María Elvira Salazar lanza advertencia al sandinismo: “Ortega es el próximo”

La acusación judicial contra Raúl Castro estremeció a las dictaduras aliadas de Cuba y encendió las alarmas dentro del aparato sandinista en Nicaragua.

MUNDOESCENARIO NACIONALNACIÓNPOLÍTICA

DaríoMedios Internacional

5/21/20263 min read

La congresista republicana María Elvira Salazar volvió a colocar a Daniel Ortega y Rosario Murillo en la mira de Washington tras respaldar públicamente la acusación federal presentada en Estados Unidos contra el exdictador cubano Raúl Castro por el derribo de dos avionetas civiles en 1996.

Durante una conferencia junto a congresistas cubanoamericanos en Washington, Salazar aseguró que “el fin de las dictaduras ha llegado”, en un mensaje que rápidamente comenzó a interpretarse como una advertencia directa para los aliados históricos del castrismo en América Latina, entre ellos la dictadura sandinista.

La acusación presentada por el Departamento de Justicia contra Raúl Castro, de 94 años, dejó claro que Estados Unidos está dispuesto a perseguir judicialmente incluso décadas después a quienes considere responsables de crímenes contra ciudadanos estadounidenses.

Washington manda un mensaje que retumba en Managua

La decisión de Estados Unidos contra Raúl Castro no fue vista únicamente como un caso relacionado con Cuba. Dentro del exilio nicaragüense y entre opositores al sandinismo, el movimiento fue interpretado como una señal política mucho más amplia.

La acusación federal rompe además la idea de impunidad eterna para viejos dirigentes autoritarios. El expediente contra Castro demuestra que Washington mantiene abiertos casos históricos y que el tiempo ya no representa protección para quienes estuvieron vinculados a estructuras represivas o ataques contra ciudadanos estadounidenses.

Por eso el nombre de Daniel Ortega comenzó a surgir inmediatamente después del anuncio judicial.

En distintos círculos políticos de Florida y Washington empezó a repetirse una misma frase: “Ortega es el próximo”.

El silencio del sandinismo alimenta las sospechas

Mientras en Washington congresistas republicanos celebraban el golpe judicial contra el castrismo, en Managua el silencio dentro del aparato sandinista fue absoluto.

Ni Daniel Ortega, ni Rosario Murillo, ni operadores propagandísticos del régimen emitieron pronunciamientos sobre la acusación contra Raúl Castro, uno de los aliados históricos más importantes de la revolución sandinista.

Ese silencio no pasó desapercibido.

Sectores opositores consideran que dentro del orteguismo existe preocupación real ante el endurecimiento de la política estadounidense contra las dictaduras latinoamericanas alineadas con Cuba, Rusia e Irán.

La cautela del régimen contrasta además con los habituales discursos agresivos del sandinismo cuando se trata de responder a Washington.

Esta vez optaron por callar.

La caída del bloque autoritario

La acusación contra Raúl Castro ocurre en medio de un escenario internacional cada vez más adverso para gobiernos autoritarios aliados de La Habana.

En pocos meses, la presión estadounidense ha escalado contra distintos regímenes señalados por corrupción, represión y violaciones a derechos humanos.

La administración estadounidense ha endurecido su discurso y sus acciones contra estructuras vinculadas al comunismo latinoamericano, mientras sectores republicanos hablan abiertamente del colapso del eje autoritario regional.

Dentro de ese escenario, Nicaragua aparece constantemente mencionada junto a Cuba y Venezuela.

María Elvira Salazar ha sido una de las voces más agresivas contra el sandinismo en el Congreso estadounidense y ha insistido en que Washington no debe permitir que las dictaduras continúen operando con impunidad en el continente.

“A los dictadores no los salva ni la edad”

Uno de los mensajes que más resonó tras la acusación contra Raúl Castro fue que ni siquiera la edad garantiza inmunidad frente a procesos judiciales impulsados desde Estados Unidos.

Castro enfrenta acusaciones a los 94 años, décadas después del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate donde murieron ciudadanos estadounidenses.

Para opositores nicaragüenses, el caso deja una lección clara: los expedientes relacionados con violaciones graves, ataques o persecución política pueden mantenerse vivos durante años hasta terminar en tribunales internacionales o estadounidenses.

Por eso la frase comenzó a instalarse con fuerza entre sectores del exilio: si Washington avanzó contra Raúl Castro, Daniel Ortega podría terminar recorriendo el mismo camino y dentro del sandinismo lo saben.