Marco Rubio sitúa a Nicaragua de primero en la lista de enemigos de EEUU
El secretario de Estado, Marco Rubio, volvió a señalar a Nicaragua como una preocupación estratégica para Washington y la ubicó junto a Cuba y Venezuela entre los principales focos de influencia de potencias rivales en el continente.
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DaríoMedios Internacional
6/3/20264 min read


Nicaragua reaparece en la agenda de seguridad de Washington
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo volvió a quedar expuesta ante uno de los escenarios políticos más importantes de Estados Unidos. Durante su comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el secretario de Estado, Marco Rubio, situó nuevamente a Nicaragua entre los principales desafíos que enfrenta Washington en el hemisferio occidental.
Aunque Rubio destacó los avances de la administración estadounidense en la consolidación de alianzas con países democráticos de la región, también dejó claro que persisten focos de preocupación vinculados a regímenes autoritarios que mantienen relaciones estrechas con potencias consideradas adversarias de Estados Unidos.
En ese grupo ubicó a Nicaragua junto a Cuba y Venezuela, tres dictaduras que continúan bajo observación permanente por parte de Washington.
Ortega y Murillo, cada vez más alineados con potencias rivales
Las declaraciones del jefe de la diplomacia estadounidense reflejan una preocupación creciente por el acercamiento de la dictadura sandinista a Rusia, China e Irán.
Durante los últimos años, la pareja dictatorial ha profundizado acuerdos políticos, económicos, tecnológicos y militares con estos países, mientras las relaciones con Estados Unidos y gran parte de Occidente continúan deteriorándose.
Para Washington, el problema ya no se limita a diferencias ideológicas. La presencia y expansión de intereses rusos, chinos e iraníes en Nicaragua es vista como un asunto que impacta directamente la seguridad regional y los intereses estratégicos estadounidenses.
La dictadura sandinista ha apostado por convertirse en uno de los principales aliados de estas potencias en Centroamérica, una decisión que ha incrementado las tensiones con Estados Unidos y ha colocado al país en el centro de crecientes disputas geopolíticas.
Una advertencia que no toma por sorpresa al Senado
Los señalamientos de Rubio coinciden con advertencias realizadas previamente por organismos de inteligencia estadounidenses.
Meses atrás, la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, alertó sobre la creciente influencia de China, Rusia e Irán en América Latina y señaló específicamente a Nicaragua como una de las plataformas utilizadas por estas potencias para expandir su presencia en el hemisferio.
Según esas evaluaciones, la colaboración impulsada por la dictadura Ortega-Murillo trasciende los vínculos diplomáticos tradicionales y se extiende hacia sectores sensibles relacionados con seguridad, infraestructura estratégica y cooperación tecnológica.
Estas preocupaciones han sido compartidas por distintos sectores políticos en Washington, donde existe un consenso cada vez más amplio sobre el riesgo que representa la penetración de potencias rivales en países gobernados por regímenes autoritarios.
Cuba y el vínculo histórico con el sandinismo
Durante su intervención, Rubio también hizo referencia al papel histórico desempeñado por la dictadura cubana en el respaldo de movimientos revolucionarios y estructuras políticas de izquierda en América Latina.
Para Estados Unidos, el régimen de La Habana ha sido durante décadas uno de los principales promotores de proyectos políticos autoritarios en la región, incluyendo su histórica relación con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.
La alianza entre La Habana y Managua continúa siendo vista por Washington como una pieza clave dentro de un entramado político regional que desafía los intereses estadounidenses y mantiene estrechos vínculos con actores considerados hostiles.
Las violaciones a los derechos humanos agravan el aislamiento
Las declaraciones de Rubio se producen además en un momento de creciente presión internacional contra la dictadura sandinista por las denuncias de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
En las últimas semanas, organismos internacionales, gobiernos democráticos y entidades defensoras de derechos humanos han incrementado sus cuestionamientos contra Ortega y Murillo por la persecución de opositores, el encarcelamiento de presos políticos y la represión contra comunidades indígenas.
La muerte bajo custodia estatal del líder indígena miskito Brooklyn Rivera ha generado una nueva ola de condenas internacionales y ha colocado nuevamente a Nicaragua bajo el escrutinio de organismos multilaterales y gobiernos occidentales.
Washington también ha responsabilizado directamente a la dictadura por el deterioro físico y la muerte del dirigente indígena, aumentando todavía más la presión política sobre Managua.
Un régimen cada vez más aislado
La comparecencia de Marco Rubio deja en evidencia que la dictadura Ortega-Murillo continúa siendo percibida por Estados Unidos no como un socio regional, sino como un factor de inestabilidad y preocupación estratégica.
Mientras Washington fortalece sus relaciones con los países democráticos del continente, la estructura sandinista aparece cada vez más asociada a los intereses de Rusia, China e Irán, una situación que profundiza su aislamiento internacional.
Las palabras del secretario de Estado confirman además que Nicaragua sigue ocupando un lugar relevante dentro de las preocupaciones de seguridad de Estados Unidos y que la política de presión sobre la dictadura sandinista continúa vigente.
Para Washington, el problema ya no radica únicamente en la represión interna o en las denuncias de violaciones a los derechos humanos. También preocupa el papel que la dictadura Ortega-Murillo desempeña como aliado de potencias rivales dentro de una región considerada estratégica para los intereses estadounidenses.
Y esa percepción, lejos de disminuir, parece consolidarse cada vez que el nombre de Nicaragua vuelve a aparecer en el Senado de Estados Unidos junto al de Cuba y Venezuela como parte del bloque de dictaduras que desafían la influencia de Washington en el hemisferio.



