libres que podrían sacarlo del poder.

ESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA

DaríoMedios Internacional

8/28/20264 min read

En un nuevo capítulo del espectáculo montado por la dictadura alrededor de las supuestas consultas para reformar la Constitución, el aparato sandinista volvió a dejar al descubierto una de sus mayores obsesiones: evitar a toda costa enfrentarse a elecciones libres, transparentes y competitivas.

La más reciente puesta en escena ocurrió durante una sesión especial de la Asamblea Nacional con integrantes de la Juventud Sandinista, una actividad presentada como parte del proceso de consulta constitucional, pero que volvió a mostrar la ausencia de una discusión plural y la presencia predominante de simpatizantes del régimen. Entre los asistentes hubo incluso funcionarios y participantes cuya juventud parecía haber quedado bastante atrás, mientras otros ni siquiera conseguían disimular el aburrimiento durante la actividad.

En medio de este escenario, el operador político Gustavo Porras terminó exponiendo, según analistas, una de las principales preocupaciones de Ortega y Murillo: construir un blindaje constitucional que les permita mantener el control del Estado y reducir al mínimo cualquier posibilidad de que una verdadera competencia electoral pueda sacarles del poder.

El verdadero temor: competir en elecciones

La reforma constitucional impulsada por la dictadura no aparece, bajo esta lectura, como un simple proceso de modificación de normas jurídicas. Para analistas políticos consultados por DaríoMedios, se trata de una arquitectura diseñada para consolidar el poder de Ortega y Murillo y cerrar cualquier resquicio que permita una alternancia política.

El temor del régimen sería precisamente tener que enfrentarse a una elección en condiciones realmente competitivas, con partidos políticos independientes, observación electoral y garantías para que la ciudadanía pueda decidir libremente.

En lugar de abrir el sistema, la dictadura estaría construyendo una estructura destinada a blindarlo.

La diferencia es fundamental: no se trataría de preparar al régimen para competir, sino de preparar las reglas para no tener que competir en igualdad de condiciones.

Una consulta con sello sandinista

El proceso presentado por el régimen como una amplia consulta a diferentes sectores de la población también ha sido cuestionado por la composición de los participantes.

La sesión con integrantes de la Juventud Sandinista vuelve a evidenciar el carácter controlado de estas actividades, en las que predominan personas vinculadas al aparato político oficialista. Bajo este formato, la dictadura puede presentar públicamente el proceso como una consulta nacional, aunque la discusión se desarrolle principalmente dentro de sus propias estructuras.

El aparato legislativo, controlado por el sandinismo, se encamina así a cerrar el proceso de consultas que ha servido como escenario para presentar la reforma como producto de una supuesta participación ciudadana.

Pero el resultado parece estar definido de antemano.

Murillo vuelve a cargar contra quienes cuestionan al régimen

Mientras la Asamblea Sandinista desarrolla estas actividades, Rosario Murillo volvió a utilizar su monólogo del mediodía para atacar a quienes no comparten la narrativa oficialista.

Durante más de diez minutos, la dictadora lanzó ofensas e improperios contra sus críticos y, al mismo tiempo, volvió a utilizar su discurso para reforzar la narrativa con la que el régimen intenta justificar sus decisiones políticas.

La intensidad de sus ataques vuelve a llamar la atención porque ocurre precisamente cuando la dictadura intenta presentar la reforma constitucional como un proceso amplio, participativo y representativo.

La reacción de Murillo frente a las voces críticas contrasta directamente con cualquier imagen de apertura política. Mientras el régimen asegura estar consultando a la población, su principal figura política continúa descalificando a quienes cuestionan sus decisiones y rechazando cualquier narrativa que se aparte de la oficial.

Un blindaje diseñado para evitar la alternancia

Para los analistas políticos consultados por DaríoMedios, el proyecto constitucional representa un intento de blindaje frente a un escenario que Ortega y Murillo consideran una amenaza directa: una eventual derrota electoral.

El régimen sabe que una elección realmente competitiva implicaría permitir la existencia de partidos políticos capaces de disputarle el poder, garantizar condiciones electorales mínimas y permitir que los ciudadanos puedan expresarse sin persecución ni represalias.

Precisamente por eso, el nuevo diseño constitucional es interpretado como una herramienta para cerrar esas posibilidades y asegurar la continuidad del modelo político construido por Ortega y Murillo.

La dictadura no estaría reformando las reglas para abrir el juego político, sino para controlar todavía más las condiciones bajo las cuales ese juego puede desarrollarse.

Se cierra la supuesta consulta constitucional

Con las actividades realizadas durante las últimas semanas, el aparato legislativo sandinista da por concluido el proceso de las denominadas consultas para la reforma constitucional.

Ahora corresponde avanzar hacia las siguientes etapas de un proceso cuyo contenido ha generado fuertes cuestionamientos entre opositores, expertos y sectores de la sociedad nicaragüense.

Para los analistas, el problema fundamental no está únicamente en el texto que eventualmente sea aprobado, sino en el propósito político que existe detrás de la reforma: convertir la Constitución en una herramienta de protección del régimen y establecer mecanismos que dificulten cualquier posibilidad de alternancia.

La participación de sectores afines al sandinismo durante las consultas refuerza, además, las dudas sobre la legitimidad de un proceso que se presenta como nacional, pero que no incorpora una verdadera deliberación entre posiciones políticas diversas.

La “caja de cristal” de Ortega y Murillo

El resultado, según los expertos, podría terminar configurando una especie de “caja de cristal constitucional”: una estructura que aparenta transparencia, participación y legalidad, pero que en su interior contiene mecanismos destinados a preservar el poder de quienes diseñaron las reglas.

Ese sería el verdadero objetivo de la reforma para quienes cuestionan el proceso: no garantizar una democracia más sólida, sino asegurar que la dictadura tenga nuevas herramientas jurídicas para permanecer en el poder.

El mensaje que deja esta última puesta en escena resulta difícil de ignorar. Si el régimen estuviera convencido de su respaldo popular, no tendría necesidad de construir un entramado constitucional destinado a blindarlo frente a una eventual competencia política.

El miedo a las elecciones libres parece ser, precisamente, el elemento que atraviesa todo el proceso.

Porque una cosa es organizar consultas con estructuras controladas por el propio sandinismo y otra muy distinta es permitir que Nicaragua decida en las urnas, con partidos políticos verdaderamente independientes, candidatos libres, observación electoral y garantías para todos.

Y es justamente esa segunda posibilidad la que la dictadura parece empeñada en mantener lo más lejos posible.

La reforma constitucional queda así como el último muro levantado por Ortega y Murillo para protegerse de aquello que más temen: que los nicaragüenses tengan nuevamente la posibilidad real de decidir quién gobierna el país.

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